Los nuevos retos para las CUP

Los orígenes de las Candi­datures d’Unitat Po­pu­lar (CUP) hay que ubicarlos en los ‘80. Sin embargo, los núcleos locales de las CUP no comenzaron a expandirse hasta ya entrada la primera década del 2000, después de la etapa de crisis de la izquierda independentista de los ‘90 iniciada con la represiva “operación Garzón”, con el impulso de la generación de jóvenes nacida en plena Transición y con años de militancia en organizaciones juveniles o estudiantiles de la izquierda independentista.

, Profesor de Derecho Constitucional y militante de las CUP
22/01/13 · 17:52
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Los orígenes de las Candi­datures d’Unitat Po­pu­lar (CUP) hay que ubicarlos en los ‘80. Sin embargo, los núcleos locales de las CUP no comenzaron a expandirse hasta ya entrada la primera década del 2000, después de la etapa de crisis de la izquierda independentista de los ‘90 iniciada con la represiva “operación Garzón”, con el impulso de la generación de jóvenes nacida en plena Transición y con años de militancia en organizaciones juveniles o estudiantiles de la izquierda independentista. Las elecciones municipales de 2007 supusieron un antes y un después en la organización, otorgándole una fuerte presencia en los ayuntamientos de aquellos municipios con años de comprometido trabajo por parte de estas organizaciones juveniles. De ahí en adelante, las Candidaturas de Unidad Popular sólo han crecido. La entrada en el Parlament ha supuesto un nuevo paso para las CUP y, con él, nuevas tensiones a resolver para avanzar.

Es complejo cómo posicionarse a la hora de votar sobre una alianza para el inicio de un proceso de independencia

Una de las características del Estado liberal desde las revoluciones burguesas ha sido la construcción de la democracia a través de la institucionalización de un proceso político basado en la interrelación dialéctica entre Parlamento y partidos políticos. La diferencia de la democracia liberal con respecto al autoritarismo, no es la eliminación de las desigualdades sociales, sino el establecimiento de instituciones que hagan posible la solución de los conflictos sociales sin necesidad de recurrir a la fuerza física. El binomio Parlamento-partidos ha permitido, históricamente, satisfacer perfectamente esta exigencia. Con este binomio se sustituía el conflicto real entre grupos en las calles o fábricas por una métrica del poder de las fuerzas sociales en pugna, agrupadas en organizaciones de representación de intereses y expresada en el cómputo de votos, que permite determinar, sin conflicto, la posibilidad de mayor o menor grado de incidencia en la toma de decisiones públicas, también económicas. Se da, por tanto, un encaje entre Parlamento y partidos, cada uno de ellos necesita del otro, como parte de un mismo sistema que permite hacer funcionar la democracia liberal. No es por casualidad que, en la actualidad, la crisis del parlamentarismo y los partidos como instancias de representación vaya asociada a un regreso hacia el autoritarismo y la conflictividad social.

La irrupción de las CUP en el Parlament actúa de pleno en el primero de los aspectos señalados. Por la propia naturaleza de las CUP –antisistema, asamblearia y callejera–, no se da esta interrelación dialéctica o encaje parlamento-partido. Antes bien ocurre lo contrario: un desencaje que implica, por un lado, la existencia de un elemento anómalo en el interior del sistema, que problematiza con la propia lógica reproductora del statu quo inherente a lo ‘institucional’. Pero también un desencaje que supone para las CUP fuertes contradicciones y tensiones internas diarias en su funcionamiento, procedimiento de toma de decisiones y objetivos políticos. De hecho, una de las tensiones es cómo gestionar el desencaje entre parlamentarismo como espacio de concentración de decisiones y la CUP como espacio de amplia y continua socialización de deliberaciones y decisiones comunes con los movimientos sociales o de profundas reflexiones teóricas.

Igualmente complejo es cómo posicionarse a la hora de votar en el Parlament sobre una alianza para el inicio de un proceso de independencia que excluye parte del territorio de los Països Catalans y que no irá, necesariamente, asociado a una transformación radical del modelo socio-económico del país. Una tensión que conlleva un fuerte debate interno respecto a la o las velocidades y la profundidad del proceso de liberación.

Las CUP se encuentran en un proceso de reflexión y discusión, interior y con otros movimientos sociales, sobre estas cuestiones. Debate que ha empezado en grupos de trabajo y asambleas abiertas en los municipios y que tendrá que traducirse en acuerdos sobre la estrategia, nuevas estructuras de organización y procedimientos de toma de decisiones en la próxima Asamblea Nacional, convocada para marzo. El reto no es nada fácil; sin embargo, en las contradicciones es donde aparecen los debates y en ellos donde las organizaciones articulan sus proyectos. 

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