Tribuna
Nos levantamos ante el robo

Texto de Elena Villarreal

Pensamos a través del lenguaje, es la herramienta para comprender conceptos. Y tal y como recapacita Orwell en su conocido 1984, es una de las mejores herramientas de control mental. Hoy ya ha triunfado la neolengua y nos roban los términos, los vacían de contenido y los devuelven a la sociedad convertidos en meras caricaturas de lo que fueron.

, Bloguera libertaria
14/05/13 · 17:45
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Texto de Elena Villarreal

Pensamos a través del lenguaje, es la herramienta para comprender conceptos. Y tal y como recapacita Orwell en su conocido 1984, es una de las mejores herramientas de control mental. Hoy ya ha triunfado la neolengua y nos roban los términos, los vacían de contenido y los devuelven a la sociedad convertidos en meras caricaturas de lo que fueron.

Nos han robado el término democracia, lo han despojado de su sentido real: la gestión colectiva de los bienes comunes. Y nos lo han devuelto con un simple “ir a votar cada cuatro años”. Se pretende que las urnas son la única forma de llevar a cabo una democracia. De hecho, votar cada cuatro años a unos tipos que digan representarme es uno de los peores sucedáneos que se hayan inventado. La democracia debe consistir en crear herramientas y canales para que la propia población pueda decidir la gestión de los comunes, ese es el auténtico gobierno del pueblo. Todo lo demás son florituras y juegos lingüísticos.

Frente a este robo descarado de la palabra democracia, muchas y muchos son quienes se están alzando para demostrar que no nos conformamos con una democracia de atrezzo. Intervenir en la gestión sobre lo que nos pertenece colectivamente es lo que dota de algún sentido a ésta palabra. Las consultas públicas, encierros, manifestaciones y suma de propuestas son claros ejemplos del deseo de la población por intervenir en algo que es suyo. Y desde arriba sólo dicen: “santa Rita, las urnas son lo que importa”.
Medimos estas luchas en términos de objetivos, si dieron resultado o no. Deberíamos recapacitar que es en el propio proceso de la lucha en sí, en la denuncia de este timo de democracia, en el abrir canales de participación directa en la gestión de lo colectivo, donde reside su importancia. Es la demostración de que las personas desean y están dispuestas a intervenir en la gestión de lo común.

Ésa es la clave y lo conseguido si hiciéramos balance de los dos años desde que se llenaron las plazas: muchas personas están dispuestas a implicarse en la toma de decisiones y no quieren dejar todas las decisiones en manos extrañas que podrán elegir de cuatro en cuatro años.
Ante el mito neoliberal de “la tragedia de los comunes”, según el cual todo bien compartido acaba siendo destrozado y mal cuidado, mito que alimenta la privatización y mercantilización de los bienes comunes, Elinor Ostrom, primera mujer en reci­bir el Nobel de Economía, demostró que la gestión colectiva de los mismos resulta una forma efectiva de uso y conservación. Nos han hecho creer también que público significa “propiedad estatal” y que el Gobierno puede dedicarse a venderlo a manos privadas. No olvidemos que el Estado es un mero aparato gestor de lo público, que es una propiedad colectiva. Un gestor que se muestra altamente ineficaz, por otra parte.

Frente a todos los ataques que estamos recibiendo para despojarnos de lo que es nuestro, la población demuestra las ganas de no ser mera espectadora, muestra su deseo de intervenir, y de caminar, hacia una democracia auténtica.
Esperamos, además, conseguir nuestros objetivos: una democracia sin necesidad de apellidos. Porque su significado, si se respeta, es lo suficientemente completo: gobierno del pueblo. Habrá que recuperar pero también rediseñar las herramientas para conseguirlo.
Por eso, si estás preguntándote “qué ha pasado con el 15M dos años después”, te contesto: son muchas las personas que están demostrando su deseo de tomar las riendas. Y sólo eso, ya vale un potosí.

Tags relacionados: bienes comunes Número 198 15M
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