El muro y la desobediencia

El Ayuntamiento de Padua (norte de Italia), de centroizquierda
con el apoyo del Partido de la Refundación
Comunista, tiene un grave problema social: en una zona
totalmente degradada de viviendas sociales, Via Anelli,
entre inmigrantes y familias de escasos recursos, se cobijan
grupos que se dedican al trapicheo. Desde agosto la
municipalidad ha alzado una alambrada de 80 metros de
largo y 3,5 de alto y ha establecido puestos de control de
entrada y salida que aíslan los seis bloques de viviendas.

23/11/06 · 0:00
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PROTESTA CONTRA EL MURO.
Bajo el lema “Para sentirnos
seguros, no queremos un muro”,
en Padua, cientos de personas
muestran su rechazo a la política
municipal en Via Anelli.

El centro-izquierda ha tratado
de resolver problemas
sociales que constituyen
desde hace años el centro
de las luchas de los movimientos -la
intervención del movimiento en Via
Anelli se remonta a hace siete u ocho
años, mientras que la Administración
comenzó a intervenir hace
siete u ocho meses- y lo han hecho
reforzando de modo anormal el dispositivo
de seguridad que en toda
Europa produce exclusión y racismo,
pero también revueltas y desobediencia
social.

El muro de Via Anelli, como todos
los muros levantados por el poder,
sirve en realidad para construir
otro muro en las conciencias, esto
es, sirve para imponer un límite feroz
en el seno de las poblaciones
con el fin de segmentarlas e impedir
todo intento de recomposición
de la multitud, antes que para reprimir
la “ilegalidad” (en realidad, el
trapicheo de droga continúa a escasos
metros de distancia del muro...)
y para la integración de los migrantes
(¡qué sublime paradoja levantar
muros contra la exclusión!).

Derribando muros

El movimiento paduano -desde el
Centro Social Pedro hasta el sindicalismo
de base, pasando por los migrantes
más conscientes y los espacios
sociales de todo el Noreste italiano-
ha comprendido que sólo una
acción de desobediencia, determinada
y radical, podía ser capaz de romper
el muro que se quería construir
en las subjetividades; romper, en definitiva,
el muro de metal para derribar
el límite abstracto que se plantea
como defensa inmunitaria de la sociedad
“legal” frente a los “bárbaros”;
una separación, controlada desde
arriba, respecto a las formas de alteridad
social que, sin embargo, son la
verdadera riqueza biopolítica.

La campaña de desobediencia al
muro llegó a su punto álgido con el
asalto cultural contra el racismo y el
prohibicionismo, organizado el 24
de septiembre, una manifestación
que tenía la intención de rodear el
dispositivo de seguridad con hip hop
y la siembra simbólica de semillas de
cannabis en un prado para, de este
modo, abrir un paso (pequeño pero
real) en aquel muro. Llegados a este
punto, el centro izquierda en el
Gobierno ha perdido la cabeza y ha
prohibido la manifestación, creando
una especie de zona roja en torno a
Via Anelli (Génova 2001 es hoy el
‘manual’ de referencia de todo gobernante,
tanto de derecha como de
izquierda), un límite a la libertad de
movimiento que los manifestantes
desafiaron y al que aquellos, gobernantes
de “izquierda”, respondieron
con cargas salvajes, lanzamiento de
gases lacrimógenos CS y la detención
de varios activistas.

Contradicción explosiva

A raíz de ello se ha abierto una discusión
que ha puesto de manifiesto
hasta qué punto hoy en Italia el
Gobierno de centro-izquierda, y tanto
más si cabe su denominada ala
radical, vive dentro de una contradicción
explosiva que no puede resolver
atacando a los movimientos,
salvo si está dispuesto a pagar -como
están comenzando a hacer- el
precio de un ruptura profunda y generalizada
con todos aquellos sectores
de activistas, comenzando por el
área post desobediente, que sin embargo
en el pasado habían sido tan
cortejados por los partidos. Sin embargo,
la vocación gubernamental,
por un lado, y estalinista, por el otro,
de los partidos de la mayoría saldrían
ganando hoy aunque sólo fuera
con un mínimo de governance inteligente,
es decir, de una discusión
directa entre Gobierno y movimientos
que permita percibir el límite positivo-
porque produce diferencias y
altersociedad- representado por los
movimientos mismos respecto a la
arrogancia del poder.

De hecho, después de los enfrentamientos
en la calle, la historia ha
terminado con dos manifestaciones
simultáneas, una filogubernamental
y la otra del movimiento, donde esta
última ha resultado cuantitativa (¡pero
también cualitativamente!) muy
superior a la primera: Via Anelli se
excede a sí misma.

Nuevo ciclo

A partir de este episodio de lucha,
creemos que pueden leerse algunas
de las líneas de recomposición del
movimiento. En efecto, una vez que
ha terminado el ciclo de Seattle, de
Génova y del movimiento contra la
guerra -un ciclo en el que hemos
visto cómo las izquierdas oficiales
han caminado de forma oportunista
junto a los movimientos-, se ha
abierto un nuevo ciclo de luchas sociales,
conflictos en los que aparece
como protagonista el precariado en
todas sus declinaciones, de tal suerte
que no cuesta reconocer en las
revueltas de las banlieues francesas
y la insurrección contra el CPE el
paradigma de un nuevo modelo de
luchas multitudinarias.

De esta suerte, precariado cognitivo
y migrantes, trabajo móvil y trabajo
flexible se ven unificados en las luchas
por un mismo rechazo de la
subordinación a los dogmas neoliberales
y del sometimiento a la obsesión
autista por el Gobierno de la izquierda.
La superación o la impugnación
de una frontera equivale, en
un contexto similar, a la apertura de
nuevos frentes de lucha. Hoy la lucha
de clases es esto: a toda frontera
corresponde una ocasión de ruptura.

Así, en esta fase la autonomía del
movimiento en Italia es absolutamente
prioritaria, máxime si tenemos
en cuenta que en este momento
no hay márgenes de interlocución
productiva con el Gobierno Prodi,
que, por ejemplo sobre las leyes de
inmigración, está perfeccionando
incluso en sentido represivo cuanto
hizo Berlusconi con la tristemente
célebre ley Bossi-Fini, por no hablar
del apoyo a las diferentes guerras
en Oriente Medio.

El área del movimiento italiano
que podemos definir “post desobediente”,
y que no se ha vendido a Refundación
Comunista, está atravesando
un periodo de reorganización
que se concentra en regiones como
Emilia-Romaña, Véneto, Trentino-
Alto Adigio, Friuli-Venecia Julia,
Lombardía y Piamonte. Ésta es la llamada
“área compartida de la desobediencia
social”, con la que mantienen
relaciones de hermandad centros sociales
como ESC de Roma, el Movimiento
Antagonista de la Toscana y
diferentes espacios sociales repartidos
por la península italiana. Se trata
de uno de esos momentos de reconstrucción
de las redes subversivas en
los que sigue siendo válido el viejo lema
del operaismo [obrerismo italiano]:
“Volver a empezar desde el principio
no significa volver atrás”.

Hemos entrado en un nuevo tiempo,
preñado de posibilidades de conflicto
y de nuevas conquistas sociales,
pero sólo si en cada momento
somos capaces de “aferrar la ocasión”
y de ejercer con valor y determinación-
lo que implica también
ser capaces de forzar subjetivamente
las situaciones- el derecho a la resistencia,
legado del pasado ciclo de
luchas, y el poder constituyente que,
en cambio, descansa siempre en la
potencia de la multitud.

'EL MURO Y LA DESOBEDIENCIA' HA SIDO TRADUCIDO POR RAÚL SÁNCHEZ CEDILLO Y MIGUEL MORALES

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