Municipalismo y democracia

A las elecciones municipales de 2011 concurrieron varias candidaturas ciudadanas independientes y asamblearias. El autor hace balance de lo sucedido en varios municipios de Extremadura.

, Militante agroecologista
17/04/13 · 19:28
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Isa

En las pasadas elecciones municipales, celebradas en medio de las inolvidables jornadas del 15M, concurrieron de forma muy dispersa, y principalmente en localidades pequeñas, candidaturas ciudadanas independientes y asamblearias, bien como agrupaciones de electores o, dadas las dificultades burocráticas de esta figura, bajo las siglas de Ver­des, IU y otros. Aunque son experiencias locales, muy hetereogéneas y sin coordinación entre ellas –ni apenas conocimiento– tienen puntos en común que son interesantes: el carácter asambleario y la reivindicación del derecho a la participación directa de la ciudadanía en las cuestiones de la polis es uno de ellos. Otra coincidencia es la defensa del territorio, de hecho algunos de estos grupos nacen al calor de las luchas contra proyectos desarrollistas como la refinería de petróleo de Tierra de Ba­rros en Badajoz. Coin­ciden también en ser propuestas poco identitarias, que no se dejan encorsetar en los viejos ismos de la izquierda tradicional, sin que eso les impida apostar por la justicia social, la defensa ambiental, la igualdad y la democracia de base. Son experiencias modestas y fragmentarias de democracia directa en las que convergen en acto sonidos libertarios –Murray Bookchin–, melodías de la ecología social, la agroecología y las políticas de la naturaleza, y el ritmo de los anhelos de democracia real –económica, ecológica–. Eso, unido en nuestras latitudes al hartazgo e indignación contra la corrupción y la usurpación de las instituciones públicas por el bipartidismo grosero y caciquil.
Los pueblos medios y pequeños son un escenario privilegiado para la puesta en marcha de procesos de democracia directa

En el caso extremeño, tanto en Tierra de Barros como en el Jerte y la Vera hay algunos ejemplos de candidaturas que lograron concejalías en sus municipios con porcentajes nada despreciables de voto –en torno al 20%–, y ahora que llegamos a mitad de legislatura podemos hacer un balance provisional de esta participación en las instituciones municipales, por si sirviera al debate colectivo que tenemos en torno a la construcción de una alternativa a este sistema. En el lado negativo, o de las limitaciones internas y externas, lo primero es la constatación del escaso poder real de los ayuntamientos y la aún menor capacidad de influencia de la oposición frente a las mayorías absolutas y el poder despótico que la actual ley de régimen local concede a la figura de la alcaldía. El desgaste que lidiar con este despotismo supone para los grupos asamblearios es enorme. Esto, unido al cansancio que provoca el trabajo cotidiano, ingrato y callado, hace que la participación real en el proceso esté sometida al ciclo general de ascenso y reflujo del ánimo y la movilización social en estos tiempos de shock neoliberal. Y aunque se buscan formas y prácticas innovadoras también ocurre que existen momentos de conflicto y división típicos de la vieja izquierda, momentos y eventos tan estériles como agotadores...

Sin embargo hay que reconocer y compartir también lo positivo, las enormes potencialidades que ya vemos en el municipalismo alternativo. Empezando por el hecho de que los pueblos pequeños y medianos son un escenario privilegiado para la puesta en marcha de procesos radicales de democracia directa y asamblearismo. Esto en sí ya tiene un valor pedagógico y cultural incuestionable en nuestras comunidades. Se podría decir que tenemos la gran ventaja de que “todo el ágora cabe en la plaza” y sólo es cuestión de que la comunidad se empodere para ocupar la plaza y poner a los ayuntamientos a trabajar para lo social.

Los espacios rurales que son absolutamente subordinados, minoritarios y hasta marginales en el actual régimen, ciertamente tienen una relación directa y privilegiada con la naturaleza. Están, como si dijéramos, más cerca de la soberanía alimentaria y energética, a la vez que gestionan directamente parte de ese vital pro-común que es el patrimonio forestal público. Así, desde el municipalismo asambleario se puede intervenir en esas áreas, de importancia estratégica de cara a la resiliencia de las comunidades rurales, que conforman el sector primario. Esto es intervenir ni más ni menos que en el primer eslabón de la cadena alimentaria de toda la sociedad. Un trabajo de experimentación, de ensayo, si se quiere de “gimnasia revolucionaria” del siglo XXI.

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comentarios

1

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    Jue, 04/18/2013 - 14:31
    vénganse para Noruega y admirense sobre el tema de la democracia local y la cantidad y complejidad de competencias de que disponen los ayuntamientos.... sin embargo también tienen el problema de falta de capacitación para desarrollar determinadas actividades...
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