El movimiento fascista europeo, de vuelta al poder

El goteo de agresiones contra inmigrantes -o quien se
salga de la norma mayoritaria (estética, sexual, política...)-
nos recuerda dolorosamente la activa presencia
de la extrema derecha, ya sea española como de otros
países. Actividad muy diversa, pero valorada desde
espacios de la izquierda como en continuo incremento,
tanto por su cantidad como por su intensidad e
impacto social. Aportamos una reflexión a nivel europeo
sobre este panorama.

15/03/07 · 0:00
Edición impresa



Cuando uno lee las declaraciones
de los partidos de
derecha en Francia, se llega
a una conclusión: dentro
de poco, el señor Le Pen será un
hombre respetable.

La derecha francesa puede vanagloriarse
de haber robado numerosos
electores al Frente Nacional
(FN) -habiéndole debilitado-. Sin
embargo, las ideas utilizadas para
llegar a este fin no perdieron ni un
ápice de su sentido trágico y han dado
al señor Le Pen una publicidad a
bajo coste que él no esperaba y que
desde luego ha sabido aprovechar.
Desde el centro a la izquierda, una
gran parte de la sociedad civil ya no
sabe qué pensar: en las elecciones
presidenciales de 2007, el maremoto
FN es ya inevitable y las medidas
para enfrentarse a este problema parecen
estar ausentes en la hoja de
ruta de los grandes partidos.

La mutaciones políticas tan esperadas
en el bando socialista podrían
ser menos sorprendentes que las
que trastornarán a la derecha francesa-
enfrentada a la obligación de
pactar masivamente con la extrema
derecha- y en la primavera de
2007 se podría vivir una atmósfera
de inestabilidad política y social como
no se ha conocido desde el final
de la década de los ‘60.

La intolerancia,
un mercado con futuro...

En cuanto a los diez millones de votantes
que eligieron el partido del
odio en las últimas elecciones presidenciales,
esperan con paciencia el
día del próximo escrutinio: amordazar
indefinidamente a una parte tan
importante de un electorado se paga
con un alto precio.

Esos millones de franceses cuya
presencia ha sido prácticamente borrada
de los medios de comunicación
galos esperan ahora que el FN
se haga próximamente con un poder
que sobrepase los limites ‘municipales’
y regionales que hasta ahora
habían podido conquistar.

¿Qué pasaría si la presencia masiva
del FN en las instituciones de la V
república francesa fuese real? Podríamos
acusar al señor Sarkozy y a
los hombres fuertes de la derecha
de haber sido unos “aprendices de
brujos”. Un buen número de sus
ideas sobre inmigración, seguridad
ciudadana, religión, las libertades y
el paro, juzgadas hasta hace menos
de diez años como ‘extremas’ por
gran parte de la clase política, ya no
atemorizan a casi nadie en los bandos
de la derecha francesa.

Los aspectos más chocantes de su
programa electoral han sobrepasado
el ámbito nacional y se han materializado,
en el seno de la UE, en movimientos
neofascistas políticamente
organizados, gozando de un reconocimiento
oficial en las instituciones
internacionales.

Cómo declara la economista húngara
Yudit Kiss, la sociedad civil y
democrática supo hasta ahora movilizarse
en Francia, en Austria, en
Holanda, en Italia... en contra del
auge de partidos neofascistas y xenófobos,
pero desde la entrada al
mercado común de naciones del
Este de Europa (por ejemplo Polonia
y la República Checa), la presencia
de políticos fascistas en el seno
de sus gobiernos o de sus parlamentos
“ha sido aceptada con una apatía
teñida de incredulidad”.

Este gigantesco movimiento de
banalización de ideologías extremistas
ha culminado en los primeros
días del año 2007.

Identidad, Tradición, Soberanía

Las estructuras democráticas de
la UE y su modo de escrutinio están
dando al FN, por ejemplo (numerosos
grupos de extrema derecha
en otros países miembros están
en la misma situación) una representación
parlamentaria muy
superior a la que tiene actualmente
en Francia.

En cuanto a los diez millones de
votantes mencionados anteriormente,
comprendemos ahora mejor su
fe casi ciega en el futuro; de una forma
o de otra, que sea en el ámbito
nacional o europeo, los seguidores
de Le Pen accederán al poder.

Gracias a la acogida de Bulgaria
y de Rumanía en el seno de la UE
en enero de 2007, la extrema derecha
acaba de formar su propio grupo
en el Parlamento europeo: Identidad,
Tradición, Soberanía (ITS),
que dice representar a 23 millones
de ciudadanos europeos.

La formación, presidida por el negacionista
Bruno Gollnisch, nombrado
por el señor Le Pen, tiene 20 diputados
neofascistas, agrupando
representantes del Gran Partido Rumano
(Partidul Romania Mare), liderado
por Corneliu Vadim Tudor;
del Ataka, el partido búlgaro de
Dimitar Stoyanov; del partido húngaro
Vida y Justicia; del partido
Alternativa Sociale, Fiamme Tricolore
de la incombustible Alessandra
Mussolini (“orgullosa de ser fascista”);
del representante del movimiento
fascista inglés (Ukip) Ashkey
Mote; del partido nacionalista flamenco
(Vlaams Belang) y de su jefe,
Frank Vanhecke; del Partido Austríaco
para la Libertad (Freiheitliche
Partei Österreichs), la formación de
extrema derecha del austríaco Jorg
Haider, representada en Estrasburgo
por su brazo derecho, Andreas
Mölzer, etc.

¿Cuáles serán, a corto plazo, las
consecuencias de la llegada del partido
ITS al seno del Parlamento europeo?
Se va a aprovechar -como todos
los grupos del Parlamento- de
una generosa ayuda financiera entregada
por la propia Asamblea: un
millón de euros al año.

La coalición ITS va a disponer de
una influencia política y de un tiempo
de palabra muy superior al que
ha conocido hasta el momento.
Y logra el acceso sin restricciones
a la plataforma mediática de la
UE, de donde, lo sabemos de antemano,
las declaraciones intolerantes
de los portavoces de la coalición
provocarán una atención desproporcionada
de los medios de
comunicación internacionales.

A corto plazo, ITS tendrá la capacidad
de proponer y apoyar enmiendas
y de tener una representación en
el seno de diferentes comités y subcomisiones
parlamentarios.

“¡Son todos nuestros amigos!”

Es lo que el señor Le Pen dijo de
sus nuevos compañeros europeos
durante un mitin del FN, en Estrasburgo,
en 2005. Añadió en voz
baja: “Se odian los unos a los
otros, pero son nuestros amigos”.

Le Pen contestaba con sorna a
sus detractores, que vaticinaban
que las profundas discrepancias
ideológicas de los “amigos” no tardarían
en provocar el hundimiento
del bloque.

ITS es hoy en día una realidad,
paradójicamente financiada por
las instituciones europeas.

Las tensiones en el grupo no han
desaparecido, pero nada augura
una ruptura en los próximos meses.

A pesar de que la idea de partidos
xenófobos y nacionalistas uniéndose
en una estructura supranacional
sea un absurdo, tenemos que reconocer
que es una realidad.

Los conflictos apocalípticos del
siglo XX nos enseñaron que cuando
lo absurdo y lo irracional se
hacen con una parte preponderante
de las relaciones políticas y
sociales de una nación, una ola de
pulsiones destructivas es previsible
temer.

No nos queda más que esperar,
esta vez, que los acontecimientos
tomen otro rumbo, ya que una
amenaza más grande, si cabe -la
rápida degradación de nuestro entorno-
obligará a los pueblos a
unirse en un proyecto común, mayor,
que evite la destrucción total
de nuestro modo de vida.

Tags relacionados: Elecciones
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto