Libia: intervención versus neutralidad

La intervención de los ejércitos occidentales y sus aliados árabes en la guerra civil
libia se escuda en la “protección de la población”. La lucha por el control de los recursos
estratégicos una vez más, nos es presentada como intervención humanitaria.
Pero ¿qué pasa cuando un Gobierno mata a su población? ¿La no intervención puede
acabar favoreciendo al bando más poderoso militarmente? Abrimos el debate.

26/04/11 · 12:21

No hay indicador más sensible del despiste general de la izquierda española que cuando se pone radicalmente pacifista respecto a determinados conflictos y situaciones geopolíticas. Ya pasó con la guerra en Yugoslavia, clamando por la no intervención, mientras se estaba masacrando al pueblo bosnio, en pleno cerco de Sarajevo, o apoyando objetiva y subjetivamente a criminales de guerra como Milosevic, Mladic o Karadzic. Situación que se repite ahora con Libia.

Desde la distancia y los automatismos más superficialmente ‘ideológicos’ es difícil hacerse cargo de determinadas situaciones que quedan tan alejadas de nuestras rutinas. Cuando veo a compañeros enarbolar las mismas pancartas que con la Segunda Guerra del Golfo –las mismas de cuando Yugoslavia–, veo lo difícil que es percibir los matices y recovecos de la realidad, cuando no se niega su inestable complejidad. A esos compañeros que claman contra la “guerra de Libia”, les pediría que escuchasen a los pueblos del Magreb aplaudiendo la resolución de la ONU y los bombardeos, o a las poblaciones de Tobruk o Bengasi celebrándola, y las cosas se verían de otro modo.

Nos daríamos cuenta de cómo esta actitud de no injerencia y ‘neutralidad’ se parece a la de los que dejaron solo al pueblo español, en 1936, contra su propio ejército; a la de esas “potencias burguesas imperialistas”, a las que aún reprochamos su ciego pacifismo y neutralidad. Las reservas expresadas por compañeros tan queridos como Isaac Rosa, tratando de impugnar tal comparación –salvadas las distancias que haya que salvar–, creo que son demasiado especiosas para ser efectivas, pues, al final de todo, nuestra neutralidad resulta una neutralidad cómplice con Gadafi –cuyo cotejo con el Generalísimo no es una mera anécdota de “bocazas”–. No podemos ser equidistantes en este conflicto –como no lo debimos ser en tantos otros– sólo para salvar nuestra pureza política, ideológica o moral.

Recuerdo lo que costó a mi generación romper con ciertos regímenes autodenominados ‘comunistas’. Sé que sostener esto me separa de compañeros a los que quiero. Quizás mi experiencia en Yugoslavia me hace ver las cosas de otra manera.

Siempre hay razones contra la guerra, por supuesto que sí. Como sabemos por qué actúan en Libia las potencias occidentales y por qué no lo hacen en Yemen o en Bahreim. Sin embargo, eso a los pueblos del Magreb, incluido el de Libia –que también lo saben–, en estos momentos, tal como están las cosas, les da igual; pues han abierto la espita de su propia historia contra la costumbre de los dictadores y no están dispuestos a cerrarla; y nos piden ayuda –la que sea– para ello. Luego ya se verá o ya lo verán. No se trata tampoco de “creer o no en la guerra”.

Ni de la moralidad o la inmoralidad de la resolución o de la propia intervención; ni menos, de poner en duda el carácter criminal de muchas de las políticas que llevan a cabo los promotores y los adalides de esa intervención –idénticas a las que llevan a cabo, en sus áreas de influencia, los que se abstuvieron en el Consejo de Seguridad–.

Se trata de algo sencillo y práctico, y es que la maquinaria del ejército de Gadafi los estaba matando como a conejos, igual que asesinaban, cada día, a los habitantes de Sarajevo, o igual que asesinaron a las gentes de Srebrenica; eso es todo. Recuerdo que, mientras los estaban cazando –literalmente– en las calles de Sarajevo y en toda Bosnia, aquí, en España, mis propios compañeros, sin entender nada de lo que estaba pasando, sin considerar los datos más evidentes, llevados por sus automatismos más superficialmente ideológicos, seguían preguntándose si eran galgos o podencos. No repitamos los mismos errores, escuchemos sus peticiones de ayuda. Lo que está sucediendo en Libia no es lo mismo que sucedió con los restos del régimen de Saddam; sólo es necesario estar atentos para comprenderlo.

Nosotros no tenemos armas ni capacidad efectiva, pero nuestros gobiernos sí, aprovechémonos de ello –al menos, por una vez; y, luego, ya veremos, o ya verán ellos–. Y, con esto, no quiero decir, en absoluto, que la intervención les asegure un futuro mejor, por supuesto que no; pero, al menos, se abre una posibilidad de cambio. Si ciudades enteras se han levantando contra Gadafi es por algo, y creo que no es para fastidiarnos nuestra extremadamente lógica y asentada visión de lo bueno y lo malo, o del sí y del no; si están resistiendo como resisten y demandan nuestra ayuda, será por una buena razón. Con los dólares americanos o con los euros de las élites en el exilio no se mantiene a millares de personas dispuestas a morir en las calles durante tanto tiempo.

Que hay una financiación de las élites libias en el exterior, o que son una panda de asesinos los que comandan las operaciones, no seré yo quien lo niegue; pero esa no es la cuestión. Lo fundamental es que la gente de Bengasi, de Tobruk y de las ciudades resistentes no sea cazada tan fácil e impunemente. Ahora hay, por lo menos, una cierta equidad, y ya veremos qué sucede a partir de ahora. El petróleo seguirá en las manos de siempre, pase lo que pase en Libia, y pensemos lo que pensemos. Otra cosa es que todo esto nos haya pillado con el paso cambiado –no digamos a Al Qaeda y a los imanes–. Muy significativa, al respecto, resulta la Seconda lettera ad un amico tunisino, de Toni Negri, en la que descontada la literatura o la rabia que da ver a los aviones de los antiguos valedores del tirano ponerse a bombardear sus posiciones, no hay muchas respuestas.

“Hay que impedir a toda costa una matanza mediante el diálogo”, afirma la cineasta y poetisa Hala Mohammad, refiriéndose a la situación en Siria; o “hay que dar tiempo y oportunidad a una estrategia civil”, se dice, desde las posiciones pacifistas extremas; pero ¿qué estrategia de negociación civil o de diálogo político se puede emprender frente a los cañones?

Cambiarán unos amos por otros amos, se queja Toni Negri. Sí, lo harán; pero si hablamos de amos, nos gritan los jóvenes libios, preferimos los vuestros. Así de sencillo y de terrible. Y seamos sinceros, no seamos tan hipócritas como esos que halagaron un día al dictador y ahora lo atacan. Si estuviésemos en sus circunstancias las mujeres, los jóvenes, los artistas, los intelectuales, los trabajadores, los políticos profesionales que se manifiestan abiertamente contra la intervención en Libia, ¿preferirían vivir, de verdad –sin subterfugios–, en regímenes como los instaurados por Gadafi o El Assad, antes que en regímenes semejantes a los nuestros? ¿No cambiarían de amos? Y cuidado al responder –sin trampas–, la historia nos contempla; nosotros ya lo hicimos, fue en la Transición.

El caso es que no veo a las gentes, ni siquiera a mis compañeros, dispuestos a tomar las calles y a jugarse la vida para rectificar el error. Negri tiene razón cuando afirma que con la intervención ha empezado la ‘contrarrevolución’, y que las potencias occidentales lo único que quieren es imponer la normalidad. Y es ese intento de imponer la ‘normalidad’, esto es, la ‘sumisión’, lo que, en cualquier caso, debemos denunciar.

¿Cómo debe materializarse esa denuncia respecto de la actual intervención? Una posibilidad sería la de ‘complejizarla’ todo lo posible, que es justo lo que persigue este escrito. Procurando evitar tanto la noción de “intervención imperialista”, así, a secas, lo que marcaría un límite raquítico a la reflexión, como la idea de una intervención poco menos que ‘humanitaria’; ni lo uno ni lo otro: sino una respuesta geopolítica, arbitrada sobre la marcha, que persigue sobre todo conducir y administrar la potencial carga ‘desestabilizadora’ de las sublevaciones, una vez que se ha visto su carácter imparable e inevitable.

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comentarios

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    anónima
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    Jue, 06/21/2012 - 02:24
    <p class="spip">No era nuestra guerra como tampoco lo es la de Bahrain ni lo era la de Iraq ni Afghanistan. España no es Inglaterra y no depende económicamente de USA tanto, dependemos de Alemania, a sus guerras sí que podemos ir, pero defender intereses Americanos nos hizo perder Florda, Cuba y Filipinas.</p> <p class="spip">No son nuestros amigos, nunca lo serán, no se consideran nuestros iguales y nunca lo serán, la vida de un ciudadano Español vale mucho mas que la de cualquer otro Europeo o Yankee, así que deja a los Salvajes que luchen sus guerras y nos dejen en paz.</p>
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    anónima
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    Jue, 05/05/2011 - 20:42
    Resulta descorazonador ver que este tipo de articulos se publiquen en el Diagonal, para esto ya tenemos a toda la mass media. La persona que lo firma se define muy bien al considerar que nuestros gobiernos tienen armas y capacidad efectiva, de lo que hay que aprovecharse. Está clarisimo que le da igual que fuera la Chacón, el Trillo, Ansar o ZP quien gobierne, es SU gobierno. Pues nada, personaje de izquierdas, que te aproveche y que conserves a todos esos compañeros con "raros" automatismos superficialmente ideologicos. Estás con la masacre del neocolonialismo.
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    anónima
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    Lun, 05/02/2011 - 03:13
    <p class="spip">Por otra parte, me parece un signo claro de que se quiere dar una opinión sesgada, defender lo indefendible y prescindir de toda objetividad el hacer abstracción de varios hechos.</p> <p class="spip">Primero, quiénes componen la dirección de los rebeldes de Bengasi. Allí están los ex-Ministros de Justicia y del Interior, es decir: los responsables inmediatos del aparao represivo del Estado y, en caso de que ocurriera realmente, los que dieron orden de disparar contra las manifestaciones. También hay varios agentes reconocidos de la CIA, como el ministro de finanzas, o aquél militar desertor de la guerra con Chad que residía discretamente en los EE.UU. Así como algún abogado representante de los presos islamistas armados. En las escalas medias del mando del "ejército" rebelde, abundan los terroristas islámicos, así como entre las tropas, como informaban los propios medios de comunicación norteamericanos, entre otros. No hay, sin embargo, ningún representante popular.</p> <p class="spip">Segundo, que no han proclamado ningún objetivo político, más allá de la expulsión de Gadafi. Eso sí, entre los miembros de esa dirección, aparecen los expertos, formados en universidades inglesas y americanas, en aplicar medidas neoliberales, privatizaciones, etc.</p> <p class="spip">Tercero, se están pasando por alto todos los crímenes de guerra cometidos por los llamados rebeldes: genocidio racista contra los inmigrantes e incluso contra negros de origen libio (que los hay, sobre todo en el sur), apaleamiento, violaciones y asesinatos de quienes no querían sumarse a su causa, asesinato de prisioneros de guerra, etc.</p> <p class="spip">Y en definitiva, que resulta un ejercicio de absoluto vuelo psicodélico de la imaginación el considerar a estos rebeldes como representantes de ningún pueblo libio, mucho menos como revolucionarios.</p>
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    anónima
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    Lun, 05/02/2011 - 02:57
    Un momento, que comparar la actitud de las potencias occidentales en nuestro país con el 36 con lo que ocurre en Libia sí es pertinente, pero se está haciendo de forma distorsionada y al revés. En el 36 unas potencias, las fascistas, apoyaron a un bando (Franco, los rebeldes de aquella guerra), mientras que las otras impedían, no la intervención en general, sino el apoyo a la República, al gobierno legal, y de hecho colaboraban con Franco bajo cuerda (el petróleo cvon el que funcionaba la maquinaria de guerra fascista se lo proporcionaba la norteamericana Texaco; Francia cerraba las fronteras para que no llegaran armas al gobierno; a la vez, los barcos de la flota alemana que bloqueaban los puertos españoles y los bombardeaban recibían mantenimiento en las bases navales francesas, como se puede comprobar, por ejemplo, leyendo las memorias del almirante alemán Raeder). Es decir: está ocurriendo en Libia exactamente igual que en España en el 36: con una mano se impide que llegue ayuda al gobierno legal, y con la otra se apoya abiertamente a los rebeldes o mercenarios de la OTAN.
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    anónima
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    Sáb, 04/30/2011 - 22:22
    Leo diagonalperiódico desde hace muchos años, y, la verdad, lo veo en decadencia, artículos aburridos y articulistas de baja talla, como éste que aquí escribe. Lo digo sinceramente, y mira que estuve durante un tiempo pagando por recibir el periódico en casa. En fin, todas las flores se marchitan, dicen por ahí... y con escritores irracionales como este señor se marchitan mucho más rápido. un saludo
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    anónima
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    Sáb, 04/30/2011 - 10:42
    <p class="spip">No coincido con el punto de vista que plantea este artículo. <strong class="spip">¿Realmente podemos "escuchar a los pueblos del Magreb aplaudiendo la resolución de la ONU y los bombardeos"? ¿Cómo?</strong> ¿A través de los medios de comunicación que favorecen la guera? ¿Qué organizaciones populares democráticas han "aplaudido los bombardeos"? Yo no las conozco.</p> <p class="spip">Creo que no debemos caer en el simplismo de que no apoyar el derecho a la intervención armada significa apoyar a Gadafi, por lo tanto todo aquel que no la apoya es malvado o inconsciente.</p> <p class="spip">Para profundizar en posturas divergentes a las de este artículo y poder contrastar información invito a la lectura de este otro:</p> <p class="spip"><a href="http://rebelion.org/docs/127369.pdf" class="spip_out">La construcción mediática del monstruo Gadafi y la “rebelión popular” libia</a></p>
  • Isa
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