La ilegalización del cannabis
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MANIPULACIÓN. Este cartel resume las líneas maestras de la propaganda anti marihuana en
EE UU: su consumo lleva a la heroína, es el camino al infierno, incita a la lujuria y al crimen, etc.

El cannabis es la droga ilegal

15/10/06 · 19:52
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MANIPULACIÓN. Este cartel resume las líneas maestras de la propaganda anti marihuana en
EE UU: su consumo lleva a la heroína, es el camino al infierno, incita a la lujuria y al crimen, etc.

El cannabis es la droga ilegal
más consumida en todo
el mundo. ¿A qué criterios
atiende su ilegalización?
¿Quién prohibió esta droga
a nivel mundial?

La marihuana a principios del siglo
XX era consumida en EE UU
mayoritariamente por minorías étnicas.
Existían dos rutas de entrada:
una, a través de la ola de mexicanos
que llegó al suroeste del país
en busca de trabajo y que fumaban
marihuana para relajarse tras un
dura jornada de trabajo en el campo;
y la otra por el puerto de Nueva
Orleans, traída desde los países caribeños
y consumida principalmente
por músicos negros de jazz.

Conspiración de la élite

A la élite blanca estadounidense no
le gustaba este tipo de gente. Un
ejemplo es William R. Hearst, propietario
de emisoras de radio, la mayor
cadena de periódicos de EE UU
y de su propia agencia de noticias.
Su prensa estaba dedicada al sensacionalismo,
además, por su ideología
de corte ultraderechista dio cobertura
a la propaganda nazi mediante
sus medios de comunicación
tras ser recibido por Hitler en 1934.
También era propietario de la principal
empresa maderera del país y
latifundista en Chihuahua (México).

Desde los medios de comunicación
de Hearst y los de El Paso
(Texas) se empezaron a difundir
una serie de mentiras como que fumar
marihuana convertía a los mexicanos
en asesinos. La presión
mediática condujo a que se aprobara
la Ordenanza de El Paso de 1914
prohibiendo la venta y posesión de
marihuana. Dicha ley se llenó de
tintes racistas al ser utilizada para
controlar a los mexicanos. Cinco
años después se prohibió el cannabis
en todo el estado. En 1915 se hicieron
las primeras leyes estatales
que prohibían también el cannabis
en California y Utah.

Por otro lado, la poderosa familia
du Pont, propietaria de la más importante
industria petroquímica de
EE UU, tenía las patentes de tejidos
sintéticos como el nylon 6.6 o el rayón
e iban a empezar a comercializarlos
en los años ‘30. Además, la
empresa de los du Pont se encargaba
de convertir la madera de la compañía
de Hearst en pasta de celulosa
para papel. Pierre S. du Pont también
se hizo cargo de la compañía
General Motors, competidora de
Ford, que estaban investigando la
creación de combustibles y aceites
derivados de la biomasa del cáñamo,
lo que supondría un gran competidor
del petróleo y la ruina para
las empresas petroleras como la
Gulf Oil, cuyo propietario fundador
era William L. Mellon, sobrino nieto
de Andrew W. Mellon, Secretario
del Tesoro de EE UU (1921-1932) y
banquero (Mellon National Bank),
uno de cuyos principales clientes
era la familia du Pont.

Andrew W. Mellon, aprovechando
su cargo y sus influencias políticas
creó en 1930 el cargo de
Comisario de la Oficina Federal de
Narcóticos, dependiente del Departamento
del Tesoro; y en él colocó al
marido de su sobrina, Harry J.
Anslinger. Su misión era conseguir
que el cannabis se ilegalizase y se
considerase al mismo nivel que la
cocaína o la heroína y así borrarlo
del mercado. Los tejidos, combustibles,
plásticos y el papel hechos a
partir del cáñamo serían una competencia
importante para los intereses
empresariales de Hearst, la familia
du Pont, y la familia Mellon (entre
otros). Así, Anslinger comenzó
una campaña gubernamental de
desprestigio de la marihuana por
medio de mentiras difundidas por la
televisión y los periódicos de Hearst.

La prohibición

La presión de la élite y de los grupos
de ultraderecha que ellos financiaban
condujo a que el 12 de
agosto de 1937, sin un debate público
ni investigaciones científicas
previas y con un discurso de
Anslinger cargado de prejuicios
clasistas, elitistas y racistas, el
congreso norteamericano aprobara
la Marihuana Tax Act, prohibiendo
el consumo, posesión y comercio
de cannabis a nivel federal.
Pero la American Medical
Association, que asistió a la aprobación
de esta ley, mostró su escepticismo
sobre las informaciones
y se opuso a la ilegalización de
una sustancia usada terapéuticamente
en aquel entonces.

Por otro lado, Fiorello LaGuardia,
alcalde de Nueva York (1934-
1945), mostró su rechazo a la prohibición
y dudas ante las afirmaciones
del Gobierno, encargando
un estudio a 31 científicos imparciales.
En 1944, tras seis años de
investigación médica, sociológica,
psicológica y farmacológica, concluyeron
que fumar marihuana no
conducía a un comportamiento
violento o antisocial, ni causaba
deseos sexuales incontrolados, ni
alteraba la estructura básica de la
personalidad...

Anslinger usó su influencia con
la prensa (Hearst) para desacreditar
y ocultar este estudio, publicitar
sus actuaciones policiales contra la
droga y continuar su campaña de
desinformación. Además evitó
otras investigaciones restringiendo
el suministro de marihuana.

Las autoridades consideraban a
los consumidores de drogas como
una amenaza que debía estar tras
las rejas. Además, aprovechando
la Guerra Fría
el Gobierno inventó una
conspiración: los países
comunistas trataban de
drogar a los estadounidenses.
De esta forma,
la presión de Anslinger
condujo a que se aprobara
en 1951 la Ley
Boggs que endurecía
gravemente las penas
por posesión de cannabis.
Poco después, la influencia
de Anslinger
llevó a la aprobación de
la Ley de Control de
Narcóticos de 1956. Era
la ley federal de EE UU
más dura de todas las
promulgadas en esta
materia, poniendo al
cannabis en la misma
categoría que la heroína.

En 1958 se hace público
un estudio que realizaron
la American Medical
Association y la American
Bar Association. En él se
consideraba contraproducente
la política de drogas
llevada a cabo por el
Gobierno y se hacía hincapié
en investigar curas
para la adicción en vez de
castigar como medio de
prevención y cura. La respuesta
de Anslinger fue
acusar a los investigadores
de connivencia con los
traficantes, irresponsabilidad
y antipatriotismo.
EE UU continuó censurando
estudios contrarios
a sus criterios.

El último paso que le
faltaba dar a EE UU para
controlar las drogas era convencer
a la ONU de que patrocinase
unos acuerdos internacionales
en referencia a los estupefacientes,
para que cada país los
persiguiera como hacían ellos. De
esta forma, Anslinger fue en 1961
a las Naciones Unidas y utilizó la
influencia de EE UU para que los
países unificaran sus diferentes
acuerdos sobre drogas en un tratado
único e inflexible ilegalizando
el cannabis en todo el mundo.
El resultado fue la Convención
Única de 1961 sobre Estupefacientes.

¿Qué intereses siguen existiendo
para evitar que se legalice el
cannabis? Tendríamos que volver
la mirada a EE UU, a sus empresas
textiles, madereras y de hidrocarburos,
y con una especial atención
a las empresas multinacionales
farmacéuticas que poseen las
patentes de los derivados del cannabis
y su relación con los miembros
de los gobiernos del país.

Tags relacionados: Drogas Ultraderecha
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comentarios

1

  • | |
    Lun, 08/04/2014 - 11:23
    vaya tela, hay que ver como se pueden tergiversar las realidades para hacer parecer que algo es lo que no es...
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