La huelga y las municipales

En los últimos 30 años los movimientos sociales han sedimentado un espacio
ideológico difuso. Esta ‘base social’ no ha generado una representación política
propia, integradora de su diversidad, con presencia electoral. IU, superada la primera
fase de su proceso de refundación y tras una manifestación-demostración de
fuerza, vuelve a reclamar la representación de toda la izquierda, incluida la ‘social’.

07/09/10 · 8:08
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Continúa el debate sobre cómo refundar o al menos reanimar a la izquierda. Al menos a la “desencantada” con el actual sistema, aunque esté gobernado por un partido que se reclama obrero y socialdemócrata. “No nos falles”, le gritaron el primer día de triunfo electoral a Zapatero, y salimos de aquella guerra, pero nos han metido otra guerra en casa a favor de los grandes bancos, etc. En IU andan intentando recoger desencantados de todo tipo, pero la credibilidad del proyecto de su refundación aún tiene trabas –sobre todo desde su interior– como comentaban los de Izquierda Anticapitalista hace poco en estas mismas páginas. Y es que, en el fondo, la credibilidad de un proyecto no puede pasar sólo por programas o por declaraciones de intenciones, sino por pasar a los hechos contundentes, de volcarse con los movimientos sociales. Como ‘grupos motores’ unitarios y no como vanguardia autoproclamada. Hay que aprender de las manifestaciones contra la guerra en que las cabeceras fueron desbordadas por la gran cantidad de gente que había construido su propio cartel o pancarta en plan casero.

Los ‘grupos motores’ se han ido construyendo unitariamente contra la Dictadura antes de la Transición, en fábricas y tajos, en barrios y universidades. Desde ahí salieron las principales luchas. Algunos partidos supieron aprender de aquellas iniciativas de base, pero luego las dejaron, y convirtieron las primitivas Comisiones Obreras en un sindicato bastante domesticado y dieron más importancia a las candidaturas de partido que a los movimientos sociales.

Hoy hay que volver a aquellos movimientos unitarios y de base si se quiere que salga algo de la huelga general. Sabemos que hay muchas diferencias de programas, y de los que convocan, y para qué lo hacen unos y otras. Pero ahora está el pragmatismo de enfrentar a un enemigo común, la nueva guerra en que nos han metido la UE y este Gobierno, y esto no debe dejar dudas. Superar los desencantos juntándose con los más próximos y los de mayor confianza es la única forma para ir construyendo algunos ‘grupos motores’ que no acepten vanguardias. Los ‘grupos motores’ no tienen que ser para discutir grandes teorías políticas sobre las estrategias universales, pues para eso ya hay otros foros.

Se trata más bien de que nos agrupemos por nuestra iniciativa los que estamos hasta el gorro de lo que se nos viene encima y estamos hartos de charlas de café o de internet solamente. Como en los años ‘60 y ‘70, no es cosa de salir un día y ya está, como contra la guerra del Golfo, sino que hay que pensar en dar continuidad a estas formas de confianza para la lucha unitaria. Más allá de las disputas ideológicas o de los programas de transición, con lo que nos trae ese enemigo común y su guerra permanente tenemos bastante para ir tejiendo resistencias y formas de contestación concretas en cada lugar. Bien estará que nos agrupemos algún día con algunas consignas ‘transformadoras’ contra la corrupción y contra lo evidente de que el sistema ya no sirve. Pero empecemos por aprovechar lo que salga de la huelga general, y enfoquemos nuevos objetivos unitarios cuanto antes.

¿Municipales unitarias?

Es el caso de las grandes ciudades pero sobre todo de las ciudades medias y pequeñas donde el poder local está más cerca de la ciudadanía y los movimientos sociales. Donde estos años de corrupción y de negocios ‘legales’ con las edificaciones nos han llevado a la crisis –ecológica, económica, de valores, etc.– que nos machaca. En no pocos casos algún cacique local presume incluso de que son muchos los que le deben los favores que han llovido desde sus negocios. Así hoy se dice que todos los que se meten en política son iguales, y el desencanto barre por igual con todo tipo de propuestas. Por encima de unos y otros partidos y personalidades locales hay que sacar a los caciques que se están perpetuando.

En cada localidad debería haber ‘grupos motores’ que propongan unas candidaturas unitarias, para aprovechar la ley D’Hont, si es necesario buscando que el primero de la lista sea un independiente de prestigio local, y que luego pueda haber un seguimiento de la gestión lo más transparente y público posible. Habrá partidos que prefieran seguir sus consignas para sumar número de resultados a escala provincial y nacional, pero también hay militantes de base de partidos y gente sensata que prefiera que en su municipio se cambie al cacique de toda la vida por alguien más transparente y participativo. También hay quien sólo se fía de su programa porque es suyo, pero igualmente otras personas ya piensan que es mejor participar desde un principio con movimientos sociales y que sean estos los que hagan las principales propuestas.

Esto no quita para que en el futuro se puedan ir construyendo articulaciones federales o confederales que apunten a desafiar los poderes del bipartidismo y sus leyes pactadas.

No se trata de una simple ingenuidad utópica el ignorar las apuestas de Izquierda Unida, Izquierda Anticapitalista, Verdes y los nacionalismos radicales. Se trata de pedirles, incluidos muchos votantes de base del PSOE y otras agrupaciones que se sientan de izquierdas, que regeneren la vida local. Apostar por los intereses de las mayorías hoy desencantadas ya que, si no ven la oportunidad de un cambio básico ante esta crisis, no van a creer nunca más en quienes les prometen más peleas partidarias y personales como horizonte. Desde luego hoy es para desconfiar de quien antepone ir de cabeza de lista antes que hacer una candidatura unitaria y con control social.

Se trata de hacer reflexionar a los que dicen querer la “refundación de la izquierda” que el movimiento se demuestra andando. Y la ocasión de una huelga general y los movimientos que puedan venir, o la ocasión de unas elecciones municipales que pueden ser unitarias, serviría para que los llamados ‘grupos motores’ demostraran si están más por su proyecto partidario, o de su corriente, o por vincularse con movimientos sociales de forma abierta y pragmática. Sólo si hay pruebas de credibilidad prácticas, contando con la mayoría del mapa de actores transformadores de cada localidad, y haciendo las apuestas generosas, que signifiquen un cambio de rumbo claro, podemos re-encantarnos algunos, que somos muchos.

artículos en este debate:

CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (X)
- [¿Soñando desde la izquierda?-> 11842]

CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (VIII)
- [(Re) Construir la izquierda. Ideas->11593]

CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (VII)
- [Refundar la izquierda: una propuesta abierta->10695]

CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (VI)
- [Los pilares de la izquierda (alternativa)-> 10698]

CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (V)
- [Refundación de la izquierda y grupos motores->10277]

CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (IV)
- [Copenhague, anunciado final de la ilusión reformista->9993]

CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (III)
- [¿Refundar lo irrefundable? El escepticismo->9767]

CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (II)
- [¿Foros para programas o movimientos?-> 9560]

CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA (I)
- [Hacia la refundación ciudadana de la izquierda->9520]

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