La estrategia de la araña

El “alto el fuego permanente” declarado por ETA y la posible solución
negociada del conflicto, así como las propuestas de reformas
estatutarias, iluminan un nuevo escenario que puede suponer
la apertura del candado del “Atado y bien atado”, dando
paso a profundas transformaciones sociopolíticas. ¿Cómo se
valora este escenario? ¿Se trata de una segunda transición?
¿Hay que apoyar la negociación, y cómo? ¿Qué actitud debe
tomar la izquierda -‘española’ o ‘nacionalista’- transformadora?

01/06/06 · 22:05
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Este país llamado España,
por sus especiales características,
tanto geográficas
como políticas, ha experimentado
en determinados momentos
una irresistible tendencia hacia
el federalismo, que siempre ha sido
ahogada en un baño de sangre en
nombre de la unidad de la patria.

Tapar un problema
no lo resuelve


Precisamente uno de los múltiples
problemas a los que tuvo que enfrentarse
la II República fue el de los movimientos
centrífugos de la periferia,
especialmente Cataluña, Euskadi y
Galicia. La solución momentánea fue
la concesión del Estatuto de Autonomía
a Cataluña y más tarde, ya en
pleno conflicto, a Euskadi. La sublevación
militar y su posterior triunfo
por la vía de las armas cortó el nudo
gordiano y resolvió todos los problemas
por el sencillo expediente
de ahogarlos en sangre, como ya
venía siendo habitual.

Bajo el régimen de las armas, los
problemas endémicos permanecieron
latentes y cuando por cualquier
circunstancia salían a la luz, la represión
sangrienta se encargaba de resolverlos
de forma expeditiva. Con el
hundimiento de la dictadura, todos
estos problemas sin resolver afloraron
simultáneamente buscando una
solución satisfactoria. Lógicamente,
si éstos no se resolvían por la vía de
una transformación social necesaria,
tenían que ser aplazados, siendo sustituidos
por una solución parcial, en
tanto no se resolvieran otros problemas
más urgentes.

La periferia

Según todos los indicios, esto es lo
que se resolvió en el tema de los
movimientos periféricos, pero añadiéndole
un factor nuevo que trataba
de enmascarar cuál era el verdadero
nudo de la cuestión. Se dividió
el país en autonomías, instaurándolas
incluso en aquellos territorios
que nunca la habían reivindicado;
de este modo se lograba aplazar
un agudo problema de difícil
solución, mientras se acometía la
resolución de otros problemas mucho
más acuciantes. No obstante,
este aplazamiento sólo podía generar
tensiones cada vez más difíciles
de enmascarar, especialmente
en Cataluña y Euskadi, donde las
tendencias nacionalistas son más
profundas y cuyos objetivos son
muy similares, aunque se utilicen
estrategias muy diferentes.

En el caso de Euskadi, a poco que
se reflexione sobre el proceso del
nacimiento de ETA y su desarrollo,
tanto durante la dictadura como
posteriormente, cualquiera llegaría
sin mucho esfuerzo a la conclusión
que este problema era imposible resolverlo
por la vía de la represión,
ya que para ello habría hecho falta
acabar con una parte importante del
pueblo vasco; pero no sólo porque
una franja no desdeñable de la sociedad
vasca apoye la estrategia de
ETA, sino porque en Euskadi se han
generado toda una serie de movimientos
sociales de ideas muy avanzadas
y muy activos, que nada o
muy poco tienen que ver con ETA,
pero que a causa de la tensión provocada
por la represión indiscriminada
llevada a cabo por el Estado
español han surgido para oponerse
a este estado de cosas, desarrollándose
en numerosas direcciones.

Esto ha hecho que el tejido social
en Euskadi se recomponga rápidamente,
a pesar de las agresiones
constantes del Capital y del Estado,
a diferencia del resto del Estado español,
donde se ha conseguido en
muy pocos años acabar con cualquier
movimiento que se propusiera
un cambio social por mínimo
que éste fuera. Y, en mi opinión, éste
es uno de los factores principales
que hacen de Euskadi un caso especial
en el conjunto del país.

La derecha y la fractura

Naturalmente, el anuncio de la tregua
permanente de ETA ha generado
toda una serie de expectativas
que ponen el acento en la resolución
definitiva del conflicto. Opino
que no es casual que este nuevo posicionamiento
de ETA haya coincidido
con el nuevo Estatuto catalán
y creo también que ambos intentan
confluir en el mismo resultado: la
trasformación de España en un
Estado federal. Ahora bien, aunque
las condiciones políticas y sociales
de este país hayan cambiado bastante
desde el comienzo de la denominada
transición, es bastante dudoso
que la derecha, heredera en
todos los sentidos del franquismo,
acepte de buena gana lo que denomina
la fractura de España.

No hace muchos días el ministro
Bono dimitía de su cargo y explicaba
con palabra breves y concisas
que no se iba porque no estuviera
de acuerdo con el Estatuto catalán,
¡sino para dedicarse a su familia!,
sin embargo su despedida del
ejército (algo inusual en estos casos,
como se apresuraron a notificar
los medios de comunicación)
dando vivas a la unidad de la patria
era lo suficientemente elocuente.
¿Era un aviso para navegantes?
¿Una velada amenaza?
¿A quién le afecta realmente?
Lo que sí parece cierto es que estas
jugadas políticas no parecen
despertar mucho interés en la
gente en general, como si de alguna
forma intuyeran que su situación
no iba a cambiar en absoluto
porque la Constitución cambiara
y se proclamara un Estado federal.

Todo parece indicar que se
trata de ajustar cuentas históricas
entre determinadas fracciones de
la burguesía y, sobre todo, poner
en cuestión el centralismo de un
país que siempre se ha mantenido
por la fuerza de las armas.
Sean cuales sean los motivos
por los que se quiere cambiar la
Constitución (uno de ellos podría
ser el rejuvenecimiento de la democracia
mediante el sencillo expediente
de distanciarse de la dictadura
franquista sin tener por
ello que encausarla), lo que sí parece
evidente es que el proceso no
va a ser nada sencillo. Quizá nosotros -la gente de a pie- también
podamos decir algo en este proceso
(desde luego no me refiero a
votar una nueva Constitución) y
se nos presente la oportunidad de
generar nuevas relaciones sociales
al margen de las instituciones,
sean éstas las que sean.
Como última cuestión cabría
preguntarse qué pasará con el
Rey. ¿Se instaurará una monarquía
federal? Sería un bonito final
para una historia tan dramática.

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