La confederación de almas del 15M

Los multitudinarios actos de desobediencia civil, los procesos masivos de participación y decisión horizontal... son rasgos de un poderoso movimiento: Primavera Árabe, 15M y Occupy Wall Street. Tras la retoma de las plazas el 12M, el músculo –la capacidad de imponer una agenda política– y la potencia que el movimiento exhibía parece haber llegado a un impasse. Profundizamos la reflexión colectiva.

, Activista y profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid
15/06/12 · 12:53
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El debate en DIAGONAL es interesante, pero más en lo que nos hace coincidir a muchos, por encima de los lenguajes de otros tiempos, porque hemos sido desbordados por los sucesos durante un año. Santiago Alba escribía de la “composición del aire” y de cómo el 15M se ha hecho las “preguntas correctas”, que no es poco. Seguramente no hay respuestas para todo, pero sabemos lo que no queremos, y “vamos despacio porque vamos lejos”. Lo importante es el ambiente renovado, inconcreto y variable como el clima, un aire y unas preguntas que abren unos nuevos horizontes. No una meta que ya está marcada, sino diversos caminos que transitamos con unas sintonías que resuenan sin encorsetarse.

Esto puede parecer poesía –y no está mal– pero tiene unos trasfondos de crisis, que van a alimentar a estas generaciones de menos de 40 años, en la lucha contra la dictadura de los mercados. A las generaciones mejor preparadas de nuestra historia les va a tocar la crisis del cambio climático y del pico del petróleo, las crisis del capital financiero y de la especulación, de la democracia electoral y de los valores consumistas. Ya estamos en los inicios, y aunque pretendan irse a otros países la cosa se va a ir poniendo caliente en todos lados, pues estas crisis en la globalización no hacen sino contagiarse. Así que no queda más remedio que mirarlas de frente y construir alternativas. Hay una idea-fuerza que recorre el mundo: contra la dictadura de los mercados las democracias reales, desde abajo y sin miedos.

Carlos Taibo analizaba las “dos almas” de estos movimientos, la de las demandas del ciudadanismo –“jóvenes indignados”– que reclaman el poder, y la que crea “espacios de autonomía” de los movimientos alternativos. Lo interesante que señala es que no sólo “pueden coexistir de manera llevaderamente fructífera”, sino que en consecuencia “se hayan vivificado mutuamente, o lo que es lo mismo que hayan aprendido la una de la otra”. Seguramente hay más almas en juego, y para no quedarnos en dicotomías que son útiles para algunas explicaciones rápidas, pero que pueden reducirnos a entender una “máquina movilizadora” (Raimundo Viejo) o a un “contra-poder” o “doble poder” (Monserrat Galcerán) como esquema con uno o dos polos, es mejor analizar con más polos y almas para que nadie quede fuera.

Un nuevo proceso constituyente se puede plantear, y tal vez en Grecia y otros países tengamos que iniciarlo en no mucho tiempo

Por ejemplo, frente a la tentación este invierno de encerrarse en pequeñas comisiones y asambleas, tras el batacazo del 20N –un enemigo con todas las armas en su mano y sin compartir con los social-liberales– se han abierto una serie de ‘mareas’ y movimientos que ya venían de atrás desbordando a sindicatos y partidos. No están claros los límites de quiénes son del 15M y quiénes no, y eso parece una ventaja. Pues el virus 15M ha contaminado a los movimientos ciudadanistas dándoles una idea-fuerza superadora, al construir un sentido más allá de sus reivindicaciones inmediatas. Es decir un alma que lleva cualquier reivindicación con un estilo y un aire que engloba y orienta a indignados de muy distintas movilizaciones.

Lo más importante de estos últimos meses es que las mareas –contra los recortes en la educación, en salud, etc.– y los movimientos contra las hipotecas, la privatización del agua, etc. se van incrementando. Y si el 15M como tal no va a negociar cosas concretas con las autoridades, estos movimientos sí se plantean conseguir éxitos parciales, plantar la defensa y el contraataque contra cada uno de los desmanes del capital financiero y del sistema en general. Y como fondo esa idea-fuerza que sigue expandiéndose en la sociedad, como cuando contra el franquismo la idea-fuerza de ‘la democracia’ daba sentido a las luchas obreras, y a las vecinales y estudiantiles, conjuntamente.

Al año, Metroscopia reconoce que “el 15M aumenta su apoyo ciudadano”: 78% dice que “tienen razón”, 68% sienten “más bien simpatía” hacia él, y se puede calcular que hay una gran asistencia a las concentraciones e incluso una notable presencia en asambleas según publica El País –medio no muy alternativo–. Esto tiene importancia porque apunta al objetivo de “somos el 99%”, aunque realmente los movilizados/ as no seamos más de la cuarta parte de la sociedad, más o menos. La estrategia de la inclusividad nos da un alma adicional, incluso para tener la razón y la simpatía de quienes votan al PP o al PSOE. La frontera de estos movimientos no está clara, pero eso parece que sirve a la causa de quienes nos movilizamos, pues se reconoce que es la única oposición a tener en cuenta ante tanto desmán.

El virus 15Mcontamina a los movimientos ciudadanistas dándoles una idea-fuerza superadora, un sentido más allá de lo inmediato

En lo que parece estar de acuerdo Raimundo Viejo es en “activar una institucionalidad otra” que entiende desde la democracia directa, con Monserrat Galcerán en una “nueva institucionalidad” entendida como “poder colectivo constituyente”. Habrá que precisar más qué quieren decir en lo concreto, pero desde luego significa que a este sistema e instituciones hay que ir pensando cómo sustituirlos, y cuál es la nueva transición que debemos emprender. No es cosa de un año ni de dos seguramente, aunque todo depende de cómo evolucionen las crisis. La primera fecha cercana es la cita de Grecia con las urnas, y la posibilidad de que la nueva mayoría de izquierda se niegue a pagar la deuda que ilegítimamente les han colocado los bancos alemanes y franceses de acuerdo con el gobierno. Cualquier solución democrática apunta a un efecto en cadena en toda Europa que desenmascare la dictadura de quienes manejan el euro.

¿Nueva constituyente?

Esta “nueva institucionalidad otra” ¿se quedaría sólo con y para quienes estamos por la democracia directa, o qué alternativas podemos pensar para una transición con esos otros tercios que están con los partidos y las elecciones, con un cambio desbordando la propia Constitución? ¿Cómo poder articular tan diversos sectores manteniendo la inclusividad? Como dice el Subcomandante Marcos, cómo mirar al último de la fila para marchar por esta selva. Un nuevo proceso constituyente –como en Islandia desde la ciudadanía– se puede plantear, y tal vez en Grecia y otros países tengamos que iniciarlo en no mucho tiempo. Sin duda con la inclusión de la democracia de base, pero también sabiendo incorporar a los sectores de las almas indignadas ciudadanistas, que necesitan unos tiempos y ritmos en las “zonas de autonomía temporal”, sin que los vanguardistas les echen con sus ritmos e ideologías prediseñadas.

Al tiempo en muchas asambleas se autoorganizan redes de consumo, bancos de tiempo y monedas locales, sistemas de autodiagnóstico y aprendizaje colectivo, uso de las nuevas tecnologías blandas, agroecología, redes de cuidados, y todas las formas que no necesitan del Estado. Se puede ir a varios ritmos, una confederación de almas o ‘yoes’ como le gustaba decir a Pessoa, como identidades a ir construyendo.

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Isa
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