Izquierda y antisemitismo


La izquierda parece tener
que estar libre de sospechas
si se habla de reproducir
actuaciones antisemitas,
al igual que siempre creyó
estar libre de sospechas si se la relacionaba
con otras estructuras represivas.
Sin embargo ya con el tema
del racismo y del sexismo resultó

06/09/07 · 0:00


La izquierda parece tener
que estar libre de sospechas
si se habla de reproducir
actuaciones antisemitas,
al igual que siempre creyó
estar libre de sospechas si se la relacionaba
con otras estructuras represivas.
Sin embargo ya con el tema
del racismo y del sexismo resultó
ser necesario asumir que la propia
izquierda no está libre de estas
estructuras represivas sólo por el
hecho de luchar por una sociedad
de iguales y sin clases.

Antisemitismo
como hilo rojo histórico

El antisemitismo dentro de la izquierda
no empezó con las campañas
antisemitas de Stalin ni con
aquellos discursos anticapitalistas
que dividieron el capitalismo en
dos esferas: la esfera positiva de la
producción y la supuesta negativa
de la circulación. El universalismo
de la izquierda históricamente encuadró
el problema del antisemitismo
en una solución más global, entendiendo
el antisemitismo sólo como
un reflejo de los problemas sociales.
El antisemitismo después de
Auschwitz cambió su forma de presentación
y se transformó en una
constante crítica al Estado judío, a
Israel, que representa como nación
al judío ‘abstracto’ entre los
Estados. Así como antes los judíos
se habían convertido en los culpables
de los problemas sociales para
el antisemita, es ahora el Estado de
Israel una metáfora del Mal para el
antisionista. Irónicamente, hasta el
año 1967 incluso se podía hablar de
un consenso prosionista dentro de
la izquierda. Sin embargo, la guerra
de 1967, el auge de la nueva izquierda
y su antiimperialismo enfocado
hacia las luchas de descolonización
causaron el giro político.
El discurso ‘progre’ pasaba a ser
antisionista, contrastando con la
postura que tomaba la derecha defendiendo
a Israel y su vinculación
con Occidente en el contexto de la
Guerra Fría.

Así pasó a ser parte integral de la
ideología de la nueva izquierda el
antisionismo, el cual estaba estrechamente
vinculado al conflicto en
Oriente Medio. Este conflicto conlleva
cierto elemento trágico, ya
que la propia historia del sionismo
podría haber estado predestinada a
ser objeto de una solidaridad izquierdista
que sin embargo no llegó
a ser. Israel y la historia sionista
se pueden entender como el intento
de auto emancipación judía después
de la negación de plenos derechos
civiles para los judíos dentro
del surgimiento de los Estados Nación
y como una compensación malograda
por parte de la comunidad
internacional ante el Holocausto.
El sionismo es la respuesta al antisemitismo
occidental. Pero ante esto,
la nueva izquierda no sólo rechazó
el particularismo del sionismo
al encajarlo en su esquema universalista
revolucionario, sino que
también se vinculó a la ideología
antiimperialista, dentro de la cual
el sionismo se convirtió en un sinónimo
para el racismo y el colonialismo,
mientras el movimiento nacional
de los palestinos fue entendido
como el sujeto anticolonial.

La crítica al sionismo y a Israel
no acaba en Israel. Se aplica por
todo el mundo donde haya judíos
e implica por ello antisemitismo.
Cualquier comunidad judía fue
tomada como delegación de Israel,
fueran israelíes o no, reproduciendo
así una vez más la exclusión
nacional que los judíos sufren
en la sociedad burguesa.
Otra característica más del antisionismo
de la nueva izquierda
fue el comparar constantemente
la política de Israel con los crímenes
nazis. Para deslegitimar a
Israel, la nueva izquierda se encargó
de llevar a cabo este tipo de
revisionismo histórico, contribuyendo
así sustancialmente a que
los crímenes nazis se convirtieran
en un código cultural aplicable
hoy en día a cualquier mal.

‘Pueblo’ versus ‘clase’

Pero el retroceso de esta izquierda
no sólo fue un antisemitismo en potencia,
sino que además la teoría
principal en la que se basaba, el antiimperialismo,
representó una losa
para el desarrollo emancipatorio.
Mientras que Marx tras el fracaso
de la revolución de 1848 había ya
reemplazado la categoría ‘pueblo’
por la de proletariado, este término
(‘pueblo’), volvió a ser herramienta
en el instrumental de la nueva izquierda
en el tiempo de auge de los
movimientos de liberación nacional
y la descolonización. La concepción
de ‘pueblo’ simulaba una
homogeneidad de intereses en el
colectivo nacional. Esta concepción
antiimperialista ‘vulgar’, y con ella
la de los sujetos de liberación, acabó
fijándose más en naciones y en
pueblos dentro de las luchas anticoloniales
que en el uso del instrumentario
materialista de clase y
una crítica al Estado Nación. En vez
de hablar de explotación y relaciones
de capital, este antiimperialismo
‘vulgar’ se fijó en la dominación
de Estados sobre pueblos oprimidos.
Bajo los conceptos de pueblo y
nación -y con ellos la intrínseca ignorancia
de las contradicciones internas
que estos conceptos necesariamente
implican- la visión emancipatoria
del antiimperialismo cada
vez se alejó más del ideal de una sociedad
libre y sin clases.

No es de extrañar que un replanteamiento
por parte de la izquierda
de esta concepción política, con los
ramalazos antisemitas que conlleva,
comenzara a darse junto con la crisis
que el planteamiento antiimperialista
sufrió tras las transformaciones
paradigmáticas que se dieron
con la desintegración de los regímenes
del Este y con el fin de la Guerra
Fría. Gran parte del macrocontexto
de la nueva izquierda y de sus planteamientos
teóricos desapareció en
los años posteriores a 1989.

De lo dicho salen tres problemas
fundamentales que esta orientación
ideológica ha provocado en la
elaboración de una política emancipatoria
por parte de la izquierda.

Primero: se ha ignorado a las víctimas
judías del fascismo, y se ha
ignorado el peso que el antisemitismo
tiene como tendencia reaccionaria
existente en las sociedades
occidentales.

Segundo: la teoría que guiaba
este antisionismo era un antiimperialismo
‘vulgar’ que en su parte
emancipatoria ha caído atrás de la
elaboración de Marx y su análisis
social.

Tercero: una parte importante de
la izquierda actual todavía sigue esta
ideología, cayendo así cada vez
más en tendencias reaccionarias
(como demuestran las alianzas
pragmáticas con fuerzas como
Hamás o Hezbolá).

Por lo tanto, un replanteamiento
de las actitudes antisemitas y antisionistas
dentro de la izquierda es
necesario para incluir la noción
del antisemitismo en la crítica a la
sociedad burguesa y a sus conceptos
de exclusión. También es necesario
para poder conseguir acabar
con cualquier colaboración y
complicidad por parte de la izquierda
con la marginación y la
exclusión social y a la vez es parte
integral de todo un replanteamiento
teórico-político de cómo crear
una política emancipatoria en esta
nueva época histórica.

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