Huellas y nuevos sujetos políticos

Los movimientos sociales construyen una huella social, para sí mismos y para otros caminantes en el hacer político. Las huellas del 15M son hoy ya muy palpables. Aun sin alcanzar modificaciones sustanciales en la agenda política y macroeconómica, este movimiento ha tejido una red de ágoras que mantiene y mueve a su favor la credibilidad y legitimidad de su protesta. Ciudadanía descontenta y 15M que, a su vez, se han convertido en alimento y nexo para nuevas movilizaciones desde el protagonismo social.

, participante de 15M Córdoba, editor del libro Democracia radical
03/07/12 · 9:30

Los movimientos sociales construyen una huella social, para sí mismos y para otros caminantes en el hacer político. Las huellas del 15M son hoy ya muy palpables. Aun sin alcanzar modificaciones sustanciales en la agenda política y macroeconómica, este movimiento ha tejido una red de ágoras que mantiene y mueve a su favor la credibilidad y legitimidad de su protesta. Ciudadanía descontenta y 15M que, a su vez, se han convertido en alimento y nexo para nuevas movilizaciones desde el protagonismo social.

Así, educación, paro y privatizaciones del agua –en el caso deMadrid– han tenido, respectivamente, sus mareas verdes, rojas y azules –colores distintivos de estas luchas– como contestación que trasciende siglas y busca otras formas de construir protesta y política “desde abajo”. Pero aún están por llegar las huellas más profundas del 15M, a mi entender. Huellas de las que el 15M empieza a ser consciente, a problematizar incluso. Así, mayo de 2012 fue atravesado por foros y talleres que remitían hacia la cuestión de cómo sedimentar hacia otras esferas ciudadanas y hacia otros ámbitos vitales. Un año de caminar da para pensar y observar fortalezas y limitaciones de este espacio de movilización, hacia dentro y hacia fuera.

En su interior, las dinámicas de participación y de interacción que el 15M ha puesto en marcha, si bien exitosas en la creación de escuelas políticas en la calle, se acercan en muchas ocasiones a los perfiles que ofrece Facebook: se adaptan a las necesidades y voluntades individuales, tejen redes porosas, pero no garantizan o se comprometen a convertir dicha agregación en un espacio de solidaridad de largo plazo, con proyectos abiertos pero orientadores para el resto de la ciudadanía.

Esta cultura agregativa, que llamo la “política del y”, donde los rebeldes se buscan, permite entrelazamientos muy extensos. Pero también es un tanto ‘líquida’, tal y como la vivimos aquí, y por ello encuentra dificultades para sedimentar, para oponerse a estructuras políticas e imaginarios sociales muy ‘sólidos’. El 15M funciona, por ahora, y dada su novedad sería un exceso histórico no aguardar a su futuro para valorar este fenómeno, más como espacio de movilización que produce bienes políticos –“ágoras” físicas y virtuales, grupos de trabajo, discursos sobre democracias emergentes, prácticas de desobediencia, motivaciones para la acción colectiva– que como una alternativa política construida desde lo político –lo próximo, lo sentido, más simbólico y cotidiano–.

Hacia fuera, el 15M es en sí mismo una marea que sería, a su vez, antesala de nuevas mareas de protestas y de ágoras. Este perfil sembrador está sembrado de dudas, de interrogantes: cómo articularse con otros sectores sin ceder el protagonismo social a las viejas estructuras que intentarían reciclarse desde su interior; cómo ampliar la crítica frontal del sistema político y económico a una ciudadanía que aún no se cuestiona, en estos momentos, cambios más profundos y que aún permanece informada y apegada a los partes de bolsa y prima de riesgo de los diferentes telediarios. Y por último, cómo reducir el desperdicio energético que supone tener capacidad para movilizar cientos de miles de personas. Sin embargo, aún son tenues las respuestas cooperativistas de protagonismo social en terrenos económicos, energéticos, alimentarios, cuidados, entre otras patas, y que haría que la protesta se asentase en unas bases vitales que, a su vez, profundizarían en el avance de la dinámica de radicalizar la democracia.

Cuestionar

Por otra parte, el 15M está levantando cuestionamientos de la representación política moderna, acrítica y alejada, que ponen a los partidos y sindicatos tradicionales en el ojo del huracán. Y es que el 15M anuncia nuevos sujetos políticos. Forma parte de la estela de nuevos movimientos globales –globales en su interés de problematizar holísticamente nuestro hábitat ambiental, político y de satisfacción de necesidades básicas– que se apoyan en expresiones de democracia radical –desde abajo, con énfasis en la autogestión– para construir sus nuevos mundos.

Y entonces, ¿qué dinámicas de participación política y de activación de un sindicalismo crítico se podrían respaldar? Aún es pronto para decirlo, pero vemos emerger experiencias que combinan –o tratan de combinar– apuestas institucionales con procesos de base, asamblearias, de fuerte desidentificación en forma de líderes o proyectos cerrados y con ganas de trabajar desde la diversidad y a partir de luchas concretas. En su cara más liberal tendríamos los partidos pirata; y en una dinámica más de ligarse a procesos de protesta, contamos con la incipiente iniciativa en Italia del Movimiento de Cinco Estrellas. “Antipartidos”, como los llaman, que se suman a las iniciativas de protagonismo social frente a elecciones concretas, sean estudiantes acomodados en México, descontentos de Senegal que gritan “Y en marre!” (¡ya basta!), el surgimiento del propio 15M o los ríos de desobediencia en las calles del 13 de marzo de 2004 en este país.

Y en cuanto al sindicalismo, no es sólo un problema de entendimiento entre estructuras y generaciones, que también. Es un (des)encuentro de culturas políticas. Unas, las tradicionales, inclinadas más hacia la “política del o”, de la disyuntiva, de identidad y proyectos, y formas de hablar más encasilladas. Otras, las nuevas, más agregativas, la “política del y”, del buscar sinergias y por tanto renuentes o más evanescentes para mantener diálogos y procesos estables en el ámbito sindical más clásico.

La barbarie

Queda además la cuestión de cómo ir más allá del empleo para hablar de reproducción social, de trabajos no remunerados, de cuidados. En ese contexto, se exploran tras el aniversario de mayo de 2012 varias respuestas: encontrar canales de interlocución con sindicatos tradicionales críticos, evitando “entrismos”; buscar fórmulas propias y articuladas de trasladar dinámicas del 15M a centros laborales; y revisitar la herramienta de la huelga general para proponer una huelga social, de consumo, de empleo, de cuidados. Aquí está por venir –yo diría que por imaginarse incluso– la reinvención de un sindicalismo laboral, social y ecopolítico que cimente las ansias de protagonismo social y radicalización de la democracia propias de los nuevos movimientos globales.

¿Tiene futuro el 15M? La barbarie que atravesamos impulsará múltiples búsquedas en este país. La que protagoniza el 15M estará entre ellas. Otras democracias –emergentes– están en marcha. Y todos esos sujetos podrían llevar a colocar en el centro de nuestras prácticas políticas: el protagonismo, la cooperación social y la relocalización de herramientas –agentes, sistemas– para atender nuestras necesidades básicas.

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Ilustración: Isa.
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