Hay que disolver el sionismo para alcanzar la paz
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Isa

Como palestino que ha estado
viviendo bajo el yugo de
la ocupación militar israelí
durante más de 39 años y
que perdió a tres tíos inocentes bajo
las balas de la ocupación, no se me
hace cuesta arriba comparar a Israel

26/10/06 · 0:56
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Isa

Como palestino que ha estado
viviendo bajo el yugo de
la ocupación militar israelí
durante más de 39 años y
que perdió a tres tíos inocentes bajo
las balas de la ocupación, no se me
hace cuesta arriba comparar a Israel
con la Alemania nazi.

Es verdad que Israel no ha instalado
cámaras de gas en ciudades y
pueblos palestinos. Sin embargo, no
ha cesado de asesinar y atormentar
palestinos de diferentes maneras,
con una brutalidad e infamia absoluta
que no difiere en esencia del comportamiento
nazi.

Además, es necesario recordar
que el holocausto alemán no empezó
con Auschwitz y Bergen Belsen, sino
con una idea, con un libro y una
Kristalnacht, ese tipo de cosas hoy
tan endémicas en el pensamiento colectivo
de Israel conforme la sociedad
judía israelí se deja arrastrar hacia
el fascismo religioso y patriotero.

Sionismo

No es que el sionismo liberal esté cediendo
el paso al sionismo religioso,
tal como pretenden algunos apologistas
proisraelíes. Sionismo liberal
o sionismo democrático son términos
contradictorios entre sí.

El sionismo, se nos dice, busca “la
construcción de una patria nacional
para los judíos”. Sin embargo, para
millones de sus víctimas, el sionismo
busca la extirpación, la expulsión y
la dispersión de la mayoría del pueblo
palestino, mediante el terror organizado
y la violencia. Ése es el lado
atroz del sionismo, que buena
parte de Occidente se niega a ver.

Desde el principio el sionismo consideró
Palestina como una nación sin
pueblo para un pueblo sin nación.
Esta arrogante negación de la existencia
de mi pueblo no se originó en
la ignorancia de la realidad. Fue más
bien una expresión de racismo violento
y virulento, muy parecida a la
de aquellos bárbaros europeos blancos
que exterminaron a seis millones
de nativos americanos.

Los sionistas sabían que Palestina
estaba habitada por cientos de miles
de cristianos y musulmanes. De hecho,
a pesar de que han pasado 50
años desde la creación del ‘Estado
judío’, el objetivo no declarado pero
final de Israel sigue siendo la expulsión
de los palestinos de la zona que
se extiende entre el río Jordán y el
mar Mediterráneo.

Cualquier observador informal de
los medios israelíes se enfrenta casi
a diario con comentarios y declaraciones
de funcionarios israelíes -incluso
de miembros de la Knesset y
ministros del Gobierno- que exigen
el “traslado” de los palestinos, no sólo
de Cisjordania, Gaza y Jerusalén
Este, sino también de Israel.

El “traslado” no es un término
inocente. Se trata de un eufemismo
de genocidio, al menos de un genocidio
parcial, puesto que es casi imposible
llevar a cabo la expulsión y
la limpieza étnica de millones de
personas sin recurrir al asesinato
en serie y al terror masivo.

Es imperativo que llamemos al crimen
por su nombre. Al igual que los
nazis trataron de arrasar a los judíos
como pueblo, los sionistas han estado
tratando de arrasar a los palestinos
como pueblo. La destrucción sistemática
de aproximadamente 460
ciudades y pueblos palestinos por
parte de Israel (1948-52) expresaba
la total indiferencia y negación del
“otro”, sobre la única base de que las
víctimas no eran judías.

Apartheid

Por desgracia, este modus operandi
sigue siendo la política central de
Israel hacia el pueblo palestino. No
existe prueba más diáfana de las intenciones
maliciosas de Israel que la
construcción intensiva de centenares
de asentamientos sólo para judíos
en territorios ocupados. Asentamientos
sólo para judíos, carreteras
sólo para judíos, piscinas sólo para
judíos, incluso derechos sólo para
judíos. Y ahora tenemos ese maldito
muro gigantesco.

Además de los asentamientos,
Israel ha tratado de hacerles la vida
insoportable a los palestinos con la
intención de obligarlos a emigrar
para siempre.

Con este fin, los sucesivos gobiernos
israelíes (tanto los laboristas como
el Likud) han utilizado cualquier
truco legal concebible, incluida la introducción
de un doble sistema de
justicia, uno liberal para judíos y uno
riguroso para quienes no lo son.

Una expresión de este apartheid
judicial es el encarcelamiento indefinido,
sin cargos ni juicio, de miles de
activistas palestinos, estudiantes,
profesionales y profesores universitarios,
así como políticos, diputados
y ministros (desde 1967, Israel ha detenido
a más de 800.000 palestinos).

Cuando el sistema notoriamente
insidioso de represión institucionalizada
fracasó en su intento de hacer
que una cantidad importante de palestinos
emigrase, Israel recurrió a la
fuerza sin pudor, aterrorizando y
asesinando palestinos ante la menor
“provocación”, exactamente de la
misma manera que los nazis de
Hitler en la Europa ocupada hace
más de 60 años.

Sí, kamikazes palestinos han llevado
a cabo ataques contra civiles
israelíes y han matado israelíes
inocentes, a menudo como represalia
por el asesinato de niños palestinos.
Por mi parte, condeno totalmente
y sin vacilación estos crímenes
suicidas contra israelíes
inocentes.

Dicho lo cual, Israel no puede empujar
a los palestinos hasta el límite
del exterminio físico y la desaparición
nacional y gritar al mismo tiempo
que Hamás representa el terror y
los ataques suicidas.

Israel afirma que no mata deliberadamente
niños y civiles palestinos.
Los errores ocurren una vez,
dos, diez veces. Pero cuando el asesinato
de civiles se repite casi a diario
es que se trata de una táctica
política. Matar a sabiendas es matar
deliberadamente.

Hoy se trata del mismo Israel cuyo
Ejército acaba de destruir gran
parte de Líbano y de arrojar un millón
y medio de bombas de racimo
en el sur del país.

Salidas

Sé que los apologistas profesionales
proisraelíes, incluso los que se autoproclaman
seguidores de las nobles
tradiciones izquierdistas contra la
opresión, gustan de establecer una
cierta simetría moral entre Israel y
los palestinos.

Pero cabe preguntar qué simetría
puede haber entre el violador y su
víctima, entre la fuerza de ocupación
y el pueblo ocupado, entre el
colono fanático armado y el aterrorizado
labrador palestino que depende
de los pacifistas voluntarios
occidentales para protegerse de la
brutalidad de los colonos.

¿Cabe la esperanza de una solución
pacífica en este amargo y perdurable
conflicto? Sin duda alguna, y
se basa en el desmantelamiento del
sionismo y la creación de un Estado
único, cívico y democrático en
Palestina-Israel, donde judíos y árabes
vivan como ciudadanos iguales,
tal como muchos judíos y árabes están
viviendo hoy en Europa.

El sionismo debe ser disuelto
porque el concepto de “Estado judío”
implica necesariamente el racismo
intrínseco contra quienes no
son judíos.

Por fortuna, hay judíos con conciencia
y buena voluntad que estarían
de acuerdo con esta solución.
Ellos son nuestros aliados naturales
para alcanzar la paz.

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