El Gobierno de transición agota su crédito

El 25 de febrero, más de un millón de personas volvían
a la plaza de Tahrir para exigir a los mandos militares
que se cumpla el resto de exigencias de la revolución.

09/03/11 · 8:00
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Por segunda semana consecutiva
tras la expulsión del poder de Hosni
Mubarak, más de un millón de personas
de la sociedad civil egipcia volvieron
a echarse a las calles de El
Cairo el viernes 25 de febrero para
recordarle al Consejo Supremo de
las Fuerzas Armadas que la mayor
parte de las reivindicaciones de la revolución
siguen sin cumplirse. “Con
la salida de Mubarak se cortó la cabeza
del régimen, pero el cuerpo del
mismo sigue estando ahí casi en su
totalidad”, afirmaba Ingie Hamdi,
uno de los responsables del movimiento
Jóvenes del 6 de abril, uno de
los grupos que convocó la primera
movilización el 25 de enero. “Se trata
de altos funcionarios, empresarios y
todos aquellos que dirigían todos los
resortes del régimen y que siguen
ocupando los mismos puestos que
antes de que echáramos a Mubarak”,
afirma Hamdi.

No obstante, la principal reivindicación
de los manifestantes sigue
siendo la salida del último
Gobierno nombrado por Hosni
Mubarak, liderado por el general y
antiguo ministro de Aviación,
Ahmed Shafiq. Además, según rezaba
un comunicado de la coalición
Movimiento 25 de Enero, creada
para coordinar a los diferentes
grupos que participaron en la revolución,
exigen “la marcha de todo
el Gobierno, el fin del estado de
emergencia y unas elecciones libres”.

En esta ocasión, las reivindicaciones
también alcanzan a los
gobiernos locales, de los que piden
“la dimisión de todos los gobernadores
y la disolución de las asambleas
regionales y locales”, todos
ellos nombrados por el anterior régimen.
Por otra parte, exigen que
se acelere la salida de presos políticos
de las cárceles de todo el país,
proceso que se está llevando a cabo
con cuentagotas.

Nueva acampada en Tahrir

Precisamente la falta de acción por
parte del Ejército llevó a un grupo
de unas mil personas a volver a
acampar en la plaza de Tahrir el sábado.

No obstante, la respuesta de
la policía militar no se hizo esperar
y esa misma noche los expulsó de
allí de manera violenta, dejando un
número sin confirmar de heridos y
detenidos. Al día siguiente, en una
continuación de esa especie de política
del palo y la zanahoria que lleva
a cabo desde que se hiciera con
el poder, el Ejército hizo públicos
tres comunicados en apenas unas
horas, en los que expresaban
“nuestras disculpas por haber expulsado
a los concentrados en
Tahrir por la fuerza”, al tiempo que
se comprometía “a la liberación de
los detenidos por la policía militar”.

Dejando claro que “ni han ordenado
ni ordenarán la respuesta violenta
a las legítimas reivindicaciones
del pueblo egipcio”, concluían
las notas de los militares.

A pesar de las permanentes promesas
de los militares, lo cierto es
que hasta la fecha tan sólo se han
tomado medidas superficiales sin
abordar los grandes temas sobre la
mesa. Apenas 35 presos políticos
han sido liberados. Diez ministerios
de segunda fila han cambiado
sus titulares, pero el Gobierno se
ha negado a destituir al primer ministro.
Mientras, el consejo constitucional
nombrado para reformar
la Carta Magna ha sido puesto en
entredicho por juristas y políticos
independientes, en tanto que se
compone mayoritariamente de personas
de confianza del antiguo régimen.
Dicha situación, unida a la
represión del sábado, hace crecer
la desconfianza en la calle. “Ha llegado
la hora de acabar con la idealización
del Ejército”, afirmaba en
Twitter Hosam el-Hamalawy, periodista
egipcio. “Al fin y al cabo,
son los generales de Mubarak, no
de los ciudadanos”, concluía.

Las mujeres en la revolución

Desde que se marchara Mubarak y
se abandonara la plaza de Tahrir, la
Fundación Nueva Mujer (FNM), grupo
feminista egipcio, ha llevado a cabo
una recopilación de testimonios
de mujeres que han participado en la
revolución, con la que pretenden
“mantener a esas mujeres en la lucha
por el cambio”, en tanto que para muchas
esta era la primera ocasión en la
que hacían activismo político. No
obstante, a pesar de la elevada participación
de mujeres en las movilizaciones,
“hasta el momento ningún
grupo, ni siquiera aquellos liderados
por jóvenes, han luchado activamente
por que se escuche la voz de la mujer”,
concluyen desde la FNM.

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