Euskal Herria en la encrucijada

La belicosidad de la derechona, las tensiones en
torno al tema presos vascos, los recientes episodios
de kale borroka, la preeminencia de las decisiones
judiciales, la falta de avances públicos, son datos
para dudar de la salud del proceso de paz. Quizás
falte el decidido impulso a dicha negociación de los
movimientos sociales del Estado español. Impulso
que necesita un diagnostico común. Abrimos nuestras
páginas para ayudar a elaborarlo.

16/10/06 · 19:44
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Cuando se habla de
Euskal Herria es bueno
recordar la historia reciente.
En los años de la
Transición, y hasta que la Constitución
fue aprobada, todos los
partidos y fuerzas democráticas y
de izquierda (PSOE, PCE...,
CCOO, UGT..., a nivel estatal, y
todas las fuerzas nacionalistas y
de izquierdas vascas) defendían el
reconocimiento a este pueblo de
su derecho a la autodeterminación,
abarcando con el mismo lo
que hoy es la Comunidad Autónoma
Vasca y Navarra.

El consenso constitucional, sin
embargo, se tragó todo aquello,
como se tragó también la reivindicación
republicana, la depuración
del Ejército, la laicidad del Estado
y tantas otras aspiraciones democráticas
y sociales. Tanto es así
que, incluso hoy en día, el actual
proyecto-vergüenza de Ley de la
Memoria Histórica del Gobierno,
nos recuerda que los pactos de entonces
con los poderes fácticos
(Monarquía, Ejército, Banca...) siguen
teniendo una gran vigencia.

Consenso y voluntad

A pesar de todo, aquel consenso no
logró quebrar la voluntad de este
pueblo y sus aspiraciones de libertad
y soberanía. El referéndum
constitucional embarrancó en
Euskal Herria, sin conseguir su
apoyo. Más adelante, en el referéndum
de la OTAN, Euskal Herria
volvió a dar un NO rotundo a ese
engendro militarista e imperialista.
Por último, en el pasado refrendo
sobre el proyecto de Constitución
Europea, se repitió ese rechazo. Es
decir, siempre que el poder central
ha preguntado a nuestro pueblo por
su opinión sobre esos tres pilares
sobre los que se asienta el Estado
español (Constitución, OTAN y
Unión Europea), su respuesta ha sido
opuesta a los mismos o, cuando
menos, no favorable.

Valga esta introducción para afirmar
algo que constantemente trata
de ocultar y tergiversar el poder político
y el mediático: aquí existe un
pueblo que, contra su voluntad, sigue
encerrado en un Estado y un
marco repetidamente rechazado.
Las reivindicaciones que hoy defiende
la izquierda abertzale (reconocimiento
de Euskal Herria como
pueblo y de su capacidad para decidir
su futuro) no son pues invenciones
gratuitas, sino algo arraigado
en un muy amplio sector social que
va bastante más allá de la base militante
y electoral de Batasuna.

La izquierda abertzale ha hecho
hoy una apuesta global por superar
definitivamente el conflicto político
que vive Euskal Herria a través de
un método dialogado y compartido
entre todas las fuerzas políticas
existentes en nuestro pueblo. Se
trata de que puedan abrirse las
puertas para que su palabra y su decisión
sean los pilares sobre los cuales
construir su futuro. No se reivindica
la independencia -a la cual, por
otro lado, no se renuncia-, sino cortar
los nudos gordianos que impiden
que la palabra y la decisión de
nuestro pueblo sean respetadas.

Juego sucio

Tras la declaración de Anoeta de
Batasuna hace tan sólo diez meses
(diálogo asentado en dos carriles,
ETA-Gobierno, por un lado, y Mesa
de partidos, por otro) y después de
llevar tres años sin realizar atentado
mortal alguno, el pasado 22 de marzo
ETA declaró un alto el fuego indefinido.
Desde entonces hasta ahora,
y a pesar de todas las vueltas de tuerca
represivas habidas (endurecimiento
de la situación carcelaria,
acoso a la dirección de Batasuna y
a todos sus actos, continuación del
sumario 18/98, anuncio de nuevos
juicios para más de cien personas...),
la izquierda abertzale no ha
cesado de impulsar este proceso
con todas sus fuerzas.
La declaración pública de Zapatero
en la que afirmó estar dispuesto
a respetar la libre decisión de la ciudadanía
vasca y la reunión pública
PSE-Batasuna fueron pasos dados
en una buena dirección. Pero estas
iniciativas no han tenido continuidad.
Por el contrario, el grueso de la
actuación del PSOE ha ido en una dirección
diferente. Primero fue la necesidad
de “constatar” la veracidad
del alto el fuego; luego, la exigencia
a Batasuna de que debía “legalizarse”
(es decir, arrodillarse ante la antidemocrática
Ley de Partidos y aceptar
sus decenas de espadas de
Damocles); más adelante, la necesidad
de recorrer toda una fase de contactos
previos...

El PSOE está utilizando todo tipo
de agresiones y chantajes (presos/as,
nuevos y viejos sumarios y juicios,
acoso diario a todo tipo de actividad
pública de Batasuna...), con el fin de
alargar en el tiempo y desfigurar el
proceso de negociación. Sin embargo,
a pesar de la gravedad de la situación
represiva y de ilegalización, mayor
aún que en los meses anteriores a
la tregua, la izquierda abertzale sigue
afirmando que la clave de la situación
política es la conformación de la mesa
de partidos vascos, porque esta será
la llave, no sólo para desbloquear
el actual impasse en el que se encuentra
la situación política, sino también
todo lo antes comentado: ilegalización,
juicios, presos...

Próximas movilizaciones

Desde un principio, la izquierda
abertzale ha entendido el proceso
de negociación como un proceso de
lucha. Por eso los próximos meses
van a ser escenario de una dinámica
de movilización, pueblo a pueblo,
barrio a barrio, en exigencia del reconocimiento
a este pueblo de su derecho
a la autodeterminación. No va
a existir ningún rincón de Euskal
Herria en el que no sea denunciada
la situación de bloqueo hoy existente,
la responsabilidad principal que
en todo ello tiene el PSOE, y en el que
no se genere una dinámica de movilización
y acumulación de fuerzas a
favor de la apertura clara de este proceso
de paz y libertad.

Como ya hemos dicho, el consenso
constitucional no sólo cerró las
vías a la libertad y a la autodeterminación
de Euskal Herria (España fue
declarada, al igual que lo hizo la
Dictadura, una, indivisible e indisoluble),
sino también a la República,
al laicismo... Por ello, la defensa del
derecho de autodeterminación, que
es un derecho democrático por encima
de todo, va unida también a la revisión
profunda a la que debe someterse
el régimen español; a aquella
ruptura que quedó pendiente, silenciada
y arrinconada. Por eso también,
la lucha por la derogación de
todo tipo de legislación e instituciones
antidemocráticas (legislación antiterrorista,
tribunales de excepción,
ley de partidos...) va íntimamente
unida a la lucha contra los continuos
recortes que están sufriendo las libertades
democráticas en todos los
frentes: sindical, social, inmigración...

Existen pues razones importantes
para que el derecho de autodeterminación
recupere el papel que
un día tuvo en la lucha por la libertad,
la democracia y la justicia en el
Estado español. No es tan sólo un
problema de solidaridad con el pueblo
vasco, que también lo es, sino de
algo mucho más profundo. Porque,
como ya es sabido, nunca podrá ser
libre un pueblo que oprima a otro.

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