Elecciones ERE que ERE

El autor niega la capacidad de intervención de las candidaturas ciudananas en la política institucional y aboga por otras formas de organización.

, Militante libertario
17/04/13 · 15:58
Edición impresa

En un anterior debate, participábamos planteando las limitaciones de la vía electoral para la transformación social cualitativa. Elecciones municipales, autonómicas y nacionales mediante, no sólo nos reafirmamos en lo planteado sino que hinchamos pecho cual palomo en celo para volver a afirmar: elecciones sí pero como las de Urdangarin. Esto tiene muchas lecturas.

El panorama que arrojan esas citas gira en torno a lo pronosticado: descalabro brutal del PSOE que recogió tímidamente IU en algunas regiones. Desbandada generalizada del voto hacia candidaturas de lo más variopintas. Y lo que nos ocupa: la abstención creció un 3%. No tanto, en cualquier caso, como se hubiera esperado en vista del descrédito, no ya de los partidos políticos, sino de las instituciones en general como vienen revelando periódicamente los sondeos más diversos.

En las elecciones generales de noviembre de 2011 la abstención se situó en un 28,31%; dentro del rango 20-30% tan sólo rebasado en dos convocatorias anteriores (1979 y 2000). Se ha debatido mucho sobre la consecuencia de la abstención y en mayor medida sobre la posición que defendemos los abstencionistas pero si para algo ha servido el 15M, entre otras cosas, ha sido para que esta postura deje de ser vista como esnob o simplemente pasota. Gra­cias a los debates interesantísimos que se dieron en las plazas de la península e islas desde mayo de 2011, se clarificó suficientemente el papel que juegan la abstención, el voto en blanco, el nulo o el minoritario respecto al reparto de escaños. La abstención, al igual que el voto nulo, no entra en el cómputo total de votos, por tanto no perjudican a las candidaturas minoritarias. En cualquier caso, con los cálculos de la ley D’Hont los más grandes y los partidos de base territorial siempre ganan.
En su día sugeríamos tres escenarios post-electorales para las candidaturas: fracaso, asimilación y agotamiento

En su día sugeríamos tres escenarios post-electorales para las candidaturas alternativas: fracaso, asimilación y agotamiento. La primera no requiere mucha explicación. Sobre asimilación que le pregunten a IU y sus pactos-no pactos con el PPSOE. Y por último, la política que bautizamos de campanario: replicar lo que hacen desde la mayoría municipal o parlamentaria, según el caso, pues no tenemos oportunidad de participación real. ¡Y menos mal! Imaginemos que le toca a alguna de estas candidaturas ciudadanas –a algunas de las personas que han participado de mi entorno las aprecio y admiro– aplicar un ERE entre el personal de su ayuntamiento o de cualquier empresa pública. Siempre sería por el bien del conjunto –para evitar que se hunda el barco– pero son decisiones para las que no está preparada la gente normal. Es cosa de estatistas.Los partidos políticos no llevan las riendas del Poder, sino que es éste quien los crea para legitimarse tras las monarquías absolutistas que fraguaron el Estado moderno. Hemos tenido 140 años para comprobar que la incorporación al juego político parlamentario no nos ha servido al pueblo para nada. Lo poco que logramos, con todos los peros imaginables, el Estado del bienestar, se debió más al miedo soviético que a la capacidad real de la socialdemocracia occidental.

¿Qué hacemos? ¿Les dejamos hacer y deshacer presupuestos que pueden llegar a suponer más de la quinta parte del PIB de una región –era la influencia del sector público en el PIB de Castilla-La Mancha antes de los recortes del Gobierno Cospedal–? Muy fácil: donde fueres haz lo que vieres. ¿Qué hace la casta empresarial por antonomasia, los banqueros? ¿Crean un partido como el agrarista de los terratenientes hace 80 años? ¿O influyen sobre los que tienen posibilidades de gobierno? Pues claro... Hay que hacer lobby –no penséis mal que para sobornar hay que tener posibles: ay, Iñaki ¡qué grande!–. Y nuestro ‘lobby’ va desde el escrache a mandar e-mails. Aquí hay para todas las posibilidades y gustos. ¿Y los partidos? Dejémoslos para los profesionales de la basura –¿o era al revés?–.

Lo realmente importante es construir sin esperar a lo que hagan desde el poder constituido: sindicatos, AMPAs, okupas, ateneos, economía social y alternativa... En definitiva asociarse, recuperar comunidad; lo que nos une como Pueblo.

Tags relacionados: Número 195
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

3

  • |
    Antonio
    |
    Jue, 04/18/2013 - 09:56
    Muy buen artículo y muy buen su propuesta, sobre todo por lo real y realizable de la misma. Ya que todos los partidos de izquierda han acabado siendo asimilados o ilegalizados de diferentes maneras, el &quot;estado asambleario&quot; que algunos/as proponen es irrealizable a día de hoy , contradictorio a parte.<br /><br />La democracia liberal burguesa actual se inventó para solucionar las luchas de clases capital-trabajo sin la recurrente conflictividad social que generaba en el SXIX, con frecuentes huelgas y disturbios. Para ello se hizo un marco institucional en el que se solucionarían los problemas del conflicto de clases, a través de elecciones con sufragio universal, en las que cada clase&nbsp; vería reconocida su fuerza por la mayor representación en las instituciones. La izquierda y las clases populares vieron que les favorecía, pues somos mayoría social numéricamente. Pero hecho el marco, hecha la trampa; las candidaturas populares se les expropió o impidió el acceso a los medios de propaganda política como la prensa que siguió controlada por el capital y ha conseguido que partidos im-populares alcancen unas cuotas de poder con respaldo de trabajadores/as asalariados/as. Cuando alguna se escapaba y a pesar de todo alcanzaba cuotas de poder peligrosa, véase el PSOE de finales de S XIX, se les acabó asimilando y controlando a sus líderes que acabaron convenciendo a las bases, de ahí el PSOE de los años &#39;80. Cuando ni la primera, ni la segunda restricción bastaba; se les ilegaliza si no cumplen unos criterios que impone la burguesia, como a la Izquierda Abertzale en 2001. Si todo esto no les basta, llegan a crear supuestas partidos y movimientos populistas&nbsp; como el fascismo. Pero si todo esto no vale, tienen otras herramientas, los golpes militares y las guerras., véase Chile 1973 y España 1936.<br /><br />De aquí la fuerza y necesidad de crear lobbys populares desde la base, y que luego cada uno/a elija o no la candidatura que desee, porque hoy por hoy la democracia liberal burguesa sigue teniendo bastante aceptación entre los/as trabajadores/as.
  • |
    Eva
    |
    Jue, 04/18/2013 - 03:32
    &iquest;Cómo que la casta empresarial no funda partidos? &iquest;Quiénes son Rodrigo Rato, Elena Salgado, Miguel Boyer, Josep Piqué,&nbsp;Jesús Gil... (por citar ejemplos dispares)?&nbsp;Gonzalo, &iquest;has oído hablar de las &quot;puertas giratorias&quot;, verdad? La casta empresarial se cuida mucho de tener amigos muy cercanos en el Gobierno; y quizá nosotras, las personas libertarias, también deberíamos apoyar a lxs compañerxs que se metan en el frustrante e ingrato embolado de las candidaturas ciudadanas. A mí personalmente también me interesa más dedicarme a la autoorganización y el &#39;lobby&#39;, pero me parece que sólo desde una posición dogmática se puede obviar el hecho de que los lobbies&nbsp;tienen más posibilidades de ser escuchados cuanto más afín les sea el grupo al que están presionando.<br /><br />Por otro lado, afirmar que &quot;la gente normal no está preparada para tomar ciertas decisiones&quot; no me parece propio de una persona que dice confiar en la comunidad y en el pueblo, prefiero pensar que es un error de expresión o que yo no lo estoy entendiendo bien...<br />
  • |
    Laura
    |
    Mié, 04/17/2013 - 16:39
    Es una pena que en digital no podamos leer el artículo contrapuesto en el formato impreso por Fernando Llorente. Aprecio mucho&nbsp; los análisis de ambos y creo que nos quedamos cortas si sólo leemos esta columna, en la que por otro lado creo que faltan argumentos para una afirmación tan categórica como que las candidaturas ciudadanas no tienen capacidad de intervención en la&nbsp; Política institucional. Los procesos son lentos, pero como la gota sobre la piedra...
  • Tienda El Salto