Desmovilización y reofensiva imperial

¿NUEVO CICLO POLÍTICO EN EL CONO SUR? (III)
La victoria del neoliberal Sebastián Piñera en las elecciones presidenciales chilenas ha encendido alarmas. ¿Se va ha constituir un eje claramente derechista con Honduras, Panamá, Colombia, Perú y Chile? Además en los próximos meses las derechas pueden ganar las presidenciales en Brasil y Argentina. ¿Vuelven al poder político los sectores reaccionarios? Aportamos análisis sobre el cono sur hoy.

22/02/10 · 0:00

 

La derecha continental, después de varios intentos frustrados –Venezuela en 2002 y Bolivia en 2008–, al fin logra articular, entre sucesivos y muy distintos eventos producidos en diversos países –Honduras, Haití...– una ofensiva que tiende a neutralizar la avanzada progresista continental que hemos vivido a lo largo de este siglo. Si lo vemos en perspectiva futura pareciera que la cosa pinta todavía peor, con una derecha victoriosa electoralmente en Brasil y Argentina; y cuidado si a éstas no se le suma Venezuela con la pérdida por parte del chavismo de las próximas elecciones legislativas de septiembre.

¿Por qué sucede? ¿Y qué supone todo esto? La diferencia del espacio continental nuestramericano respecto a buena parte del mundo, políticamente hablando, es que desde finales de los ‘80, con la agudización de la crisis social creada por la entrada salvaje del neoliberalismo, se desarrolla una movilización de masas con fuertes tendencias subversivas. Ésta a su vez derivó en la formación de grandes frentes políticos de izquierda o en el apoyo a partidos históricos ya consolidados como es el caso del PT brasileño, el FSLN en Nicaragua o el FMLN en El Salvador. Estos, en la medida de su éxito, se sitúan así mismos como representantes de los deseos e ideales libertarios, presentes en estos movimientos, y en ejecutores de los mismos. Empezando por la revolución bolivariana, se trató de una ecuación exitosa que se repitió prácticamente en todo el continente abrazándolo por completo.

Independientemente de la notable diferencia entre liderazgos, la estela emancipadora recomenzaba su camino. Sin embargo esta condición representativa de los movimientos de unidad popular lastra. Incluso en el Gobierno que menos la asumía, el de Chávez en sus comienzos, que se presentaba exclusivamente como un gobierno de impulso del proceso popular constituyente o bajo el mando de la dinámica revolucionaria de masas, o de “multitudes” como gusta decir ahora. Todos estos gobiernos trajeron y traen consigo la maldición burguesa de la representación; súmenle a ello los desmanes de la corrupción, la burocratización, el aburguesamiento propio, etc. En otras palabras, pretenden –otra vez– presentarse como el “pueblo en el poder”, vanguardias de asalto democrático del poder constituido que al final, por la misma lógica de Estado y la representación harán todo lo que está en sus manos por bloquear el movimiento ofensivo de transformación revolucionaria, favoreciendo solamente algún nivel de “autonomía defensiva”, es decir, algunas moderadas y muy “sensatas” iniciativas de base encaminadas a salvar los gobiernos progresistas de los ataques conspirativos de la derecha.

Movimientos tutelados

Esta situación produjo unos movimientos tutelados. En el caso de Venezuela, por ejemplo, lleva diez años moldeando una subjetividad política en la base popular del chavismo cuyo reflejo movilizante está centrado básicamente en la lógica defensiva. Y se deja que los lineamientos ofensivos que puedan tener un carácter transformador efectivo –la ocupación del espacio territorial y productivo en manos de la burguesía, la lucha por los derechos populares, el ataque al Estado burgués que se reproduce a sus anchas, la expansión de espacios autogobernantes y de desarrollo alternativo, etc.– sean administrados directamente por el Estado y su lógica burocrática. Lo que equivale a disminuirlos al mínimo hasta desaparecerlos. Tras diez años, incluso estos reflejos defensivos van perdiendo velocidad y capacidad de convocatoria, reduciéndose a las movilizaciones de rigor convocadas desde arriba.

Tenemos allí una razón de desmovilización fundamental a la cual se suma la situación económica vivida en todo el continente en buena parte de los años 2000. Una expansión del consumo y de la economía de mercado que ha generado, al menos hasta finales de 2008, una disminución de las presiones sociales. Y por tanto de la movilización reivindicativa, compensada por una mayor distribución de dinero y una creciente capacidad de consumo entre los sectores más marginados y de trabajadores en general. Sumemos un cierto incremento de programas sociales, acceso a algunos servicios, y expansión del sistema educativo y de salud en algunos casos, que han servido para desacelerar la movilización cotidiana y desgraciadamente también para redoblar los mecanismos de sometimiento clientelar entre población y Estado; otro formidable calmante de masas.

El modelo político representativo y las circunstancias históricas particulares le han quitando fuerza subversiva a los movimientos populares, elemento que es clave para entender no la ofensiva en sí del Imperio y las cabezas de puente obtenidas en los últimos meses, sino el porqué estas mismas iniciativas parecieran encaminadas a tener éxito en el inmediato y mediano plazo. Un pueblo desmovilizado, a la defensiva y administrado externamente en su dinámica política, se hace estúpido ante sus enemigos, perdiendo astucia y capacidad creadora a la hora de la confrontación y la defensa de los espacios ganados.

¿Cuál es entonces el horizonte que podemos prever? Si no hay mayores eventos que desvíen tendencias –guerras, conspiraciones nuevas, rebeliones, hechos nada descartables– lo más probable es que nos encontremos en uno o dos años con un campo de fuerzas donde se vuelven a equilibrar las tendencias conservadoras y progresistas a nivel electoral con preferencias hacia las primeras. La izquierda gobernante quedaría reducida al espectro limitado del ALBA, recogido sobre sí mismo y con todas sus limitaciones.

Para un imaginario político anclado sobre el conflicto de representaciones esto podría entenderse como una derrota casi definitiva. Sin embargo, de ahora en adelante la confrontación esencial donde se juega realmente el problema emancipatorio se desplaza del contexto representativo y de asalto democrático a las viejas instituciones del Estado, hacia el plano del control territorial efectivo. Los gobiernos de izquierda si sobreviven y no se transmutan en corporaciones burocráticas represivas y acusatorias, como ya ha pasado en nuestro caso, podrán tener el chance de jugar el papel de retaguardias al servicio del avance territorial productivo y autogobernante de los pueblos.

El Imperio ya no va a por países en sí, va a por el control de recursos, saberes y fuerzas de trabajo presentes transversalmente en todo el territorio, utilizando los aparatos de Estado existentes, los “paraestados” en formación y las burguesías regionales y sus propias bases como fuerzas de presión y de choque. Esa guerra por nuestra tierra y por nuestros sueños va a ser el terreno verdadero de la confrontación a venir en los tiempos inmediatos. Inaugurando una nueva fase –no representativa– de la revolución social nuestramericana.

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Isa
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