Cuando la derecha habla

Hace ya casi 70 años que la derecha españolista tomó una decisión histórica, adoptar una sola cara pública a la que denominarían “Movimiento Nacional”. El decreto de Unificación de abril de 1937 por el que nacía la Falange Española Tradicionalista y de las JONS daba con dos de las claves de poder del sistema político franquista: el “partido único” y la dimensión de “movimiento moral”. Estas señas de identidad se presentarían como base del caudillismo de Franco.

, Historiador
24/06/06 · 14:30
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Hace ya casi 70 años que la derecha españolista tomó una decisión histórica, adoptar una sola cara pública a la que denominarían “Movimiento Nacional”. El decreto de Unificación de abril de 1937 por el que nacía la Falange Española Tradicionalista y de las JONS daba con dos de las claves de poder del sistema político franquista: el “partido único” y la dimensión de “movimiento moral”. Estas señas de identidad se presentarían como base del caudillismo de Franco. El partido único, como herramienta de control macropolítico y de liderato unipersonal, se definiría como la guía espiritual de la nueva era del conservadurismo social. Por otro lado, la dimensión de movimiento, donde la demostración pública, la simbología y, sobre todo, el cuidado y la defensa de un proyecto moral micropolítico estarían encargados de dotar de contexto ideológico a esta nueva sociedad nacida de la guerra y la represión.

Muchas son las cosas que han cambiado en la derechona, sobre todo desde que el proyecto franquista quedase indisociablemente unido al del capitalismo internacional. Y muchas son las crisis que ha tenido que afrontar en su camino de reconversión desde la Transición hasta nuestros días. Pero estas dos claves asentadas por Franco han estado en la base de cada refundación exitosa.

Ahora mismo, la derecha española está en un proceso de recomposición de enormes proporciones. Las manifestaciones realizadas en los últimos días, entre las que se incluyen las del Foro por la Familia, los Archivos de Salamanca o las de la defensa de la asignatura de religión, persiguen un doble propósito. En un lado, reforzar y redefinir sin fisuras las estructuras de “partido único” de la derecha que tan buenos resultados ha dado electoralmente y, por otro lado, revitalizar la base e infraestructura de un “movimiento moral conservador” que desde abajo y con claras dimensiones de movimiento social afronte el combate por la hegemonía cultural de la derecha católica, patriarcal y capitalista.

En ese sentido se debe afrontar este campo de batalla. De nada sirve hacer simples guerras de cifras en las manifestaciones o achicar los fantasmas, el Foro Conservador Mundial tuvo lugar en la reelección de Bush y los funerales de Juan Pablo II. El PP, como entidad de coordinación política a escala estatal de esta realidad, ha abierto el proceso de refundación de una derecha depredadora que, como en la guerra civil, sepa encontrar un líder solvente, una estructura de partido sólida y un movimiento sociopolítico conservadurista que desde las Confederaciones Padres de Alumnos católicas hasta algunas asociaciones de víctimas del terrorismo reconstruyan el orden despótico desbaratado coyunturalmente tras la guerra y el 13-M. Con esta estrategia afrontan la compleja labor de homogeneizar y controlar la diversidad que imponen millones de personas a través de migraciones, opciones sexuales e itinerarios de vida. Se entiende así que la comunidad nacional, el catolicismo y la familia tradicional deben acompañar al “sano negocio” de ganar dinero.

Por esta razón, el reto actual es doblemente complejo para los movimientos sociales. No sólo les corresponde el papel de luchar desde las catacumbas de la contrahegemonía cultural ante una derecha espoleada por su retroceso electoral, sino que tienen la compleja misión de sacurdirse el rol de “opinión pública” y reapropiarse del debate político más allá de los consensos tan oportunistas como inteligentes que está manejando Zapatero al tomar lo que habla la derecha como constante espejo donde mirarse.

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