Crisis, ¿qué crisis?

Crisis energética, inmobiliaria, financiera y bursátil, cambio climático... Un escenario de colapso sistémico que movimientos
sociales de base y propuestas transformadoras enfrentan justo cuando no parecen lograr salir del bache. ¿Cómo analizar la situación? ¿Desde qué espacios, territorios, prácticas o líneas avanzar?

, Activista y periodista independiente afincado en Chiapas - México
02/10/08 · 0:00
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Isa

Tendrá razón Immanuel  Wallerstein cuando afirma que estamos en la fase última del sistema mundo capitalista iniciado en 1492? Posiblemente. Las diversas y graves crisis mundiales que padecemos, las continuas guerras y despojos, el agotamiento político y la catástrofe ecológica que se nos viene encima pueden dar cuenta de que algo así está pasando.

¿QUÉ PASARÁ DESPUÉS?
Este filósofo neoyorquino de 78 años explica que actualmente estamos en una bifurcación histórica, que puede desembocar al menos en dos opciones: “Una de las dos posibilidades es que se cree un sistema diferente del capitalismo, pero que recupere y conserve dos de sus aspectos centrales, siendo entonces un sistema muy jerárquico y también muy polarizante. [...] La otra posibilidad es que seamos capaces de crear un sistema relativamente democrático e igualitario, que minimice la desigualdad y las jerarquías, pero al que no podemos llamar ni socialismo, ni comunismo, ni utopía, porque esto nos haría pensar en realidades del pasado, mientras que ese sistema puede tener una estructura organizativa completamente diversa”.

¿QUÉ PODEMOS HACER?
“Es un sistema que todavía debemos crear. Y el resultado depende también de todos nosotros, de nuestra participación, de nuestras acciones individuales y colectivas”, según el sentir del pensador estadounidense. Los movimientos sociales no deben dedicarse a resistir únicamente, sino que tienen que emplear sus fuerzas en construir ese otro mundo. O como dice el filósofo español Santiago Alba Rico: “No me atrevería a sugerir un paradigma político alternativo. Al mismo tiempo estoy de acuerdo en que es urgente elaborarlo, no vale con deslegitimar o deconstruir el capitalismo; es imperativo contar con algo más”.

¿CÓMO LO HACEMOS?
El activista e intelectual mexicano Gustavo Esteva, siguiendo las tesis de Wallerstein, cree que debemos recoger las enseñanzas del pasado, tanto teóricas como prácticas, para crear algo nuevo, distinto, entre todos y todas. Y para ello hay que enriquecer el lenguaje y las prácticas, no quedarnos anclados en presupuestos anteriores e inventar formas incluyentes, consensuadas, iniciar una búsqueda de lo común (para ir construyendo cierta comunidad política), sin imponer, escuchando, quizás yendo al paso del que va más lento, para ir juntos y juntas. Es fundamental potenciar los canales de comunicación horizontal, donde se muestren las prácticas, no sólo los discursos. “La conmoción y el contagio suponen moverse con el otro u otra y hacerlo con todo el ser, no sólo con la cabeza”.

¿ES POSIBLE HACER ALGO?
Esteva además argumenta que en este momento de ruptura en el que estamos, el sistema capitalista apoyado en el Estado nación, tal y como lo conocemos desde hace 200 años, ya ha muerto: el neoliberalismo se ha encargado de fulminarlo (privatizaciones, flexibilidad, retroceso en derechos civiles, represión y despojo...). Este sistema político está por cambiar, y debemos hacer que las personas y colectivos construyan, no los partidos ni los entes económicos. Pero para poder dotar de fuerza a esa construcción alternativa tenemos que cambiar la forma de mirar, usar nuevos lentes, con los que analizamos el presente y trazamos líneas de lucha. Y quizás no poniendo el acento en lo económico, como hasta ahora, sino más bien en lo sociopolítico y lo simbólico, para empezar. Hay que renombrar la emancipación y hacerla visible con nuevos ropajes

¿QUÉ PASA CON LOS PARTIDOS POLÍTICOS?
Por ello, la discusión sobre la izquierda parlamentaria me parece algo vacío y alienante. Apoyar a un partido en el mercadeo electoral es hacerle el juego al sistema, y perder tiempo y fuerzas. La sociedad civil, donde se sitúan los movimientos sociales de izquierdas, anticapitalistas y transformadores, debería mirarse y mirar alrededor, no hacia arriba. Las actitudes de vanguardia o de (ilusoria) lucha por el poder han demostrado su inutilidad para cambiar el sistema (político, social, económico, religioso, ecológico, de género...). Se corre el riesgo de que la izquierda permanezca anclada en una tradición discursiva que ya no introduce ningún efecto en el mundo.

¿Y CON LA SOCIEDAD CIVIL?
Estamos necesitados de cambiar el mundo, pero paso a paso, por lo más cercano, y quizás debamos primero desnudarnos de inquebrantables dogmas y prácticas, no aislarnos con verdades sectarias y sí conocer, escuchar otras verdades (más o menos transformadoras), sin imponer tiempos ni ritmos, para poder aprender-enseñar y crear redes de apoyo mutuo. La recuperación o creación de ámbitos comunes exige concepciones ligadas a sujetos reales (preexistentes, en formación o por constituir), que pueden definir sus relaciones en torno a objetos reales de su interés: su consumo, su barrio, su condición de mujer, su salud...

¿QUIÉNES ESTÁN HACIENDO ALGO ASÍ?
Este construir autonomía en el interior y enredarte hacia el exterior, mostrando prácticas diversas y radicales, es lo que desde 1994 ha pretendido el movimiento zapatista chiapaneco. Y no sólo lo pretende, sino que lo consigue por ejemplo con los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno, por un lado, y la Otra Campaña y la Zezta Internacional, los encuentros internacionales y los congresos indígenas, por el otro. No consiste en copiar lo que los zapatistas dicen o hacen, sino extraer enseñanzas de su praxis para trabajarla en nuestros territorios de lucha, que tiene unas peculiaridades propias. Dejarnos contaminar de las ideas de otras luchas y de otras formas de mirar, no caer en establecer sectas cerradas.

¿EN QUÉ NO DEBERÍAMOS CAER?
Como ya dijera en 1970 el brasileño Paulo Freire, “la sectarización es siempre castradora por el fanatismo que la nutre. La radicalización, por el contrario, es siempre creadora, dada la crítica que la alimenta. [...] La inicie quien la inicie, la sectarización (de izquierdas o de derechas) es un obstáculo para la emancipación [...]. Y ambos (sectarios derechistas e izquierdistas) se transforman en reaccionarios ya que, a partir de su falsa visión de la realidad, desarrollan, unos y otros, formas de acción que niegan la libertad”.

¿FIN?
Siguiendo al filósofo catalán López Petit, “la clave del futuro de las luchas autónomas es que se vinculen al malestar social”, sea por la despenalización del aborto, contra una refinería, por una vivienda digna, contra los parquímetros, por espacios culturales, contra la mercantilización de la vida, por medios de comunicación alternativos, contra la violencia laboral, por el software libre, etc. Todas tienen cabida y tienen que ser respetadas. A partir de ahí, crear lazos de lucha y una sociedad civil por ‘otro mundo’. Como decía Eugene Ionesco: “Las ideologías nos separan, los sueños y la angustia nos unen”. Así, ya ese ‘otro mundo’ se presenta real y dispuesto a ser alimentado, en su diversidad, por diálogos, autonomías, innovaciones, solidaridades, coordinaciones, compromisos, pasiones, reflexiones... para consolidarse. Pero aún queda todo por hace

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