Construir Europa desde abajo y contra el capital

En su artículo Europa: espacio
de lucha Toni Negri
señalaba correctamente la
imperiosa necesidad que
tiene la izquierda europea de pensar
en términos continentales. Sin
embargo, en su planteamiento subyace
una orientación errónea respecto
a la relación que la izquierda
debe mantener con la UE actual. El
argumentario de Negri no es nuevo
y entronca con sus posiciones pasadas
de apoyo crítico a la constitución
europea. Su razonamiento
confunde la necesidad de articular

30/10/08 · 0:00
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En su artículo Europa: espacio
de lucha Toni Negri
señalaba correctamente la
imperiosa necesidad que
tiene la izquierda europea de pensar
en términos continentales. Sin
embargo, en su planteamiento subyace
una orientación errónea respecto
a la relación que la izquierda
debe mantener con la UE actual. El
argumentario de Negri no es nuevo
y entronca con sus posiciones pasadas
de apoyo crítico a la constitución
europea. Su razonamiento
confunde la necesidad de articular
una estrategia continental por parte
de la izquierda anticapitalista europea
con la subalternización de ésta
al proyecto de integración de las
elites continentales. Asocia mecánicamente
toda oposición abierta a la
Europa del Capital con una estrategia
carente de perspectiva internacional
y de repliegue resistencialista
en el marco del Estado-nación. Si
bien dicha orientación existe entre
algunas fuerzas progresistas, parece
difícil de negar que el grueso de
la izquierda social y política que ha
estado impulsando iniciativas como
el Foro Social Europeo (FSE) o
la campaña francesa por el non a la
Constitución Europea lo han hecho
desde posiciones internacionalistas,
solidarias, y de defensa de “Otra
Europa”. Negri descalifica a la “extrema
izquierda” europea y a proyectos
como el Nuevo Partido Anticapitalista
(NPA) de Besancenot en Francia y Die Linke en Alemania, a
las que acusa del “abandono del
proyecto de la unidad europea” y
de defender “posiciones antieuropeas”,
sin aportar muchas evidencias.
Conviene señalar, por cierto,
que Die Linke y el NPA son, aunque
Negri los meta en el mismo
saco, proyectos dispares y con
concepciones estratégicas diferenciadas.
Esquematizando, Die
Linke es una formación antineoliberal
que no excluye colaborar con
partidos y gobiernos social-liberales
para intentar “influenciarlos”, mientras
que el NPA sitúa la lucha contra
el neoliberalismo en una perspectiva
anticapitalista y en base a la
independencia clara respecto a partidos
y gobiernos social-liberales.

Según Negri, “estos partidos y
partidillos no han dejado de ser republicanos,
corporativos y, cuando
no lo son, consideran que sólo pueden
reproducirse sobre una base nacional
y que sólo dentro de esas
dimensiones pueden construir un
programa”. La afirmación es sorprendente,
referida en particular al
NPA de Besancenot. Su organización
promotora, la Ligue Communiste
Révolutionnaire, ha estado
desde el comienzo vinculada a las
principales experiencias de articulación
de los movimientos sociales
europeos, como las ya lejanas “euromarchas”
contra el paro, el FSE, o
las “euromanifestaciones” durante
las cumbres europeas. Ha estado
implicada en proyectos como el de
la Conferencia de la Izquierda Anticapitalista
Europea, que agrupa a
varias formaciones políticas europeas,
o el encuentro Mayo 1968-Mayo
2008 celebrado este año en Paris,
que reunió a unas 30 fuerzas europeas.
En él, el propio Besancenot señalaba
la necesidad de reforzar la
coordinación de la izquierda radical
europea y afirmaba que “avanzar en
la construcción de un partido anticapitalista
europeo” será uno de los
objetivos estratégicos del NPA. No
parece éste un horizonte propio de
una organización que actúe sólo “sobre
una base nacional” y que no tenga
en cuenta la dimensión estratégica
del ámbito europeo como un “espacio
de lucha”. Negri es muy libre
de disentir del NPA de Besancenot,
pero no es serio lanzarle acusaciones
poco fundadas.

De forma certera, Negri afirma
que “sólo en el terreno europeo la
lucha puede tornarse eficaz. Negarlo
es suicida. Y la unidad europea es
una tarea que hay que llevar a cabo,
una responsabilidad que hay que
asumir”. Pero ello no debe hacerse
sobre la base de una postura subalterna,
sino desde la independencia
y la confrontación con éste. Ser
incapaz de pensar una estrategia
independiente respecto al proyecto
del capital sólo va a conducirnos a
graves desorientaciones, a tomar
por amigos a los enemigos y a tirarnos
piedras encima de nuestro propio
tejado, apoyando (críticamente,
¡claro!) a políticas que van contra
los intereses de los sectores populares.
La izquierda anticapitalista
tiene el reto de formular una estrategia
continental, de articular un
polo europeo diferenciado de la
izquierda subalterna al social-liberalismo,
y de reforzar la ‘europeización’
de las luchas y las resistencias.
El proyecto que nos propone Besancenot
va en esta dirección: la de una
izquierda para la cual, como señalaba
en el mencionado acto en Paris
“el internacionalismo no es sólo una
herencia. Es nuestra marca de
fábrica. Nuestra práctica cotidiana”.
Más claro imposible.

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