En el comercio justo no todo vale
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Al hablar de comercio justo,
en la actualidad, ya no
podemos referirnos a
una perspectiva única
del mismo. Si hasta hace pocos
años prevalecía, en el Estado español,
una sola visión del comercio
justo dominada por las principales

01/02/07 · 0:00
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Al hablar de comercio justo,
en la actualidad, ya no
podemos referirnos a
una perspectiva única
del mismo. Si hasta hace pocos
años prevalecía, en el Estado español,
una sola visión del comercio
justo dominada por las principales
organizaciones que trabajaban
este tema, la consolidación del
movimiento y el planteamiento de
nuevos debates ha generado otra
perspectiva que trasciende la visión
tradicional. En estos momentos,
el discurso único centrado en
la producción en origen y en la necesidad
de aumentar las ventas, como
vía para ayudar a “los más pobres”,
se ha puesto en cuestión.

A medida que el movimiento ha
ido creciendo y evolucionando ha
aparecido otro enfoque que, partiendo
de la definición tradicional,
ha ido más allá señalando que el comercio
justo es mucho más que un
acto de ayuda. Se trata de una perspectiva
que rompe con un análisis
estrictamente “asistencialista” y
que plantea un modelo de comercio
justo transformador, oponiéndose
a la venta de sus productos en
grandes superficies y rechazando
su uso como instrumento de márketing
empresarial.

Dos polos de referencia

Así, se han ido configurando, a grandes
rasgos, dos polos de referencia
en el movimiento del comercio justo.
Uno que podríamos denominar
como tradicional y dominante, que
parte de una definición del comercio
justo basada en los criterios de
producción en origen establecidos
por este movimiento y cuenta con
un discurso institucional y políticamente
dominante, y otro que podemos
llamar global y alternativo, que
va más allá de esta perspectiva tradicional
y que cuenta con una visión
integral del comercio justo (desde la
producción en origen hasta su distribución
y venta final), y que establece
alianzas con sectores del movimiento
altermundialista.

Entre las organizaciones que lideran
el polo tradicional y dominante
destacaríamos a la mayor organización
en el movimiento del comercio
justo: Intermón Oxfam, la principal
importadora y la que cuenta con más
recursos económicos, seguida por la
mayoría de importadoras y algunas
ONG, quienes comparten en mayor
o menor medida su discurso. Es este
polo el que ha impulsado uno de los
instrumentos más polémicos en el
sector, el sello del comercio justo.
Una iniciativa promovida por un conjunto
de organizaciones del movimiento
como Alternativa 3, Cáritas,
Setem, Intermón Oxfam, IDEAS... y
que se enmarcan claramente en este
polo de referencia.

En el polo “global y alternativo”
encontramos pequeñas tiendas,
puntos de venta, algunas importadoras
y ONG que se coordinan en el
marco del Espacio por un Comercio
Justo, como la Xarxa de Consum
Solidari, Sodepaz, Espanica, A Cova
da Terra, Picu Rabicu, Red de
Comercio Justo de Castilla la
Mancha, La Ceiba, Aldea del Sur,
entre otras, y que muestran una total
oposición al sello del comercio
justo y a la venta de estos productos
en grandes superficies.

La soberanía alimentaria

Otro de los elementos que diferencian
a las organizaciones del polo
global y alternativo de las del tradicional
y dominante es la vinculación
que las primeras hacen del comercio
justo con la soberanía alimentaria,
el derecho de los pueblos a decidir
sus políticas agrícolas y alimentarias.
Una postura que significa
desmarcarse de una concepción
asistencialista del comercio justo,
como una mera transferencia económica
Norte-Sur, y que implica
que estos mismos criterios de justicia
social se apliquen en nuestras
actividades comerciales aquí (comercio
justo Norte-Norte) y en los
intercambios llevados a cabo en los
países del Sur (comercio justo Sur-
Sur). De este modo, no tiene sentido
importar productos bajo unos
criterios de comercio justo si éstos
ya se elaboran aquí con componentes
sociales y ecológicos equivalentes
(como es el caso de la miel, el
aceite o el vino).

En este sentido, el sector global
y alternativo se siente partícipe del
movimiento altermundialista y establece
sólidas alianzas con algunos
de sus actores claves como Vía
Campesina. A la vez que trabaja
junto a agricultoras/es y consumidoras/
es en campañas contra los
transgénicos, a favor de la reforma
agraria y de la producción agroecológica...
vinculando el comercio
justo a la defensa de la de la tierra,
de las semillas y a la promoción de
los circuitos cortos y el comercio
de proximidad.

No a los supermercados

Otro de los elementos que diferencian
a las organizaciones de ambos
polos es el análisis que realizan respecto
qué es y qué no es comercio
justo y la relación que establecen
con las grandes cadenas de distribución,
así como su postura respecto
a la venta de estos productos en
las mismas.

Desde una óptica global y alternativa,
el comercio justo no puede
limitarse tan sólo a que un producto
cumpla una serie de condiciones
en la producción en origen. El comercio
justo es mucho más que un
listado de criterios, es todo un proceso
comercial que incluye un amplio
abanico de actores que participan
en éste de principio a fin: campesinas/
os, productoras/es, transformadoras/
es, vendedoras/es,
compradoras/es... Tan importante
es dónde, quién y cómo se produce
que dónde, quién y cómo se vende
y se compra. Desde este punto de
vista, se rechaza la venta de productos
de comercio justo en grandes
superficies y cadenas comerciales,
quienes utilizan estas ventas
como una estrategia de limpieza
de imagen.

Las organizaciones que conforman
el polo tradicional y dominante
consideran que vender comercio
justo en grandes cadenas y
supermercados ayuda a difundir
el concepto y a aumentar las ventas,
lo cual significa más ayuda para
los productores en el Sur. Pero
el comercio justo no se limita a
comprar y a vender más productos,
aumentar las ventas a costa de
comercializar estos productos en
hipermercados y supermercados
no ayudará a los pequeños productores
del Sur sino, contrariamente,
sólo beneficiará a las empresas
multinacionales. No debemos olvidar
que éstas venden una ínfima
parte de sus mercancías de comercio
justo, mientras que sus beneficios
provienen de la venta de una
mayoría de productos elaborados
en base a la explotación de las y
los productores, del abuso del medio
ambiente y de la precarización
de las condiciones laborales de las
y los trabajadores.

Desde el sector global y alternativo
consideramos que en el comercio
justo no todo vale, que un comercio
verdaderamente justo sólo será posible
en un sistema político, económico
y social que rompa con las políticas
neoliberales. En un capitalismo
de rostro humano en el que las
desigualdades sean más sostenibles
el comercio justo no tendrá cabida.
En nuestras manos está escoger por
qué modelo apostamos.

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