Catalanismo y anarquismo

Los promotores del manifiesto "Por una radicalización democrática: Más allá del 25-N" responden al debate sobre el independentismo en el anarcosindicalismo catalán abierto por un artículo anteriormente publicado en DIAGONAL.

07/12/12 · 15:06

El crecimiento del soberanismo en Catalunya ha generado un cierto desconcierto entre algunos activistas sociales y personas que se consideran de izquierdas o libertarias. Para mucha gente proveniente de estos sectores, el independentismo es un invitado incómodo, una invención artificial que solo puede explicarse a partir de la irresistible capacidad hipnótica de la derecha catalana. Una percepción asentada en ciertos tópicos historiográficos que vinculan el catalanismo exclusivamente con la burguesía. De ahí la reacción, entre paternalista e irritada, cuando alguien sugiere que esta es una alternativa legítima incluso para personas que también se definen como de izquierdas o libertarias y que están a favor del internacionalismo y de la solidaridad ’entre los de abajo’. Algo de este enfado, precisamente, puede detectarse en el artículo publicado en DIAGONAL hace unos días por Mauricio Basterra, "seudónimo de un historiador madrileño del anarcosindicalismo".

En el escrito de marras, el misterioso Basterra denuncia el descaro de algunas posiciones indepentistas o nacionalistas –la distinción no parece resultarle relevante– que no dudaban en "manipular, malversar o malinterpretar" el pasado para "justificar posiciones presentes" ¿El motivo de la acusación? Una cita, en su opinión descontextualizada, del dirigente anarcosindicalista de Lleida, Salvador Seguí, en la que este aparecería aceptando o simpatizando con el independentismo. ¿Los acusados? David Fernández, cabeza de lista de la independentista Candidatura d’Unitat Popular (CUP) por Barcelona y, de manera más indirecta, los autores de estas líneas.

Según Basterra, las frases protoindependentistas atribuidas a Seguí estarían interesadamente desgajadas de un discurso más amplio pronunciado por el Noi del Sucre en el Ateneo de Madrid, en octubre de 1919. En él, éste dejaría claro que no había cuestión catalana alguna y que para el proletariado la única cuestión relevante era la social, provocada por el capitalismo. En realidad, dice Basterra, el anarcosindicalismo nunca fue partidario de la independencia, y "poner a Seguí o a otros como referentes es meterse en un jardín difícil de justificar". Vedada por inverosímil toda raíz obrera, Basterra invita a los independentistas a conformarse con algunas distinguidamente pequeño-burguesas: Companys, Layret, Macià o.... Tarradellas.

En realidad, la cuestión de los "palabras verdaderas" de Seguí no es sencilla de elucidar. Seguí no era un un ideólogo, era un dirigente popular. Básicamente exponía sus ideas de forma oral o a través de la prensa. Y lo hacía siempre en función de la coyuntura, como correspondía a alguien con vocación organizadora. Del discurso que pronunció en el Ateneo de Madrid existen, llamativamente, varias versiones –sería interesante saber de dónde proviene la de nuestro historiador–. La cita de David Fernández se corresponde con la reproducida, en catalán, por Pere Foix, amigo de Seguí y militante de la CNT, en su libro Apòstols i mercaders, publicado en su exilio montevideano en 1949. Allí, Seguí critica duramente el nacionalismo de la burguesía catalana y sostiene que, de producirse la independencia, esta sería la primera en echarse atrás. A diferencia de los trabajadores, a quien "la independencia de nuestra tierra no nos da miedo, porque con ella ganaríamos más de lo que perderíamos".

Se ha dicho que Foix –que siendo anarcosindicalista llegó a acercarse en su momento a ERC– tendía a exagerar el catalanismo del Seguí. Es posible. Pero lo que no puede negarse es que este existiera. En términos historiográficos, es sabido que Seguí, al igual que Foix y otros dirigentes anarcosindicalistas importantes como Joan Peiró –el Noi del vidre– frecuentaban de manera asidua grupos republicanos y catalanistas. Seguí, por ejemplo, se reunía asiduamente con Companys y Layret –que fueron abogados de rabassaires y de obreros cenetistas– y llegaron a compartir cárcel durante la dictadura de Primo de Rivera.

Ciertamente, Seguí nunca hizo de la independencia su principal objetivo político –como el propio Basterra reconoce, ni siquiera Companys era "independentista" en sentido estricto: cuando proclamó la república catalana lo hizo con el propósito de integrarla, en condiciones de igualdad, en una república federal española–. Pero tampoco consideraba, ni mucho menos, que fuera el enemigo a batir. Por el contrario, para Seguí, como para buena parte de los anarcosindicalistas de su tiempo, una Catalunya liberada de la monarquía española podía ser perfectamente amiga de todos los pueblos de la península hispánica –no en vano la CNT era una "confederación"–.

Naturalmente, esto no quiere decir que todo el anarcosindicalismo tuviera vínculos igualmente intensos con el catalanismo, e incluso con algunas de sus expresiones partidarias. Lo tuvieron, de distinta manera, dirigentes que –como Seguí, Pestaña, Peirò o Foix– no veían con malos ojos la idea de crear un nuevo partido con obreros organizados en los sindicatos de espíritu bakuninista. Esta visión estratégica, por ejemplo, le valió a Seguí severas reconvenciones por parte de sectores anarquistas ’puros’. Fue acusado de "desviacionismo" y de "politicismo": una posición muy criticada, de hecho, durante la hegemonía de la FAI. Pero también le granjeó el reconocimiento de socialistas y de comunistas contrarios a Stalin. El catalanista Jordi Arquer, o el también dirigente del POUM, Joaquín Maurin, dieron buena muestra de ello. Maurin, de hecho, creía que la hegemonía de la derecha catalana en la cuestión nacional sería pasajera, ya que en un contexto de radicalización democrática acabaría pasando a manos de los trabajadores. De ahí que fuera partidario firme del derecho a la autodeterminación de los pueblos –incluida la secesión– como condición para cualquier unión posterior, libre y entre iguales.

Si Basterra criticara a Seguí desde posiciones similares a la de muchos anarquistas ’puros’ de su tiempo, no habría nada que objetar. Lo que no es de recibo es hacer pasar al anarcosindicalismo in totum por un movimiento ajeno a la cuestión nacional y doctrinariamente hostil a la independencia, cualquiera que sean las circunstancias. Como bien ha señalado Benedict Anderson las relaciones entre anarquismo y luchas de liberación nacional suelen ser complejas. En la Catalunya de inicios del siglo XX, muchos libertarios y libertarias vieron en la autodeterminación una reivindicación a la que no cabía entregar, quizás, todas las energías pero tampoco oponerse por principio.

Al igual que Companys y que muchos socialistas o comunistas catalanes, no pocos de ellos consideraban que una república catalana –a la que la gran patronal tenía fundadas razones para temer– podía ser un instrumento para quitarse de encima a la monarquía y acercar a las clases trabajadoras ibéricas. Más de un siglo después, con la segunda restauración borbónica tocada en su línea de flotación por la crisis capitalista, estas tendencias han evolucionado y se han transformado, pero no han desaparecido. Hoy también existen, no solo en Catalunya sino además en Euskadi o Galiza, personas que se consideran de izquierdas y libertarias. Y que entienden; uno, que la cuestión social y nacional no pueden separarse; y dos, que solo a partir del ejercicio del derecho a decidir, en lo político y en lo económico, será posible articular una auténtica solidaridad entre las y los de abajo. Que algunos lo hagan desde posiciones independentistas, federalistas o confederalistas, no quiere decir que asuman acríticamente las estructuras de Estado o el tipo de europeísmo al que aspiran la derecha. Por el contrario, su punto de partida suele ser la apuesta de una institucionalidad alternativa a la existente, regida por algunos principios internacionalistas innegociables, como el rechazo de todo tipo de racismo, xenofobia y colonialismo.

Si todo se ciñera, como parece sugerir Basterra, a un avieso ejercicio de descontextualización de una frase pronunciada en 1919, costaría entender que la CUP haya llevado como cabeza de lista por Tarragona a un militante de la CGT. Y que Diego Cañamero, miembro del Sindicato Andaluz de Trabajadores, haya defendido, como orador en el mitin central de esta formación en Barcelona, la necesidad de combinar la lucha contra el feroz capitalismo de nuestro tiempo con el respeto a la exigencia democrática de autodeteminación. O la presencia y fuerza social de colectivos anarcoindependentistas como Negres Tempestes. Que esta no sea o no haya sido históricamente la posición de todas las corrientes anarcosindicalistas, no autoriza a eliminar la complejidad de la cuestión. Lo contrario sería, sí, "manipulación y malversación" histórica. Ese pecado odioso que nuestro camarada madrileño atribuye al nacionalismo catalán pero del que nadie, por muy libertario que se defina, está exento.

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comentarios

5

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    castellano
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    Mar, 11/26/2013 - 00:31
    No, aqui lo que sucede es que se quiere meter el independentismo a la ideología anarquista o anarcosindicalista con calzador. irigentes que sus ideas personales esta las practicas del pensamiento libertar Muchos ya somos mayorcitos para saber lo que queremos y por mucho que haya dio las CUT como plataforma electoral cuenta con otros planteamientos bien diferentes. Las personas que llevamos años militando en las ideas libertarias apostamos por el federalismo, pero no por un federalismo de fronteras, estado sino por una independencia total en el plano económico y laboral de las personas......lo otro son teorias burguesas y no hay mas. ¿ Porque planteas una independencia descafeinada si puedo tener la libertad absoluta? Las CUT como plataforma electoral tendra unas ideas y unos estatutos, de hecho esta en el parlamento y que una persona de la CGT vaya en sus listas no quiere decir   que toda la confederación general del trabajo apoye la línea electoralista, recordando además que la CGT no es anarcosindicalista por diversos factores que ahora no vienen al caso. A nivel individual las personas que estamos dentro del movimiento libertario apoyaremos lo que nos de la real gana, pero a nivel de sindicato u organizaciones  el nacionalismo y todas sus vertientes, proyectos o estrategias ( estas opiniones se engloban en el tercer punto) jamas serán apoyadas por que aun no perteneciendo a las ideas de la burguesía tradicional son muy ambiguos e interclasistas. De todas formas siempre, desde el nacionalismo, podeis llamarnos españolistas como si eso fuera un insulto sin daros cuenta que para algunos libertarios da igual que nos llamen eso anteponiendo cualquier otra nacionalidad al ista del final. Si sale a colación Salvador Seguí es precisamente por lo complicado que se da el justificar que exista un nacionalismo, independentismo de izquierdas e internacionalista cuando los libertarios pensamos que la única patria es el mundo y nuestra familia la humanidad.....dejad en paz a nuestros compañeros.
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    Yo
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    Sáb, 02/09/2013 - 09:37
    Es un hecho también, que buena parte del movimiento libertario, anarquista, autúnomo, y milló y medio de catalanes, no han votado a una coalición electoral que se mete a hacer política tradicional, representativa y de partido. Nunca leó que Seguí o que Peiró vieran con buenos ojos crear un partido político en un país en el que buena parte de la clase obrera, no quería saber de partidos.
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    Catalˆ
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    Sáb, 02/09/2013 - 09:36
    Buen texto. Mas allà de las discusiones histúricas es un hecho que parte del mov libertario, autúnomo y/o indignado ha votado a las CUP. Si comparamos los votos que se sacaron en las municipales con los de las elecciones al parlament pueblo a pueblo veremos como en pueblos donde se habían sacado muy buenos resultados o incluso se había conseguido la alcaldía hay un trasvase monumental de votos de las CUP hacia ERC. Probablemente porque muchos votantes de las CUP han votado en clave nacional a ERC creyendo que las CUP no conseguirían representación. En cambio vemos resultados comparativos espectaculares en poblaciones de tradición inmigrante española como Hospitalet de Llobregat, Sta Coloma de Gramanet, el barrio de Ciutat Vella (casco viejo), Cornellà de Llobregat o casos como el del barrio de Sants (268% +) donde el mov autúnomo es especialmente fuerte. A mi entender este voto anticapitalista se produce por varios motivos: 1 La pràctica asamblearia de las CUP 2 La doble militancia en la izquierda independentista y en los mmss desde el respeto, salvo casos puntuales, a las dinámicas y autonomía propias de los mmss. 3 El acierto de escoger a David Fernández -que desde el periodismo militante, los derechos humanos y el cooperativismo y la humildad se ha ganado el respeto y el cariño de la pràctica totalidad de los mmss- como cabeza de lista por BCN.
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    Maroto
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    Sáb, 02/09/2013 - 09:36
    Que yo sepa nadie ha dicho que Seguí fuera anti-independentista, lo que se ha dicho es que no era ni independentista ni protoindependentista. Decía que la independencia no era un problema de la clase obrera catalana y ya está. No sé qué tiene que ver que fuera amigo de algunos destacados nacionalistas en este asunto. Por esa regla de tres podemos decir que Companys o Macià eran anarcosindicalistas, ya que eran amigos suyos. No me parece mal aclarar que el anarcosindicalismo catalán histúrico no era independentista y que se contextualice el discurso de Seguí. Decir eso no es lo mismo que decir que ningún afiliado a las organizaciones anarcosindicalistas era independentista, los habría igual que había catúlicos, bolcheviques, republicanos liberales o lo que sea, lo que es normal dado que era una organización de masas. Pero la organización anarcosindicalista de ese momento no era nada de eso. Sobre la frase: "Fue acusado de "desviacionismo" y de "politicismo": una posición muy criticada, de hecho, durante la hegemonía de la FAI". La FAI se fundó cuando Seguí llevaba cuatro años en la tumba, un poco de por favor.
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    remosqueto
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    Vie, 12/14/2012 - 23:59
    Vivimos tiempos de híbridos, en el siglo XX el nacionalismo se mezcló con el comunismo y en ocasiones tomaron el poder político, aún persisten estas experiencias en nuestro siglo, parece que el nuevo coktail es el anarco-nacionalismo, como consolidarlo , podemos etiquetar las posiciones ideológicos "tradicionales", en todas sus variantes, como punto de vista purista, y el nuestro como reformador y modernillo de paso y porqué no, más abierto a la realidad sociopolítica de nuestros tiempos. Personalmente me considero anarquista,, en lo posible, y respeto por completo los derechos de autodeterminación de los pueblos, y su derecho de autogestión, pero deploro las fronteras y el trato diferencial por cuestiones de lugar de nacimiento. SALUD 
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