LADRONES Y BANDIDOS

Yo no sé si defender la
causa del Robin Hood
alternativo, Enric Durán se
puede tipificar como apología
delictiva o algo peor
en nuestro código penal.

Pero estoy dispuesta a
correr el riesgo porque la
situación de colapso en la
que nos hayamos exige
medidas que conjuren el
miedo al sistema que nos
ha conducido hasta aquí.

Ana Cuevas Pascual (Zaragoza)
02/04/09 · 0:00
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Yo no sé si defender la
causa del Robin Hood
alternativo, Enric Durán se
puede tipificar como apología
delictiva o algo peor
en nuestro código penal.

Pero estoy dispuesta a
correr el riesgo porque la
situación de colapso en la
que nos hayamos exige
medidas que conjuren el
miedo al sistema que nos
ha conducido hasta aquí.

Es evidente que la supermaquinaria
que domina
nuestras existencias no
está dispuesta a dejar
impune semejante desafío,
y el Robin de la
banca tendrá un ‘justo’
castigo a su amotinamiento.

La práctica de la desobediencia
civil muestra la
vulnerabilidad de un sistema
que parecía acorazado.
Esta arriesgada estrategia
de Durán sirve de
inspiración a otras acciones
encaminadas a desempolvarnos
los miedos y
crear el germen de una
revolución pacífica, pero
valiente, que ayude a
transformar el mundo. Esta
deserción pacífica, a través
de acciones no violentas,
debe ir encaminada a
combatir las terribles injusticias
derivadas del capitalismo
y los lobbies financieros.

Es una apuesta por
demostrar que se puede
vivir de otra manera, apeándonos
de un mundo
que no nos gusta y plantándole
cara a los que nos
han saqueado. Un camino
que exige implicación individual
de cuantos creemos
que otra realidad es posible.
Porque, como ya dijo
la antropóloga Margaret
Mead: “No dudes jamás
de la capacidad de sólo
un grupo de ciudadanos
conscientes y comprometidos
para cambiar el
mundo. De hecho, siempre
ha sido así”.

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