Arquitectura teórica para un golpe de Estado

A partir de enero, entramos en el 75º aniversario de la II República española, y el 70º aniversario de la resistencia popular al golpe de
Estado y de la revolución española. Las fricciones en torno a la apertura de fosas comunes fruto de la represión contra los derrotados,
en torno al Archivo Histórico de Salamanca, o la aparición de textos revisionistas avalados por la ‘derechona’, nos indican que la memoria
es también un espacio de confrontación política.

Texto de Hugo Martínez Abarca, miembro de 13M.org

, Miembro de 13M.org
07/04/06 · 1:50
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Al parecer, en las viejas
cartillas militares de los
hombres que tenían que
hacer la mili se evaluaban
una serie de factores. Como el
valor, afortunadamente, no había
tenido que ser demostrado en la
mayoría de los casos, se generó la
coletilla: “Valor: se le supone”. En
las últimas semanas han sido varios
los militares que han hecho
discursos o escritos a periódicos
en los que más o menos explícitamente
se amenazaba con un golpe
de Estado (eufemísticamente
llamado por Mena “intervención
de los Ejércitos”) si se llevara a
buen puerto el Estatut de Catalunya.
Concurre en todos estos militares
de ánimos golpistas la condición
de estar en la reserva o a
pocos meses de ingresar en ella.
Así, el valor que se les había supuesto
se concreta en que no son
capaces siquiera de jugarse los
cuartos por su idea de España.
Suponíamos que darían “todo por
la patria”, como rezan las puertas
de muchos cuarteles, pero hemos
constatado en estas semanas que,
al menos, el vil metal (acaso más
valioso que la propia vida) es una
dificultad insalvable para quienes
sienten la tentación de “tirar por la
calle de en medio”. Por ello, probablemente,
no debamos tener
ningún miedo a que estas amenazas
vayan a concretarse de momento.

De todas formas, puede resultar
interesante revisar la construcción
que la extrema derecha ha ido tejiendo
para entender los cimientos sobre
los que se están colocando los
discursos/pronunciamientos que escuchamos.
Desde hace unos años, la
Iglesia, a través de su emisora de radio,
ha generado un movimiento de
revisionismo neofranquista. Este
movimiento fue, si no impulsado, sí
al menos apoyado por José María
Aznar al anunciar, en verano de
2003, que su lectura de vacaciones
iba a ser Los mitos de la Guerra
Civil, de Luis Pío Moa. La publicidad
ya estaba hecha. A partir de ahí,
el revisionismo, cuya punta de lanza
han sido Luis Pío Moa y César Vidal
ha ido sacando un libro a la semana
y éstos se han convertido en best sellers.
La visión de la Historia reciente
que estos hombres difunden es la siguiente:
Los mayores defensores de
la legalidad republicana y de la democracia
eran las derechas. En
1934, cuando éstas entraron en el
Gobierno republicano de la mano de
Lerroux, se produjo un golpe de Estado
izquierdista mediante dos hechos
que iniciaron la Guerra Civil
(año y medio antes de lo que siempre
habíamos pensado): una declaración
de independencia de Lluís
Companys (presidente del Gobierno
autónomo catalán de Esquerra Republicana
de Catalunya) y la revolución
de octubre de Asturias, que habría
sido obra del PSOE (en realidad
Lluís Companys declaró “el Estado
catalán dentro de la República
Federal Española” y a las 24 horas el
Ejército consiguió su rendición; la
revolución de Asturias fue una revuelta
social en la que participaron
socialistas, comunistas, ugetistas y
anarquistas contra la inclusión en el
Gobierno de una derecha claramente
autoritaria y fue duramente reprimida:
duró apenas dos semanas). A
partir de ahí, siguen diciendo los
moas, se daría una persecución de
la Iglesia y una tensión social que haría
ver a España en Guerra Civil desde
esa fecha y por insurrección de
PSOE y ERC. El golpe de Estado de
Franco no sería más que una reacción
límite ante la traición a la
República hecha por las izquierdas
(aunque, lejos de ser provisional, la
dictadura duró 36 años)... Para comprender
el calado que esta propaganda
ha tenido en la derecha, es suficiente
ver que el senador derechista
que comparó a Zapatero con golpistas,
citó a Tejero, a Pavía... y olvidó
a Francisco Franco.

Silogismo implícito

Al centrar la atención en ERC y
PSOE, el revisionismo, claramente
trataba de iniciar un paralelismo
entre la situación que obligó al alzamiento
nacional y la actual, con
Gobierno del PSOE apoyado por
ERC (y por la siempre olvidada
Izquierda Unida) en España y de
esos tres partidos (o sus equivalentes)
en Catalunya. A partir de ahí,
todos los inventos que se aplicaron
al alzamiento militar de 1936 se replican
en estos años. Al perder las
elecciones, Luis Pío Moa escribió
que las manifestaciones del 13 de
marzo de 2004 fueron “un golpe de
Estado como el de 1934”: ya tendríamos
el factor desencadenante.
El reconocimiento de Catalunya
como nación supondría la independencia
de Catalunya pues, como
no se han cansado de repetir, es
evidente que toda nación tiene derecho
a constituir un Estado independiente.
Tampoco se han cansado
de repetir que se persigue a la
Iglesia católica y que se pretende
censurar a la cadena de emisoras
que ésta posee. No sólo esta emisora:
son varios los periodistas, diputados
y tertulianos derechistas
que explican en cuanto pueden
que se está produciendo un ilegítimo
cambio de régimen.

Así se ha construido un silogismo
implícito según el cual en 1934
la República fue derogada por las
izquierdas y el Ejército no tuvo
más remedio que poner las cosas
en orden; y, desde el año 2004, la
Constitución ha sido derogada por
las izquierdas... por lo que a un puñado
de militares les ha sido fácil encontrar
la conclusión: “No nos quedaría
más remedio que poner las cosas
en orden si el Estatuto consuma
el cambio de Régimen”. Afortunadamente
conocemos algunos de los
límites de la derecha: en su carta al
periódico Melilla Hoy, el capitán
Roberto González Calderón, jefe de
la 1ª Compañía de la I Bandera ‘Comandante
Franco’ (¡cómo no!) del
Tercio Gran Capitán 1º de la Legión,
explica que no se ha plantado en
Madrid con su compañía porque
“tengo una familia que mantener y
la sana intención de llegar a mi edad
de retiro no de forma prematura”.

El último en salir al ruedo golpista
ha terminado por dilapidar el miedo
a que el ruido de sables se concretara
en algo real. El tosco Antonio
Tejero Molina ha añadido a su legendario
“se sienten, coño” una pieza
escrita de similar valor literario y político.
Lo hizo en el mismo diario que
el capitán legionario: en el Melilla
Hoy, editado en la ciudad donde se
inició el golpe de Estado del 17 de julio
de 1936. Parece que salvo Tejero,
que desmiente el supuesto carácter
rehabilitador de la cárcel, no hay
ningún ademán que no parara ante
la posibilidad de perder dinero. En
todo caso, la izquierda debe estar
alerta. Incluso el New York Times
advirtió en su editorial de la errática
senda golpista de la que la derecha
española no se ha bajado en un siglo;
y, desde que perdió las elecciones,
no ha sabido dejar de escalar
hacia alguna cumbre que, esperemos,
nunca alcance. Por lo menos,
todos estos movimientos nos habrán
permitido conocer que seguimos pagando
una Compañía de la Legión
llamada Comandante Franco.

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