¿Antichavismo sin Chávez?

Tras las multitudinarias demostraciones de duelo de los sectores populares, Venezuela afrontará otras elecciones presidenciales el 14 de abril, bien lejos de los escenarios de guerra civil y disolución del chavismo que parte de la oposición presagiaba.

, Sociólogo y analista venezolano
19/03/13 · 18:42
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Qué será de Venezuela después de Chávez? Para responder, lo mejor es no dar nada por sobreentendido. Para comenzar, habría que apuntar que en este país vivimos un tiempo histórico en el que la democracia se experimenta con singular intensidad. Afirmar que Chávez y el chavismo han protagonizado una revolución “pacífica y democrática” no es mero formalismo. La revolución bolivariana ha significado la progresiva restitución de derechos económicos, sociales y culturales para las mayorías populares. Más significativo aún, este proceso ha transcurrido en un clima de plenas libertades políticas, incluso en los momentos en que la democracia estuvo más amenazada. En las más recientes elecciones presidenciales, el candidato opositor, Capriles Radonski, fue apoyado por 29 partidos. La inmensa mayoría de los medios de comunicación está en manos privadas. Lo mismo puede decirse de la banca. Estos datos, entre otros, desmienten la propaganda anti-bolivariana que pinta un país sumido en el caos y el despotismo desde que llegara el “caudillo populista”.

Por supuesto que hay problemas graves en la Venezuela bolivariana. El de la criminalidad violenta, por ejemplo –un problema, por cierto, que afecta fundamentalmente a la base social que apoya a la revolución–. Un problema que es explotado políticamente por el antichavismo, de la manera más demagógica, con la esperanza de minar el respaldo hacia el gobierno nacional. Pero el mayor problema del antichavismo es que su clase política ha sido desplazada casi por completo, por la vía electoral, del poder, lo que le dificulta enormemente el control de los recursos del Estado y, en particular, de la renta petrolera. Precisamente porque ha perdido ese control, la revolución bolivariana pudo avanzar tanto en tan poco tiempo en materia de restitución de derechos. En los otros campos, sobre todo en el económico, los progresos continúan siendo más bien tímidos.

Intentando recuperar el control del Estado, al antichavismo ha recurrido, a grandes rasgos, a la táctica confrontacional y violenta, y luego a la pacífica e institucional. La primera fue empleada de manera sistemática durante los primeros años de gobierno de Chávez, y prácticamente abandonada luego de la estrepitosa derrota encajada en las presidenciales de 2006. Se inició entonces un largo periodo en el que la oposición se ha centrado en la crítica de la gestión del Gobierno. Paralela­mente, tiene lugar un curioso proceso de mímesis: parte del antichavismo comienza a imitar la simbología del chavismo, a resignificar algunas de sus ideas-fuerza, lo que casi llega al paroxismo durante la campaña presidencial de 2012, con un Capriles Radonski autoproclamándose candidato “progresista” –a pesar de su programa de gobierno de corte neoliberal–, repitiendo de manera textual frases empleadas frecuentemente por Chávez e imitando incluso su lenguaje corporal. Todo ello unido a un mensaje de paz y unidad nacional, asimilando al chavismo, y especialmente a Chávez, con la violencia y la desunión.

La oposición política, luego de la derrota del 7 de octubre pasado, y tras haber sido arrasada en las elecciones regionales del 16 de diciembre, entra en un nuevo periodo, caracterizado por la precariedad estratégica del antichavismo, que se expresó en nuevos brotes de intolerancia política y en la agudización de las tensiones internas de su clase política. La pregunta del momento no es tanto qué será del “chavismo sin Chávez”, sino qué sucederá con el antichavismo sin Chávez. Al día siguiente del fallecimiento del comandante Chávez, el diario El Universal –el decano de la prensa oligárquica– editorializaba: “Se abre la etapa del chavismo sin Chávez y, tal vez, si la madurez de un pueblo en trance de cambios y en medio de grandes turbulencias lo permite, se pueda construir la gran oportunidad para retomar planes y proyectos (...), con esperanzas renovadas y consensos generadores de paz y progreso”. Antes, se refería a Chávez en estos términos: “Pero el ejercicio del gobierno, con un estilo polarizador, sectario y agresivo con sus adversarios, generó la división del país en prácticamente dos grandes sectores: el chavismo, a secas, y la oposición democrática”.

Es el lenguaje que cabe esperarse de un órgano de la oligarquía. No obstante, cuatro días más tarde, durante su discurso de aceptación de la candidatura opositora para las elecciones del 14 de abril, Ca­priles abría fuego a discreción: no sólo arremetió contra Nicolás Madu­ro, presidente encargado, a quien acusó de “irrespetar” la imagen de Chávez –como pretendiendo ubicarse en el improbable sitial de guardián de su memoria–, sino que pronunció una frase que provocó una oleada de indignación en el chavismo: “¿Quién sabe cuándo murió el presidente Chávez?”, sugiriendo que sus familiares se estarían prestando para una macabra maniobra electoral. ¿Una vulgar provocación del antichavismo, que busca preparar el terreno para nuevas provocaciones, dado que se sabe derrotado el 14 de abril?

Parte del antichavismo comienza a imitar la simbología chavista, a resignificar parte de sus ideas-fuerza Todo apunta a que el chavismo obtendrá una nueva victoria en las elecciones presidenciales. ¿La razón? Chávez no produjo la “división del país”, como sentencia El Universal. La oligarquía lo pintó siempre como un político irracional.

Pero lo que realmente hizo Chávez fue recuperar la “razón estratégica”, como la definía el entrañable Daniel Bensaïd, y realizar aportes decisivos para la emergencia de una cultura política propiamente chavista. Contribuyó a la repolitización de la sociedad venezolana, a la recuperación del antagonismo como fundamento de la política, desplazando a tecnócratas neoliberales y ‘representantes’. Chávez entendió la revolución como horizonte inseparable de la situación concreta: no se trataba simplemente de ‘inventar’, en el sentido de atreverse a idear lo nuevo, con audacia, sino de hacerlo posible.

Pero nada de esto, incluyen­do al mismo Chá­vez, hubiera sido posible sin el chavismo, hecho fundamentalmente de pueblo pobre, marginado, explotado e invisibilizado, que comenzó a recuperar su dignidad con Chávez a la cabeza. Para­fraseando al general Jacinto Pérez Ar­cay, mentor del comandante, Chávez no ha sido sino la “punta del iceberg” de una “singularidad histó­rica”. Luego del 5 de mar­zo, esa singularidad histórica que es el chavismo ha salido a la calle por miles, acaso por millones, a reiterar su disposición para la lucha, para hacer lo posible, siempre dentro del cauce democrático, por garantizar la continuidad de la revolución bolivariana.

Precisamente porque fue un demócrata genuino, Chávez reivindicó el conflicto como motor de cambios políticos. Claro está, un conflicto que debía ser gestionado democráticamente. En un discurso de 1999, manifestaba: “Nuestros adversarios tienen el deber de combatir. Que combatan, pero igual nosotros tenemos la obligación de combatir(...), porque aquí hay un conflicto político, hay un conflicto histórico”.

Catorce años después, se trata del mismo conflicto histórico. ¿El antichavismo tendrá el valor de combatir por la vía democrática? ¿O pateará el tablero?

 

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comentarios

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    Íñigo Fernández
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    Vie, 03/29/2013 - 20:22
    &iquest;Cómo que &quot;<span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;">En los otros campos, sobre todo en el económico,&nbsp;</span><strong style="margin: 0px; padding: 0px; border: 0px; outline: 0px; font-size: 16px; vertical-align: baseline; font: inherit; color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; line-height: 22px;">los progresos continúan siendo más bien tímidos</strong><span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;">.&quot;? La economía venezolana se ha triplicado desde que Chávez llegó al poder. El PIB se ha triplicado y encima se ha repartido mejor la riqueza según afirma la CEPAL, Venezuela es el país menos desigual de Latinoamérica. Ya nos gustaría a nosotros disfrutar de avances tan tímidos.</span>
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