A un año de las europeas

Texto de Aitor Tinoco i Girona, de la Universidad Nómada y del Observatorio Metropolitano de Barcelona

23/07/13 · 12:42
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Texto de Aitor Tinoco i Girona, de la Universidad Nómada y del Observatorio Metropolitano de Barcelona

A menos de un año de las elecciones europeas y en la última onda expansiva del movimiento, nos encontramos en un contexto y coyuntura a nivel europeo en el que la intervención a escala continental se hace necesaria por distintos motivos. El más importante: hacer frente a una crisis sistémica  económica, social, político-institucionalque se rebela como un dispositivo de dominación, expolio, y precarización de la troika. Pero al mismo tiempo, se presenta como una oportunidad para la articulación de un movimiento europeo.

En su dimensión económica, esta crisis se caracteriza por la acumulación por desposesión en el proceso de financiarización de la economía, en que la deuda ha devenido el mecanismo de sumisión y control de los Estados de la periferia europea y sus poblaciones por parte de la troika. Las consecuencias en la dimensión social han supuesto la depredación y expropiación de los bienes y riquezas comunes a través de la extorsión de los intereses de la deuda pública transferida a las poblaciones y las contraprestaciones de los rescates a los sistemas financieros en forma de austeridad y privatizaciones, aumentando así las desigualdades. En definitiva, la mayor regresión de los derechos sociales que conformaron los pilares de las diversas formas del Estado de bienestar europeo adquiridos desde la II Guerra Mundial.

En cuanto a la dimensión político-institucional debemos diferenciar dos niveles, el europeo y el de los Estados-nación. A nivel europeo observamos como los mecanismos desdemocratizadores de la deuda han configurado una gobernanza deudocrática y autoritaria tal Los mecanismos desdemocratizadores de la deuda han
configurado una gobernanza deudocrática y autoritaria
y como  muestra la doctrina de shock ejercida a través de los rescates. Paralelamente, en el nivel del Estado-nación, en el que la crisis pasa por ser una crisis de representación, dados los altos niveles de desafección político-institucional y el bloqueo institucional por la incapacidad de responder a las demandas básicas de la ciudadanía. En parte como consecuencia de la consolidación del proceso de regionalización y neoliberalización europea, cuyas bases constitutivas se establecieron por el Tratado de Maastricht con una arquitectura institucional que opera un doble desplazamiento desdemocratizador: hacia arriba, del Estado a instituciones supraestatales, y hacia afuera, del Estado al mercado.

Este doble desplazamiento conduce a un cambio en la estructura de la soberanía y en la capacidad de control político-institucional a través de mecanismos democráticos. El régimen político muta de manera tal que dos de las fuentes de su legitimidad, la soberanía y el modelo de democracia liberal, se agotan.

Ante este agotamiento y ante los mecanismos del dispositivo crisis aplicados en todo el ámbito territorial europeo, se evidencia que el espacio prioritario de conflicto político-social de los movimientos antagonistas es europeo, y por tanto la necesidad de intervención: la revolución será europea o no será. Pero, ¿cómo articular un verdadero movimiento europeo? ¿no ya una federación de movimientos de estados europeos, sino un movimiento que se piensa y actúa en común a escala europea? Para empezar a pensar en esta cuestión, para muchas la pregunta del millón, otras dos cuestiones son fundamentales: por una parte, entorno a qué y para qué se articularía? Y por otra, cuáles son las condiciones necesarias y suficientes?

Estas cuestiones han sido tratadas en distintos encuentros ESF, Alter Summit, HubMeeting, Agora99. Abordándose metodológicamente con DAFO's acompañadas de la reflexión estratégica pertinente. Ambas nos serán útiles a fin de analizar las potencialidades y límites de esta articulación, así como la capacidad de intervención a nivel continental. Algunas de las principales debilidades se plantean respecto a la capacidad de superación de los marcos de los Estados-nación los cuales actúan como contenedores territoriales del conflicto social; a la diversidad de frameworks analítico-conceptuales; la brecha Norte-Sur, evidencia la diversidad de declinaciones de la crisis y de relaciones de poder existentes en los territorios de cada movimiento singularidad territorial y material; la experiencia particular y deseos de cada persona singularidad subjetiva; o la falta de continuidad por carencias de infraestructura organizativa y comunicativa. Para superar estas debilidades es fundamental construir conjuntamente un marco analítico a partir de un lenguaje compartido y construir así una narrativa e imaginario comunes Es fundamental construir conjuntamente un marco analítico a partir de un lenguaje compartido y construir así una narrativa e imaginario comunes; superar los contenedores territoriales y los límites de escalabilidad a partir de la comprensión de la estrategia del poder; compartir experiencias y comprender las transformaciones de la subjetividad desde la participación; o la disposición de una infrastructura telemática que permita trabajar en común de forma continuada y descentralizada.

Respecto a las amenazas, hay que diferenciar las que provienen del nivel europeo y del estatal. Las primeras serían principalmente el modelo de unión bancaria y fiscal propuesto que amenaza con perfeccionar los mecanismos de la gobernanza deudocrática, y por otra parte el nuevo proyecto constitutivo/yente top-down de la UE . En cuanto a las segundas, a nivel estatal, estamos presenciando sucesivas reformas de los códigos penales que están significando la criminalización del movimiento buscando desactivar el conflicto social y su expresión, ya sea haciéndolo pasar mediática y jurídicamente por problemas de desorden público, sea a través de la represión policial violenta e indiscriminada. Desde la perspectiva tecnopolítica tampoco hay que olvidar las amenazas a la privacidad, anonimicidad y libertad de expresión por parte de las regulaciones en materia de ciberseguridad y telecomunicaciones, por no hablar de las que provienen de las respectivas agencias de inteligencia.

En relación a las fortalezas, más allá de la solidaridad y deseo de coordinación, hay que destacar todo el recorrido y experimentaciones derivadas del ciclo antiglobalización, pero sobretodo la apertura de un nuevo ciclo caracterizado por las demandas de radicalidad democrática, la política del cualquiera, la potencialidad tecnopolítica en especial en lo relativo a nuevas formas de organización, comunicación y acción que posibilitan formas movimiento-sistema-red, y un nuevo repertorio de acción y lucha. En este sentido hay que destacar las movilizaciones del 14N de 2012 en las que parecía emerger una subjetividad europea común experimentando una nueva forma de lucha: la huelga social metropolitana.

Finalmente, en los desdemocratizados y deslegitimados regímenes de los estados-nación europeos, el elevado grado de conflicto y movilización social, especialmente en los Estados de la periferia, se presenta como una oportunidad frente al dispositivo crisis para redefinir las reglas del juego desde abajo: la distribución del poder mediante su ejercicio de manera radicalmente democrática, y de los bienes y riquezas comunes a través de su reapropiación.Garantizando así la calidad de vida, la igualdad y la autonomía personal de las ciudadanas respecto al mercado y al gobierno estatal de turno

Se presenta así una nueva dimensión de la crisis que podría considerarse como la mayor oportunidad para la articulación de un movimiento europeo, aquélla destituyente/constituyente. Es entorno ésta que debería articularse un movimiento constituyente europeo caracterizado por la multiplicidad de identidades y la diversidad en la autonomía del movimiento(s), su red afectiva, y por compartir un imaginario, estrategias y luchas comunes orientados hacia un doble proceso destituyente/constituyente.
Este proceso podría vertebrarse en cuatro ejes:

1. Material/social: basado en el proceso de reapropiación y redistribución de los bienes y riquezas comunes y en la socialización y democratización de la producción frente la dimensión económico-financiera de la crisis.

2. Subjetivo/derechos: que permitan el acceso a los bienes y riquezas y al ejercicio de nuestros derechos comunes, garantizando así la calidad de vida, la igualdad y la autonomía personal de las ciudadanas respecto al mercado y al gobierno estatal de turno.

3.Democracia/Gobernanza: una gobernanza abierta, compartida, común basada en la radicalidad democrática de la política del cualquiera, superadora de la crisis de representación y la deslegitimación político-institucional. Una gobernanza del común que requiere nuevas formas institucionales, una democracia a escala europea y un nuevo pacto social: el commonfare europeo.

4. Territorial/cultural: construir una nueva territorialidad europea a través de un vínculo federal no estato-céntrico, una red descentralizadada de territorios y comunidades que respete y potencie la diversidad cultural e identitaria.

Como conclusión, y a pesar de las notables debilidades y amenazas, las potencialidades y límites de articulación nos permiten considerar que se dan las condiciones de posibilidad necesarias para la emergencia y articulación de un movimiento constituyente europeo que supere desbordante el nivel del Estado-nación. Teniendo en cuenta las oportunidades para la intervención a escala continental contra la desdemocratización y desposesión de la Troika, que estas condiciones necesarias sean también suficientes, sólo depende de nosotras, las multitudes europeas. El movimiento europeo, será constituyente o no será.

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