Algunas cuestiones claves para seguir reflexionando y caminando (II)

El “alto el fuego permanente” declarado por ETA y la posible solución negociada del conflicto, así como las propuestas de reformas estatutarias, iluminan un nuevo escenario que puede suponer la apertura del candado del “atado y bien atado” y dar paso a profundas
transformaciones. ¿Cómo se valora este escenario? ¿Qué actitud debe tomar la izquierda- ‘española’ o ‘nacionalista’- transformadora?

J. SANZ, I.MARTIN, I. ALONSO, I.L TELLERIA / Komite Internazionalistak

10/10/06 · 20:31


En la primera parte de este
artículo nos planteábamos
la coyuntura, el desafío y
las incertidumbres del
proceso. Vamos, ahora, a centrarnos
en algunas cuestiones claves
que desde nuestro punto de vista
debe tener este proceso de paz para
que no sólo tenga un carácter nacional
sino también de transformación
social. Así varias son las dinámicas
de trabajo que se han abierto
en los últimos tiempos y que van
caminando en este sentido.

Una de estas dinámicas que parece
que simbólicamente, y en un primer
momento, lo ha conseguido, gira
en torno al papel de la mujer. La
plataforma y el acuerdo de Ahotsak,
han situado en la palestra un viejo
tema casi olvidado en el conflicto: no
podemos reproducir algo contra lo
que luchamos en nuestra sociedad
como es contribuir a generar un proceso
de hombres entre hombres. Las
mujeres tienen que tener un papel
predominante en todos los ámbitos
de la sociedad y entre ellos en este
proceso de resolución del conflicto.

La cuestión social

Una segunda cuestión clave es la
dimensión social de la resolución
del conflicto, que según nuestra mirada
tiene dos patas que la sostienen:
por un lado la reivindicación
del respeto a la decisión, la participación
y al derecho de autodeterminación,
y por otro lado el debate
sobre qué país resulta de este proceso.
En lo referente a la primera
pata el fondo del asunto radica en
que la base social, que pretende
nuevas cotas de democracia y autodeterminación,
no sólo nacional sino
social, se movilice y participe en
diferentes ámbitos. Lo que hemos
aprendido de nuestras luchas en
solidaridad con otros pueblos, es
que el fin se hace también en el camino.
Si queremos mayores dosis
de autodeterminación y participación,
la debemos reclamar también
en el momento en el que estamos
enmarcados actualmente.
Así, debemos impulsar la búsqueda
de dinámicas heterogéneas de
participación y construcción social
de esa idea de país que está en
nuestras cabezas. Los procesos del
Nazioeztabaidako Gunea, o recuperar
espacios como el Foro Social
de Euskal Herria, nos parecen esfuerzos
a realizar por parte de los
movimientos sociales. Movimientos
sociales que, muchas veces, hemos
visto con distancia y recelo las
formas de hacer país desde las
fuerzas políticas. Quizás ahora sea
el momento de sumarse a estos
procesos para hacerlos más cercanos
y más nuestros.

El resultado

Respecto a la segunda pata de la dimensión
social, encontramos diferentes
procesos de resistencia y lucha
en el ámbito de la transformación
social. Citar algunos como la
lucha contra la violencia contra las
mujeres, el apoyo a los inmigrantes
sin papeles, la lucha contra la exclusión
social y la pobreza, contra las
condiciones de precariedad y la dificultad
de acceso a la vivienda por jóvenes
y no tan jóvenes, el rechazo al
TAV..., nos muestran una realidad
viva que no puede quedarse fuera
de este proceso. Siguiendo la lógica
de las conocidas dos vías planteadas
desde la izquierda abertzale, tendríamos
que conseguir una tercera vía,
o por lo menos incorporar a las otras
dos, todas estas expresiones de
construcción de una identidad nacional
desde un proyecto de transformación
social y unos valores de
crítica a la globalización capitalista.

No parece realista, teniendo en
cuenta la correlación de fuerzas,
pensar que el resultado de este proceso
abierto sea la constitución de
un territorio y una manera de organizarnos
más a la izquierda y con
un contenido alternativo y de transformación
social. Ahora bien, tampoco
tendría sentido que se planteara
un proceso en clave exclusivamente
nacionalista, en el que no
hubiera cabida para otro tipo de reivindicaciones
sociales. Y mucho
menos que este proceso favorezca y
tenga como resultado un desinfle y
disminución de las diferentes luchas
y resistencias en Euskal Herria.
Es fácil, como antes indicábamos,
que en esta coyuntura las dinámicas
que prevalezcan sean las
elitistas y oscurantistas, con una
participación casi nula de los movimientos
sociales y de la sociedad en
general. Y quizás cierta parte sea
necesaria. Pero esa parte se va a
dar, y los movimientos sociales tenemos
que preocuparnos de que se
dé la otra dinámica, basada en la
participación y la proposición por
parte de la sociedad. Y creemos que
existen actualmente ámbitos de actuación
en donde ver reflejadas las
reivindicaciones de los movimientos
sociales que nos permiten ser
optimistas. Son tiempos de redefinición
y sabemos que todo lo que se
mueva en base a una “definición nacional”
será contestado y reprimido
fuertemente. Quizás sean tiempos,
una vez abierta la puerta, en los que
la definición social sea más sencilla.

A modo de conclusión

Estamos en un país vivo que a gran
o pequeña escala se mueve y resiste
y en la medida que lo hace sigue forjándose
una identidad como pueblo,
una manera de entender el ‘nosotr@
s’ y nuestra relación con el
mundo y con los procesos locales y
globales de lucha por la democracia,
la justicia y la libertad. Hay que
seguir generando actos constitutivos
de autonomía y democracia desde
abajo. Espacios en los que los valores,
los objetivos y la identidad
por la que luchamos se hagan reales
a pequeña, media o gran escala.
El uso y la recuperación del euskera,
espacios como Euskal Herriko
Gazte Kontseilua, el movimiento de
okupación, la campaña Bai Euskal
Herriari, la unidad sindical abertzale,
son algunos ejemplos de una participación
heterogénea y basada en
la construcción horizontal desde las
bases de los que podemos y debemos
aprender. Todo ello desde la
radicalidad y el compromiso expresado
a través de estrategias de desobediencia
civil desarrolladas durante
muchos años por los movimientos
sociales de este país como
forma de acción política.

En definitiva, si algún papel tienen
los movimientos sociales en este
escenario es el de no mirar para
otro lado. Es necesario tener un papel
activo, acompañando y empujando
para que la puerta del proceso
de paz se siga abriendo, basándose
en la decisión y en el derecho
de autodeterminación, así como en
la construcción de un país que se
enfrente y experimente con alternativas
a los desafíos de la globalización
neoliberal. Todo proceso vital
y político abierto, trae consigo
dificultades a las que habrá que hacer
frente, pero también nuevas
oportunidades que debemos entre
todas y todos saber aprovechar.

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