Algunas cuestiones claves para seguir reflexionando y caminando (I)

J. SANZ, I.MARTIN, I. ALONSO, I.L TELLERIA / Komite Internazionalistak

16/10/06 · 19:51
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Pasados los primeros sentimientos,
mayormente de
optimismo, que produjo el
establecimiento por parte
de ETA del “alto el fuego permanente”,
el proceso de resolución del conflicto
vasco va a ser largo. Muchos
actores tendremos que actuar y reflexionar
sobre él. Desde muy variados
agentes (la Iglesia, el PNV, la izquierda
abertzale,...) se reclama la
necesidad de que la sociedad civil y
los movimientos sociales (MM SS)
nos impliquemos en este proceso.

Algunas de estas reclamaciones
suenan vacías, como la del PNV, que
mientras apela a la sociedad vasca
para que se implique en esta oportunidad
histórica, prohíbe a sus bases
participar en la manifestación del
pasado abril en favor de un proceso
democrático convocada por un amplio
espectro social y político.
Ante otras somos escépticos, básicamente
debido al papel que han
desempeñado los diferentes actores,
incapaces de demostrar durante
años el más mínimo interés por solucionar
este conflicto.

Los movimientos sociales

Lo relevante de la nueva coyuntura
no es tan sólo el alto el fuego, sino lo
que éste parece reflejar: la existencia
de un proceso marcado por unas voluntades
políticas que entienden que
el conflicto político y militar se puede
resolver a través del diálogo entre los
diferentes agentes y sensibilidades.
Esa ‘cocina’ ha generado un nuevo
escenario, aunque las políticas represivas
por parte del Estado no se
hayan detenido. Si hemos llegado
hasta aquí es también porque en el
terreno público se ha conseguido
mantener la acción colectiva, la generación
y extensión de la identidad
de un pueblo con derecho a decidir.

Desde las movilizaciones en contra
de la central nuclear de Lemoniz hasta
luchas recientes contra el Tren de
Alta Velocidad (TAV) pasando por la
solidaridad con los y las presas, la
apertura por subscrición popular de
nuevos diarios frente al cierre de
Egin y Egunkaria, la insumisión, la
lucha por incorporar a la agenda y a
las reivindicaciones del movimiento
de resistencia global el derecho a la
autodeterminación de los pueblos sin
Estado... muchos son los ejemplos
de este poder de movilización social
de nuestro pueblo. Y somos principalmente
los MM SS los que hemos
mantenido esta tensión social y así lo
han visto claro las estancias represoras
del Estado al querer incriminar a
los movimientos sociales (el más claro
ejemplo es el sumario 18/98).

Una lucha que no sólo ha posibilitado
que a lo largo de estos años
se haya mantenido viva la esperanza
de cambio, sino que también ha
hecho posible compartir, convivir
y crear redes en diferentes luchas
y resistencias. Esta convivencia no
siempre ha sido positiva: algunas
experiencias han provocado recelos
y desencuentros dentro de diferentes
sensibilidades que también
tendremos que tener en cuenta. Es
indudable también, que en muchos
terrenos hemos perdido fuerza e
implantación. Las maneras clásicas
de totalitarismos ideológicos,
la cada vez menos participativa sociedad
y también la represión que
vive toda iniciativa que plantea
cambios en el status quo son razones
de este declive. Pero seguimos
estando en el escenario público y
gracias a ello hoy es factible esta
posibilidad de cambio.

Oportunidades,
desafíos e incertidumbres

En todo proceso social, junto a
cualquier oportunidad política
existe un desafío, que a su vez genera
una incertidumbre y provoca
unos resultados. La oportunidad
ya la hemos identificado. El desafío
es en el que nos encontramos
en estos momentos: una parte de
esta sociedad ha rechazado que el
conflicto se pueda arreglar con políticas
represivas y a su vez ha manifestado
un agotamiento de marcos
como la Constitución, la unidad
del Estado español o el
Estatuto. Pero dentro del desafío
no sólo esta el ‘herri bat gara’ (somos
un pueblo) sino qué queremos
decidir cómo es ese pueblo y qué
características políticas y sociales
debe tener. Debemos seguir respondiendo
imaginativamente a la
represión, haciendo posible la participación
de las ahora ilegales
ideas políticas, pero a la vez debemos
seguir generando espacios de
autonomía, de creación de los valores
que como nación y como pueblo
nos identifican. Trabajar para
que las personas y los pueblos (no
sólo el nuestro) puedan participar
y decidir libre y democráticamente
su futuro. Necesitamos seguir haciendo
frente y generando alternativas
a la ofensiva en la que el capitalismo
y el neoliberalismo tienen
inmersa a nuestra sociedad.

Como decíamos, todo desafío conlleva
una incertidumbre. Nadie a día
de hoy sabe como puede acabar este
proceso, pero algunos ejemplos en
la historia de nuestro país y de otras
partes del mundo nos demuestran
que los resultados pueden ser muy
diferentes y antagónicos. Un escenario
de desmotivación debida a la delegación
del protagonismo por parte
de los MM SS y la ciudadanía a favor
de la política profesional, una mayor
represión, un proceso de reforma
que no satisfaga las reivindicaciones
de la sociedad y que en cambio las
neutralice; un proceso de cambio
más democrático basado en una
mayor movilización y en un papel
activo de la sociedad civil y los
MM SS. Todos son escenarios posibles
y debemos de tenerlos en
cuenta, sobre todo los negativos,
para poder superarlos.

Desde luego, lo referido a lo externo
a los MM SS no es nuevo. El papel
del PSOE-PSE, del PP-UPN y de
la mayoría social en el Estado por un
lado, y el papel del mundo nacionalista
relacionado con el PNV por otro,
son los más evidentes. Habrá que ver
la capacidad que van a tener de
arriesgar, y hasta qué punto serán
capaces de resolver sus contradicciones
internas para generar un proceso
de resolución donde la estabilidad
y lo “política y económicamente correcto”,
es decir sus intereses, no
sean lo único que les mueva.
Más importancia tiene lo relacionado
con la coyuntura interna. La
movilización en la calle y participación
activa y constructiva del
mayor número de personas es crucial.

Para ello es necesario reforzar
la amplia y diversa red de MM SS
generando así alianzas y apoyos
dentro, pero también fuera de
nuestro país. Conseguir complicidades
y la solidaridad de otras naciones
y pueblos, de la izquierda y
de otros MM SS a nivel mundial. Y
también de las bases o personas
cercanas a otras culturas nacionalistas
y no nacionalistas de nuestro
entorno. Involucrarles en una resolución
basada en más democracia
y más participación.
Muchas de las declaraciones que
de uno y otro lado oímos no van en
este sentido. Por ello nos parece importante
rescatar ésta pronunciada
desde el sindicalismo abertzale: “Es
el momento de una concreción táctica
y estratégica en lo institucional
y social de esta nueva transición política.

Hoy más que nunca la apuesta
independentista y socialista necesita
de una praxis sociopolítica
definida en contenidos y dinámica
social, necesita permeabilizar compromisos
de lucha en el seno de las
organizaciones”. Esta es para nosotros
la labor y el camino a seguir
desde los movimientos sociales.

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