No odies al periodismo: haz periodismo

En el actual contexto político, el periodismo crítico ha de tener la vocación de disputar la centralidad profesional a las prácticas manipulatorias que caracterizan hoy a los medios mainstream.

, es profesor de periodismo en la UCLM y activista por el Derecho a la Información. (@miguelenlared)
24/11/16 · 12:14

Acierta Diagonal en proponer el debate sobre el rol del periodismo crítico en el actual proceso político. No sólo en su relación con los partidos que componen su frente electoral, también sobre la capacidad de los medios 'alternativos' para ser ellos mismos palanca de transformación. Algo que los sitúa, igual que a esos partidos, en una búsqueda de equilibrio entre idealismo y éxito de audiencia, entre el pie de afuera y el de adentro de la cultura integrada, entre radicalidad e incidencia.

¿Qué rol juegan estos medios ante un proceso que parte precisamente de haber conquistado visibilidad en medios masivos, ya desde el 15M? ¿Cómo nos ubicamos desde ese 'otro' periodismo posible ante los cambios en la esfera pública? La prensa hegemónica apoya candidatos sin disimulo, silencia hechos y voces relevantes, aliña la información con juicios de valor unilaterales. ¿Se debe hacer lo mismo desde el otro lado? ¿Se combate el periodismo 'hooligan' usando sus propias armas? ¿Es posible un periodismo no manipulador? Estas cuestiones salían a discusión en un debate entre políticos, periodistas y público en el Teatro del Barrio. Fugazmente abordo cuatro puntos clave al respecto: identidad, agenda, estética y deontología.

En primer lugar, si los periodistas 'críticos' creemos que el margen no es nuestro lugar natural, si confiamos en la posibilidad de victoria de un proyecto de sociedad opuesto al neoliberal, deberíamos pensar en una operación hegemónica respecto de nuestra labor, similar a la que intentan esos nuevos partidos en su asalto a las instituciones. Concebirnos definitiva o esencialmente como 'alternativos' y 'diferentes' es de algún modo renunciar a la posibilidad de devenir mayoritarios, de disputarle al mainstream la capacidad para producir sentido común en la esfera pública. Construirnos 'en resistencia' y buscar diferenciarnos de 'la masa' es también acomodarse a la derrota, abrir distancias con la agenda, la estética y los lenguajes en que desarrollan su vida las audiencias masivas, encerrándonos en comunidades hermenéuticas reducidas. Si reivindicamos hacer 'contrainformación', hacer 'otro' periodismo, regalamos la categoría de información y la centralidad profesional a prácticas manipulatorias que no merecen esa consideración, haciendo de nuestra deserción una seña de identidad. Hagamos pues periodismo e información sin apellidos, recuperemos con orgullo la dignidad de este hermoso oficio.

Ello invita, por ejemplo, a no descartar la agenda oficial. Confieso haber dejado de comprar algún medio alternativo porque me informaba de realidades silenciadas y visibilizaba la actividad de colectivos afines, sí, pero no me permitía –como exige mi oficio y muchos otros– formarme una opinión sobre asuntos clave de la agenda hegemónica. Es necesario equilibrar ambas facetas. Si no entramos a disputar relato en los temas 'del día', el periodismo crítico realmente no confronta con el del establishment, nunca logrará desplazarlo. En el mejor caso será su complemento. Incluso esto será difícil en esta era de la sobreinformación.

Creo que algo parecido ocurre a nivel estético y formal. Transformar los imaginarios del llamado pensamiento único implica manipularlos, operar sus palancas para tejer nuevas estructuras de sentido, despojarlos de sus peores consecuencias e investir con sus materiales nuevos objetos de valor. Compiten mejor con la prensa oficial medios que, aunque distintos, se asemejan a la prensa oficial. Cambiarse a ellos cuesta menos, la transición es suave. Prueba de ello es el salto que algunos periódicos críticos dieron pasando de estéticas de fanzín a maquetaciones más impregnadas de la forma-diario tradicional.

El dilema de los medios críticos es el mismo de los partidos y movimientos 'alternativos': para transformar la esfera pública(da), necesitan en cierta medida parecerse a ella

Son lecciones que hemos aprendido y podemos extrapolar al conjunto de nuestra actividad. En realidad, el dilema de los medios críticos es el mismo de los partidos y movimientos 'alternativos'. Para transformar la esfera pública(da), necesitan en cierta medida parecerse a ella, sin caer asimilados. Quedarse fuera no incomoda a quien la hegemoniza, la tarea es atravesarla, dar batalla en su seno, y en esa acción transformarla.

¿Y en cuanto a deontología? No cabe aquí el debate epistemológico, pero no me resisto a una provocación. El 15M hizo envejecer las posturas que aceptaban llamar "democracia" a su simulacro y se posicionaban en contra. Enseñó no sólo a reivindicarla sino a experimentarla de forma directa y vivencial en las plazas. Hagamos lo propio con el periodismo. Desechar el valor de la objetividad borra toda distinción entre información y opinión, entre verdad y mentira, nos aboca al periodismo opinativo. Si todo es discurso, ¿para qué investigar o contrastar fuentes? El pluralismo y la reflexividad serían nuestro único horizonte. Creo que hay que ir más allá, o más acá: el periodismo sigue siendo posible y necesario. Insistir en que “la objetividad no existe” –¿existen acaso la democracia, la justicia o la libertad, o son sólo constructos sociales que sirven de brújula?– es abandonarse al periodismo tribal, ahondar en la fragmentación y polarización de la esfera pública, zambullirse en la era de la post-verdad posicionándose contra el oficio, en vez de reivindicarlo frente a quienes perpetran su simulacro. Para que los medios críticos logren tensionar la opinión pública y posicionar relatos que obliguen a los partidos a asumirlos, creo más útil aprender del 15M –lo llaman periodismo y no lo es– o parafrasear el viejo lema de Indymedia: Don’t hate (bad) journalism, become a journalist!

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comentarios

4

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    JASB
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    29/11/2016 - 5:17pm
    La objetividad existe como concepto, como bien dices, Miguel. Pero en la praxis yo no la veo tan reconocible (ni siquiera de manera incompleta); precisamente porque el periodismo lo realizan sujetos (subjetividad) y no objetos (objetividad). Creo que en el periodismo puede y debe exigirse rigor, veracidad, precisión, etc.; pero no objetividad... al menos mientras el periodismo sea realizado por personas o sujetos y no por robots u objetos (e incluso así, habría que tener en cuenta qué sujetos han diseñado esos objetos). En mi opinión, la objetividad es solo una estrategia de marketing de las empresas informativas o periodísticas para camuflar una subjetividad que es inherente al periodismo y de la que nadie puede desprenderse, por el mero hecho de ser persona.
  • Javi querido: si podemos exigir la objetividad es precisamente porque existe como concepto y es reconocible en su praxis, siempre incompleta. Igual que la democracia o la justicia. No busques una existencia material, son constructos sociales imprescindibles, nada más (y sobre todo nada menos). Fuerte abrazo.
  • Javi querido: si podemos exigir la objetividad es precisamente porque existe como concepto y es reconocible en su praxis. Igual que la democracia o la justicia. No busques una existencia material, son constructos sociales nada más (y sobre todo nada menos).
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    Javier Sáenz
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    24/11/2016 - 4:59pm
    Toda la razón. El periodismo "alternativo" que queremos es el periodismo, sin apellidos. El otro, generalmente, no lo es. Y una opinión divergente: La objetividad no existe. Pero, como la felicidad o la democracia, debemos exigirla.
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