Opinión
Grietas y relámpagos

El surgimiento de Podemos fue un relámpago en la noche, pero, pese a evidentes éxitos, sigue reinando la oscuridad.

15/11/16 · 19:37
Edición impresa

Desde finales del siglo XIX, todas las crisis del capitalismo han sido también crisis del parlamentarismo y del liberalismo. Estas tres crisis son tres ángulos de la misma realidad: la economía de mercado, la filosofía liberal que expresa el pensamiento de la burguesía como clase, y la democracia parlamentaria que cobra fuerza con las revoluciones inglesa, americana y francesa.

Como el sistema capitalista funciona a base de crisis, cada vez que el reajuste de la tasa de ganancia tiene como resultado el empobrecimiento de las mayorías, los damnificados de las crisis cuestionan el marco político tanto en términos teóricos como prácticos impugnando a políticos, partidos e instituciones. Ese pueblo enfadado que impugna la quiebra del contrato social se encuentra a sí mismo reflejado en el espejo de su ira, articulándose como soberano, como poder constituyente, como pueblo ‘en armas’.

La respuesta a las crisis económicas tienen forma de lo que entendemos como ‘populismo’, esto es, un momento de impugnación de la democracia representativa y de las fallas en la redistribución. Eso va a generar dos movimientos: uno de defensa del statu quo, que aglutine a los viejos partidos –las grandes coaliciones–, y una respuesta ‘populista’ –identitaria, enemiga de las élites, contraria a la corrupción– que tendrá dos posibilidades: una que atiza los excesos del sistema para mantener el sistema –el populismo de extrema derecha–, y otra que aprovechará el enfado popular para ahondar en la democracia.
 

Comienza una nueva etapa donde hay que sacar conclusiones de todo lo aprendido

El momento populista –que es por definición transitorio, pues la mera impugnación no construye una sociedad alternativa– se alimenta de la incorrección política. Desde la crisis de los 70, la izquierda viene equivocándose en tres cuestiones: no asumiendo la derrota del keynesianismo, que fracasó por su propia impotencia para solventar el crecimiento de la inflación al tiempo que aumentaba el desempleo. Renunciando a buscar soluciones hacia delante sustituyéndolas por una petición llorosa de regreso al pasado y convirtiéndose en defensa del sistema al regalarle a la derecha todo el campo de la incorrección política, de manera que desde el socialismo o la izquierda transformadora se reclamaba el ‘patriotismo de la Constitución’ mientras que la extrema derecha confraternizaba con el pueblo dándole herramientas para canalizar su rabia.

Las ‘grandes coaliciones’ son un intento desesperado de mantener un régimen que hace agua por todos lados –en el caso de España, hay que añadir a la crisis económica y del bipartidismo la crisis territorial y la crisis de la monarquía tras la abdicación de Juan Carlos I–. El neoliberalismo es un sistema que solventa sus crisis con más de lo mismo: mayor devastación medioambiental, mayor empobrecimiento del Sur, mayor deuda para las generaciones futuras, mayor expropiación de las mayorías y mayores tasas de explotación. Y como ratio última, con más guerras.

El 15M impugnó el relato neoliberal, abrió brechas en la pared, pero la pared sigue firme. El surgimiento de Podemos fue un relámpago en la noche, pero, pese a evidentes éxitos, sigue reinando la oscuridad. Comienza una nueva etapa donde hay que sacar conclusiones de todo lo aprendido. Eso se llama revisitar las calles con la experiencia institucional y llevar a las instituciones la solución a las necesidades populares expresadas y convertidas en conciencia en las calles. Sabiendo que las soluciones no son nacionales, sino, como mínimo, europeas. Y que los retos son tan enormes –robotización de la economía, envejecimiento de la población, migraciones, cambio climático– que no vamos a encontrar soluciones que no nazcan participadas en el diagnóstico de la propia ciudadanía.

Imprimir Imprimir
Versión PDF PDF
Enviar por e-mail Enviar
Corregir
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

1