Opinión
Describir la complejidad

Quien ejerce el periodismo debería amar la realidad en toda su complejidad, sustrayéndose a la seducción del "minimalismo mental" –Javier Ortiz dixit– que acecha en cada esquina.

, filósofa y redactora del colectivo editor de Diagonal
27/10/16 · 8:00
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Isa

inforelacionada

Ante una realidad compleja y siempre sobredeterminada que se resiste a ser resuelta dialécticamente, todas y todos, periodistas y lectoras, hemos de asumir el reto de sostener la tensión. La tensión entre deseos y realidad, entre los vectores de realidad que explican los procesos, entre causas, de­sarrollos y consecuencias heterogéneas, entre protagonistas e imprescindibles secundarios, entre lo institucional y lo informal, lo viejo y lo nuevo. Sostener la tensión y describir la complejidad de los procesos, narrarlos en su exuberancia, en su apertura, en su carácter a menudo contradictorio.

No sólo hay buenos y malos, lo que queremos y lo que rechazamos, la gran causa y lo contingente, sino multitud de combinaciones complejas, en las que los papeles se desbaratan

No sólo hay buenos y malos, lo que queremos y lo que rechazamos, la gran causa y lo contingente, sino multitud de combinaciones complejas, en las que los papeles se desbaratan, y que hay que entender y atender desde el periodismo crítico, que con el epíteto no enuncia sino un compromiso, una promesa fundamental para el autoconocimiento de la comunidad.

Quien ejerce el periodismo debería amar la realidad en toda su complejidad, sustrayéndose a la seducción del "minimalismo mental" –Javier Ortiz dixit– que acecha en cada esquina.

Multiplicar las fuentes, por ejemplo, más allá de los conocidos y afines, hacia los desconocidos y hasta opuestos… buscando que el trabajo enriquezca nuestro punto de vista. Afrontar enfoques nuevos, pese a que nos genere, de entrada, incomodidad. Echarles un pulso a los discursos monolíticos, para que las potencialidades reprimidas puedan florecer. Habitar la communitas, también como periodistas, es exponerse, sustraerse a la inmunitas.

Esto exige, sin duda, descartar las gafas del dogmatismo y los clichés identitarios –muchos y muy tentadores–, porque muestran una realidad domesticada y apacible que no representa lo real. Así, por ejemplo, aceptaremos que ni los movimientos sociales son un reducto de pureza virginal, ni la sociedad civil es homogénea en sus heterogeneidades, ni los municipalismos son siempre el remedio al secuestro de la democracia, y Podemos no es un invento ni divino ni demoniaco, ni el PSOE un bloque homogéneo. Hay multitud de ejemplos de estos 'ni…ni…'.

Por otro lado, aunque la pasión por la marginalidad aísla y a menudo resta potencia, la competencia en lo central uniformiza. Ni…, ni...

Hoy, que muchas de nosotras hemos decidido participar de alguna manera en la 'gran' política; que nos hemos abierto, de alguna forma, paso en ella –por activa o por pasiva–, debemos estar atentas a la seducción de centrarnos exclusivamente en procesos de masas y en poderes más o menos solidificados –la banca, los partidos, incluso los movimientos sociales– porque el poder emana de luchas e interacciones diversas, y la pluralidad de planteamientos es el filón en el que podemos encontrar nuevas sendas para la comunidad, a veces en un rincón olvidado, en un grupo de vecinos, en un minúsculo colectivo, en un discurso solitario.

No dejemos, por ello, de aterrizar los procesos, de buscar su impacto y respuesta en la gente, en las personas, darles dimensión humana y narrarlos con afecto, cuidándonos de la divinización de poderes compactos que conducen, casi irremediablemente, al 'No hay alternativas'.

No dejemos de seguir buscando en nuestra cotidianidad respuestas originales al marasmo: están por todas partes y sus gestas abren camino. No cambiemos ese patrimonio, el de la gente minúscula, el de los y las sin voz, por la incidencia masiva. Ni… ni…
Para todo esto necesitamos tiempo.

Tiempo para leer y escuchar, y tiempo para investigar y escribir. Tiempo para protegernos de la 'televisionalización' o la 'twitterización' de la prensa escrita.

Sostener la tensión es también, sin abandonar la actualidad y los nuevos formatos, cuidarse del peligro de la urgencia

El mundo de la comunicación tiende a moverse en un registro de lo corto, lo rápido, lo visual… a menudo superficial, y sostener la tensión es también, sin abandonar la actualidad y los nuevos formatos, cuidarse del peligro de la urgencia y el fast thinking tan contrario al pensamiento que abre. Si queremos abrir potencialidades, debemos salir de la circularidad de la relectura y la competencia, y tomar tiempo y distancia para pensar.

¿Habrá comunidad de lectoras que apoye algo así? Manada para actuar, singularidades para pensar lo siempre singular: tensión y más tensión que sostener.

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