Opinión
Los centros sociales como bienes comunes

La experiencia de los Centros Sociales como generadores de otra sociabilidad debería de ser reconocida por la Administración pública.

, activista, filósofa y concejal municipal por Ahora Madrid
18/10/16 · 7:57
Asamblea de l'Asilo. / L'Asilo

Leo en el último número de Diagonal que en Nápoles el Ayuntamiento ha aprobado una ordenanza que reconoce a los centros sociales como “bienes comunes” y me embarga un profundo sentimiento de envidia sana. ¡Si pudiéramos hacer lo mismo en Madrid qué distinto sería el panorama de esta ciudad!

Sigo leyendo. El artículo explica que la creación de uno de los centros sociales más emblemáticos de la ciudad, el llamado l´Asilo, surgió como respuesta crítica a la política cultural de corte vertical del Ayuntamiento, que ampara prácticas de clientelismo político. Me veo directamente interpelada puesto que la política cultural del Ayuntamiento de Madrid ha sido caballo de batalla durante el primer año de gobierno pero, al tiempo, chocamos con grandes dificultades para introducir una gestión directa de la cultura en los centros culturales municipales que están entregados a las empresas del sector. ¡Y resulta que en los centros sociales se desarrolla una gestión cultural directa que nos es casi imposible en los centros municipales! ¿Por qué no aprovechar entonces esa dinámica introduciendo una ordenanza que reconozca los centros sociales como ‘bienes comunes’, como espacios donde se crea una riqueza social, cultural y comunitaria que es aprovechada por el conjunto de los vecinos y vecinas?

Nuestras raíces están ligadas también a este entorno, puesto que un sector importante del propio grupo municipal de Ahora Madrid nos hemos nutrido de esa riqueza común; disfrutamos de las infraestructuras de los centros sociales de la ciudad, como El Patio, cuando no teníamos acceso a los salones de actos de los centros culturales, que se nos negaban repetidamente; ahí desarrollamos los foros en que se discutió el programa, ahí nos reunimos innumerables veces hasta el punto de que sin ellos posiblemente no existiríamos.

Mentes retorcidas darán la vuelta a estas palabras y dirán que ahora queremos devolver favores a los ‘nuestros’. Pero se equivocan, porque los ‘nuestros’ son los ciudadanos y ciudadanas madrileñas desconocidas que siguen esforzándose por incrementar y defender una riqueza social difusa hecha de apoyo mutuo y cooperación. Esa forma no patrimonializada de riqueza se define como ‘bienes comunes’.

Este concepto, que da soporte jurídico a la ordenanza, combina lo material y lo inmaterial/social. En estos centros, como en La Enredadera del barrio de Tetuán, se cultivan ambas dimensiones: ahí tiene su sede el banco de alimentos, hubo un taller de bicicletas y hay otros proyectos de este tipo. Pero al hilo de ellos se construyen lazos comunitarios y sociales que son imprescindibles para hacer frente colectivamente a múltiples problemas: la lucha contra los desahucios, la pobreza, el racismo y la xenofobia; la atención prestada a los menores, el cultivo de la ayuda mutua en momentos difíciles, la participación activa en la Mesa contra la exclusión del distrito, etc., etc. Sin estos centros y sin éste en concreto, nuestros barrios serían todavía más invivibles y desalmados de lo que ya son. En ellos la gente se reúne y da vida a nuevos proyectos sociales y políticos.

Cambiaría una concepción elitista tradicional en la Administración pública que tiende a considerar a los/as administrados/as como menos capaces

Por eso entiendo que desde la institución municipal deberíamos hacer un esfuerzo por enfocar la situación desde este ángulo. No tiene sentido que a las pocas iniciativas que crean tejido social y que ayudan a resolver problemas les pongamos trabas burocráticas. La iniciativa napolitana nos marca un camino: elaborar un reglamento que reconozca las prácticas de autogestión que se dan en estos espacios y que defina el sujeto jurídico responsable que puede ser, perfectamente, una asamblea de centro, reconociéndolos como ‘bien común’ abierto al vecindario.

Este enfoque nos permitiría desbloquear situaciones enquistadas y cambiaría una concepción elitista tradicional en la Administración pública que tiende a considerar a los/as administrados/as como menos capaces, como menores de edad a los que hay que proteger de sí mismos. La experiencia de los centros sociales nos dice lo contrario: los primeros y primeras interesadas en que el centro funcione son sus propios habitantes, que crean un instrumento adecuado para ello: una asamblea colectiva. Ese instrumento es lento y tiene sus propias complicaciones pero su eficacia no desmerece en absoluto. Y lo que es más importante, prefigura un futuro de autogestión en el que las poblaciones afectadas puedan tomar sus propias decisiones.

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comentarios

4

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    Jesús
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    24/10/2016 - 6:08pm
    "¡Y resulta que en los centros sociales se desarrolla una gestión cultural directa que nos es casi imposible en los centros municipales!" ¿Y porqué -además de hacer realidad lo expuesto en el artículo- no abren los centros municipales a actividades abiertas , gratuitas y autogestionadas por los vecin@s? no hay porqué resignarse a un modelo de mercado mediante la subcontratación a una empresa, cuanto menos esos espacios pueden tener un carácter mixto, que incluya la vida social. Por otro lado, y entendiendo y respetando que hay sentires muy diversos en la relación con la institución, desde mi punto de vista sería muy deseable que el modelo que menciona lo pusiera en práctica su gobierno, aunque visto lo visto, lo dudo mucho. Saludos, Jesús
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    remosqueto
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    19/10/2016 - 10:20am
    ja,ja,ja,ja.... que cachondas estas de la neosocialdemocracia y la tontería de los bienes comunes... por otro lado la actitud cínica, el no escuchar y ver lo que queremos ver, ya está usado y desgastado.... estas nuevas salvadoras tiene unas tragaderas grandes, quieren comerlo todo, tragar, engullir, asimilar...buaggggg
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    Unpobrecitohablador
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    19/10/2016 - 1:35am
    Algunas estamos ofendidas con este artículo. Leemos a gentes del ay-untamiento que se lucran hablando de los comunes. Que pretenden imponer su gobernanza al movimiento autonomo y encima ahora lo pintan de común. Madrid no es Napoles, pero sobre todo lo diferencia gran cantidad de lucha autónoma que por si sola es quien legitima el proceso que allí ocurre. No son las instituciones quienes producen el cambio, normalmente son las que lo frenan. Lo peor es escucharte nombrarnos para legitimar VUESTRO discurso, no necesitamos ningún reglamento. Necesitamos su olvido y que tengamos NUESTRA fiesta en paz. Recomendamos encarecidamente que deciden sus esfuerzos a cartografíar los bienes públicos(comenzando por el de plaza cibeles)que su administración AHORA gestiona y los cedan en contratos de 100 años a las necesitadas asambleas sin techo de su querido Madrid, es lo que hizo el PP con lo publico (darselo a sus amigos) y lo que deben AHORA a sus votantes. Quizá así AHORA demostrarian su valía y conseguirían más comunes que con las normativas que pretenden imponer. Desde abajo y desde los márgenes... los comunes no se gobiernan, no se legislan: se usan, se toman, se conquistan. Ya los estamos disfrutando y ya los disfrutábamos antes que las leyes nos los arrebataran. Fuego al ayuntamiento...!! con vosotros adentro?
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    qwerty
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    18/10/2016 - 11:48am
    No queremos legalizarnos. No consideramos binomio legal o ilegal, eso es una etiqueta del estado. Legal o ilegal nos da igual. No queremos asistencialismo ni caridad de un estamento oficialista, burocrático y estatal com es el Ayuntamiento. No más desalojos de centros sociales OKUPADOS. Por que son OKUPADOS, parece que da miedo escribirlo o da mala imagen al Ayuntamiento??