Otro sentido común

El ayuntamiento ha de facilitar la enunciación cultural desde abajo.

, profesor de la Univ. Autónoma de Madrid
29/07/16 · 7:10
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Manuela Carmena inaugura la exposición fotográfica ‘Caminos de exilio’ en el Parque del Retiro / Marcos Jiménez / Diso Press

Uno de los mayores méritos del 15M fue apelar a un nuevo sentido común capaz de poner de manifiesto que el emperador estaba desnudo. Detonó la evidencia del desajuste entre la vida y las instituciones que pretenden regularla, no sólo por espurias sino, sobre todo, por obsoletas. La imagen de un sistema obsoleto es capaz de aglutinar voluntades más poderosamente que la evidencia de la opresión y la injusticia. En un mundo en que éstas últimas tienden a justificarse fríamente por la eficacia, el postular desde el imaginario común el que las estructuras injustas son disfuncionales y un lastre del pasado tiene una tremenda fuerza que no deberíamos dilapidar. 

El impasse en el que se encuentran las administraciones del nuevo municipalismo es el de proyectar dicho sentido común en la ­gestión de las instituciones, reconociéndolo en la tradicional vocación de servicio público de éstas. Pero sobre todo distinguiéndolo del sentido de protección y reproducción del statu quo que subyace en muchas de sus estructuras. En las prácticas del nuevo municipalismo debería ‘imponerse’ con urgencia el sentido común de que la realidad social y la realidad de la Administración han de ser conmensurables y mutuamente permeables, contando con la responsabilidad de los agentes sociales implicados y ensayando procedimientos a la vez plásticos e inteligibles para todos.
 
La responsabilidad de las instituciones culturales sobre aquello que puede ser vehiculado en el espacio público debería repensarse dentro de la aplicación de este nuevo sentido común. La institución, que monopolizó la enunciación cultural desde la Transición, no debería convertirse hoy en ‘juez’ y ‘policía’ de la cultura, proyectando sobre la misma una mirada de desconfianza y miedo que reflejan una sospecha equivalente sobre la esfera pública. Al contrario, la responsabilidad prioritaria de la institución sería la de proveer de las condiciones y de los recursos que facilitarán la enunciación cultural desde el propio cuerpo ­social, los profesionales de la cultura incluidos, favoreciendo la proliferación de ámbitos en que expresarse, representarse o disfrutar en común sin claudicar de las diferencias y las disensiones inherentes a las sociedades abiertas.
 
La organización del pasado Año Nuevo Chino en el barrio de Usera [Madrid] es un ejemplo del papel que puede tener la institución como espacio de negociación y de producción cultural colectiva. Las reuniones preparatorias que tuvieron lugar entre el tejido asociativo chino, los actores culturales del barrio y los agentes del Área de Cultura y la Junta sacaron a la luz un proceso de construcción social complejo y rico que desborda los estereotipos y los marcos convencionales de relación entre las distintas comunidades de madrileños. La presencia de la iniciativa municipal ­suponía el reconocimiento institucional de una realidad social que está reconfigurando de un modo decisivo el vecindario, reorientando así el sentido de la municipalidad, que pasaba de la indiferencia a la deferencia respecto a dichos procesos. Pero la organización de la fiesta no sólo recogía las aspiraciones de una colectividad singular de ser reconocida en el espacio público, sino que lograba conectar con la aspiración común de la ciudadanía de reconocerse gozosamente como una sociedad múltiple y diversa, abarrotando multitudinariamente las lluviosas calles de Usera.
 
Desgraciadamente, los acontecimientos que rodearon la celebración del Carnaval en Tetuán y su repercusión mediática y judicial nos impidieron valorar el rol que tuvo la fiesta en la visualización y la negociación de las diferencias y las desigualdades que configuran el mapa social de este distrito madrileño.
 
Si no hubiera flaqueado nuestra convicción en el sentido común desde el que se había plan­teado la fiesta, tal vez habríamos podido responder con la firmeza debida al ataque político y mediático que siguió a la actuación de Titiriteros Desde abajo. Además de la cuestión inmediata acerca de lo que podía o no ser enunciado y aquello a lo que puede o no exponerse a la infancia, estaba en juego la cuestión de quién y cómo accede al ámbito de lo público y el papel de las instituciones en la garantía a tal acceso. 
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