Opinión | Elecciones 26J
El dilema del PSOE

​Nunca antes los socialistas habían tenido que barajar la posibilidad de un gobierno con el PP, ni nunca habían encontrado a unos independentistas rotundos necesarios para gobernar.

, periodista.
22/07/16 · 8:00
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Pedro Sánchez, candidato del PSOE, y Antonio Hernando, portavoz del Grupo Socialista en el Congreso. / PSOE

Sólo puede ser calificado de sorprendente que, a la pregunta de por qué fracasó la anterior legislatura, el relato mediático dominante en España haya borrado de la ecuación el papel protagonista de ERC y CDC.

El PSOE sólo tenía entonces tres vías para gobernar: pactar con el PP, un acuerdo quizás imposible pero además carísimo para los de Sánchez; conseguir que Podemos y Ciudadanos dejaran de vetarse mutuamente, algo que se reveló imposible; o buscar el pacto con los independentistas, como proponía Podemos.

Si se atiende a las explicaciones que los partidos dieron de su incapacidad para investir, se entiende por qué no funcionaron las dos primeras vías. Pero la tercera se ha dejado en una cuidadosa oscuridad sin que, metidos de lleno en las segundas intenciones, sepamos todavía a ciencia cierta si fueron los independentistas quienes bloquearon, si acaso se les excluyó por parte de algunas fuerzas, o si ocurrieron ambas cosas a la vez.

Esta cuestión es especialmente relevante ahora, cuando el panorama vuelve a ser exactamente igual, con la diferencia de que el bloque propuesto en febrero por Iglesias –que sumaba al PSOE, Podemos, IU y las confluencias–, el 26J cayó cinco escaños.

Hasta el momento, Rajoy ha recibido el no firme del PSOE, de Unidos Podemos, de los independentistas y del PNV. Si se mantienen esas voluntades, el líder de la derecha no podrá gobernar y Sánchez será señalado como aspirante, volviendo al referido esquema de las tres vías.

En un nuevo vistazo a aquellas tres opciones, el asunto que continúa marcando la dinámica del momento político es la imposibilidad de la segunda vía. Unidos Podemos y Ciudadanos se autoexcluyen de un pacto con el otro. Se trata de una lucha clásica de izquierda contra derecha, actuando el PSOE como gran partido bisagra del que los otros dos estiran hacia sus posiciones, sin que ninguno de ellos aporte diputados suficientes para dar por sí mismo una investidura.

Si esta situación se mantiene, y hay pesados incentivos electorales tanto para Unidos Podemos como para Ciudadanos en que el veto mutuo se mantenga, un foco más amplio muestra un cuadro en el que el PSOE está obligado a elegir entre hacer concesiones al PP, como quiere Rivera, o hacerlas a los independentistas, como propone Iglesias.

Esquerra y Convergència –ahora Partit Demòcrata Català– deberán demostrar hasta qué punto van en serio con sus reivindicaciones soberanistas 

Esto da a los independentistas un poder que tampoco habían soñado hasta ahora. Pero también les plantea un reto nuevo. Esquerra y Convergència –ahora Partit Demòcrata Català– deberán demostrar hasta qué punto van en serio con sus reivindicaciones soberanistas y si, como pregonan desde hace cuatro años, el referéndum es una línea roja irrenunciable para ellos.

Si ningún actor se mueve de sus reivindicaciones, el PSOE deberá decidir de una vez y en tiempo récord entre dos opciones que disgustan profundamente a su electorado.

Nunca antes los socialistas habían tenido que barajar la posibilidad de un gobierno con el PP, ni nunca habían encontrado a unos independentistas rotundos necesarios para gobernar.

El gran cambio que este escenario supone es que el eje izquierda-derecha se comporta para el PSOE de forma dilemática respecto al nacional. Sánchez deberá decidir si opta por el nacionalismo español que bloquea el referéndum en Catalunya, o por un gobierno conjunto de las izquierdas.

Cuatro años después, Catalunya devolvería la pelota al Congreso obligando a la izquierda española a posicionarse en uno de los asuntos más espinosos y que más han desgastado al independentismo. El fértil tópico "no se puede ser nacionalista y de izquierdas" es lo único que realmente cambia de bando.

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