El 15M y la revolución intuida

La autora recuerda que "las feministas encontramos en el 15M un espacio político unitario, que creaba y recreaba una idea de la revolución que se intuía feminista".

, Cooperadora y feminista en @ciutatinvisible
22/04/16 · 11:49
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Han pasado cinco años desde que una compañera tomó la palabra en la Plaça de Catalunya de Barcelona para reflexionar sobre la necesidad de descentrar la crítica al capitalismo financiero global de 'los mercados', para incluir en los análisis el trabajo doméstico, reproductivo y de cuidados. Aquella intervención tuvo inmediato efecto llamada y puso la primera piedra para que se formara el espacio que se bautizó como 'Feministes Indig­nades'.

La asamblea de indignadas de Barcelona no sólo fue un espacio abierto a las aportaciones discursivas con perspectiva feminista. Fue también un instrumento para facilitar la visibilidad de mujeres, lesbianas y trans en el 15M. Y fue, para muchas, un espacio de confianza y seguridad desde el cual ocupar la plaza, dotarnos de capacidad de agencia desde la diversidad, tomar la palabra y practicar la escucha activa y el lenguaje inclusivo.

Las feministas encontramos en el 15M un espacio político unitario, que creaba y recreaba una idea de la revolución que se intuía feminista. Una revolución entendida como proceso emancipador que se centraba no sólo en el contenido y los objetivos, sino también en la forma y los medios.

Han pasado casi cinco años de la ocupación de plazas, y las feministas continuamos haciendo camino. Algunas formando parte activa de las candidaturas ciudadanas que decidieron apostar por el abordaje institucional. Otras, desde otros lugares, en una estrategia integral que combina la incidencia en la institución con la movilización en la calle y la investigación académica.

Aprendimos a aceptar la diversidad de formas de acción y sensibilidades como rasgo distintivo de los feminismos

Sea donde sea que decidamos poner nuestras energías, las femi­nistas estamos presentes en muchísimas­ esferas, haciendo transformación social a nivel macro y micro político, la mayoría de las veces sin excesivo reconocimiento, dando ejemplo de pluralidad y practicando la unidad de acción en ámbitos como el derecho a la salud sexual y reproductiva, o el terrorismo machista.

A modo de ejemplo, y para poner en contexto, revisaremos algunas experiencias que bajo el paraguas común de la crítica feminista a la economía, despliegan diversas formas de acción, dentro y fuera de la institución.

En octubre de 2014 se llevó a cabo la jornada de lucha Vaga de totes, que proponía desbordar los patrones clásicos androcéntricos de la huelga centrada en la economía productiva, haciéndola extensiva a todas las personas y trabajos.

Poco después se celebró la Feria de Economía Feminista, un evento que quería dar continuidad a los debates, reflexiones y espacios de apoyo mutuo y relación iniciados en las plazas. Asimismo, los espacios vinculados a la Economía Social y Soli­daria también se contagiaron de feminismo.

La Comisión de Econo­mías Feministas de la Xar­xa d’Eco­nomia Solidària abrió en 2013 un espacio para la reflexión en el marco de la Feria FESC. Las ediciones siguientes no sólo mantuvieron el eje de género: la edición de 2015 estuvo dedicada de hecho a la sostenibilidad de la vida. Un proceso de contagio y transversalización feminista que no sólo se ha producido en Catalunya, sino tam­bién en An­dalucía, Aragón y Euskal Herria, con la creación de comisiones en las redes de economía al­ternativa y so­lidaria y en los nodos territoriales de Coop 57.

Además de la calle y los espacios autónomos de organización, el compromiso de algunos sectores de la academia se escenificó en julio de 2015 en el V Congreso Estatal Econo­mía Feminista. Allí se reunieron más de 400 personas provenientes del mundo universitario y el activismo para dibujar modelos alternativos en base a lógicas, paradigmas y valores transformadores. Y, al mismo tiempo, para analizar el impacto específico de la crisis económica sobre las mujeres.

Las aportaciones se incorporarían finalmente al programa de Barcelo­na En Comú que, mediante la Regi­doria de Ciclos de Vida, Feminismos y LGTBI, ha abierto un grupo de trabajo para diseñar una estrategia contra la feminización de la pobreza, y una línea de acción en el ámbito de la economía de los cuidados.

En las plazas aprendimos a aceptar y reconocer la diversidad de sensibilidades y formas de acción como rasgo distintivo de los feminismos. Y desde el reconocimiento y el respeto a esta diversidad aprendimos a construir, aquí y ahora, la otra política que aprendimos en el 15M. Unas prácticas y formas de articulación feministas que podrían –y deberían– devenir referenciales.

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