El rescoldo de la rebelión

Me piden un texto sobre el 15M, su legado y las posibilidades de una actualización al calor de nuevas movilizaciones como la de Nuit Debout que sacude las plazas francesas. La reflexión que implica recuerda a la labor de quien remueve cenizas, esperando encontrar entre ellas el rescoldo del fuego que una vez prendió. Y, claro,  los acontecimientos sucedidos han condicionado nuestra visión del 15M, hasta el punto de dar lugar a interpretaciones contrapuestas.

12/04/16 · 18:07
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Me piden un texto sobre el 15M, su legado y las posibilidades de una actualización al calor de nuevas movilizaciones como la de Nuit Debout que sacude las plazas francesas. La reflexión que implica recuerda a la labor de quien remueve cenizas, esperando encontrar entre ellas el rescoldo del fuego que una vez prendió. Y, claro,  los acontecimientos sucedidos han condicionado nuestra visión del 15M, hasta el punto de dar lugar a interpretaciones contrapuestas.

Evito la jerga neopopulista y obvio la escolástica gramsciana, ya que, aunque en ocasiones sean útiles, no lo son siempre. Me parece realmente optimista describir como discurso contrahegemónico una serie de propuestas que pare­cían inconexas y unos mensajes que a menudo resultaban contradictorios. Si hubo algo que unió a todo el movimiento, que le dotó, por decirlo así, de una identidad, fue la ausencia al frente del timón de un liderazgo organizado, un aspecto que se presenta estrechamente unido a su naturaleza destituyente.

Como señala el antropólogo James C. Scott, las élites están acostumbradas a atajar los desafíos sociales otorgando a organizaciones, que en circunstancias normales desdeñaría, el papel de interlocutores, lo que posibilita incorporar las protestas al flujo normal de la política. Sin embargo, el 15M se mostró decididamente hostil a cualquier entidad de tipo tradicional, aunque también incapaz de generar una de nueva planta, dada su desconfianza congénita hacia las jerarquías y hacia lo que suponía un cuestionamiento de la democracia deliberativa, es decir, lo que impedía argumentar, discutir y decidir en la asamblea. Es indudable que al mismo tiempo que esta constitución informe fue uno de los factores que explica su trascendencia, terminó convirtiéndose en una de las claves que forjó su carácter transitorio. El 15M no quiso o no pudo evolucionar, siendo sustituido en las calles por ‘mareas’ y ‘marchas’, y los partidos y sindicatos de siempre llevaron la voz cantante. La identidad de este movimiento se deslavazó y viejas consignas, como “no nos representan”, fueron arrumbadas en el baúl de los recuerdos vergonzantes. La reescritura de su fugaz historia posibilitó que en 2014 una candidatura se presentara a las elecciones euro­peas reivindicando su legado, diciéndonos que lo que pretendía este movimiento era iniciar un proceso constituyente y que para eso son necesarias las instituciones. El resto es otra historia.

Al abandonar el foco de atención las plazas, la llama de la rebelión se apagó, quedando como remanente la satisfacción ante la magnitud que alcanzó el 15M, que pretendemos mundial y aún cósmica. A cada rebelión que estalla, le buscamos parentesco con la nuestra, soñando con una extensión que nos anime a volver a la calle. La rea­lidad es más compleja. De acuerdo con Eduardo Romanos, que ha estudiado los procesos de transmisión entre Tahrir, la Puerta del Sol y Wall Street, la difusión se refiere a elementos ideacionales –eficacia de la acción colectiva– y conductuales –formas de acción y autoorganización–; pero el contenido de las protestas y la movilización dependen de la conexión con las demandas locales. Porque, pese a los procesos de transnacionalización, las ventanas de oportunidad política siguen estando vinculadas a los Estados o a actores ligados a una comunidad concreta.

Al igual que en su momento Tah­rir, disturbios como los de Francia nos demuestran que la llama puede volver a encenderse. No resultaría raro que la actual crisis gubernativa se cerrase obstaculizando la participación institucional de determinados partidos, lo que a su vez reanimaría la protesta en las calle.

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