Deserciones ejemplares

El Raval, como primer barrio industrializado del sur de Europa, nunca ha dejado de ser el campo de batalla donde se dirimían los sueños de la república del orden frente a las pesadillas de las clases peligrosas.

, sociólogo, autor de 'Matar al chino: entre la revolución urbanística y el asedio urbano en el Raval de Barcelona'
28/03/16 · 8:00
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Isa

Ser del Barrio Chino jamás ha sido fácil, entre otras cosas porque sus lábiles fronteras han cobijado una parte destacada del tesoro de Bar­ce­lona. El valioso acerbo al que me refiero no es otro que su persistente historia de desacatos e impugnaciones. Renuencias y deserciones a un orden simbólico, económico y político siempre desbordado en el territorio de excepción que ha sido, desde su urbanización, el lugar hoy conocido como Raval en la Ciutat Vella de Barcelona.

A toda voluntad de dominación le corresponde una de emancipación. El Raval, como primer barrio industrializado del sur de Europa, nunca ha dejado de ser el campo de batalla donde se dirimían los sueños de la república del orden frente a las pesadillas de las clases peligrosas.

Sede de las industrias barcelonesas y de su primer proletariado urbano, lugar de alumbramiento de los sindicatos CNT y UGT, nunca va a abandonar su carácter de 'refugio del enemigo interno'

Sede de las industrias barcelonesas y de su primer proletariado urbano, lugar de alumbramiento de los sindicatos CNT y UGT, nunca va a abandonar su carácter de 'refugio del enemigo interno'. Primero por las insurrecciones populares y obreras que se desencadenaron sin parar desde mediados del XIX hasta enero de 1939, cuando precisamente las bombas fascistas arrasaron aquel 'oprobioso islote del hampa'.

Estas bombas, como se reconoce aún en la web del Ayuntamiento, iniciaron "los primeros saneamientos urbanísticos en el sur del Raval".

Saneamien­tos que continuaron con la destrucción de la infamada Isla Negra (año 1986), y poco después, de las calles Sant Jeroni y Cadena para crear un nuevo cortafuegos llamado Rambla del Raval (año 2001). Finalmente, el último intento de acabar con el mito del Chino ha consistido en erguir un centro cultural en el antiguo "centro malsano […] peligro social [...] siempre […] baluarte de cualquier motín", la explanada que ahora ocupa la Fil­moteca de Catalunya, en la llamada Illa Ro­bador.

Con sorna propia de ignorantes o desalmados o ambas cosas, se bautizó una de las plazas como Salvador Seguí, el Noi del Sucre, asesinado por pistoleros a sueldo que protegían los análogos intereses patronales que desde 1986 están involucrados en la destrucción de la Ciutat Vella.

Lo mismo ocurrió en la colindante plaza donde se yergue la fálica protuberancia del lujoso hotel, denominada Manuel Vázquez Mon­talbán. El periodista dejó escrito que lo que más le dolía no era la "desaparición del país de su infancia bajo una propuesta de paraíso que se llama Rambla del Raval y todo lo que le cuelga, sino que la deconstrucción se lleve por delante toda posible memoria de la ciudad mestiza y se practique a costa del vecindario más débil de la ciudad".

Huelgas y motines

Fue allí donde en la última huelga general de 2012 se produjeron parte importante de los enfrentamientos entre la policía y los huelguistas, con ocho detenidos y varios heridos.

Es allí donde nacen iniciativas admirables, como el colectivo Prosti­tutas Indignadas, el Ágora Juan An­drés, el desaparecido CSO Ba­rrilo­nia –erguido durante varios años frente al más lujoso de los hoteles de Barcelona–. Es allí donde siguen siendo focos de agitación El Lokal, la Casa de la Solidaritat o L’Hort del Xino; el colectivo Tras la Manta, el Sindicato de manteros o l’Espai del Immigrant, editoriales como Virus o Veus amb Veu, l’Espai Contraban­dos, además de Masala, el diario crítico de Ciutat Vella.

Todas ellas recogen el testigo de otras iniciativas populares que han sido literalmente expulsadas, como el mítico Ateneu del Xino o el Ciutat Vella, penúltimo foco de insurgencia civil en el corazón del barrio.

Se trata al fin de la persistencia de unas prácticas que han impregnado las calles del lugar y que están preñadas de solidaridad y ayuda mutua entre unos e indiferencia, desobediencia y resistencias contra los otros

La memoria de un territorio evoca todas estas luchas y otras aún más silenciadas. Se trata de las deserciones urbanas que adoptaron distintas formas desde el siglo XVIII hasta día de hoy. Y es sólo un ejemplo de días atrás cuando en la céntrica Rambla de Canaletas centenares de vendedores ambulantes, protegidos por un cordón civil que les hacía el pasillo con vítores y aplausos, desplegaron el ya monumental Mercadillo Re­belde frente a la Guardia Urbana, Mossos d’Esqua­dra y millares de turistas.

Se trata al fin de la persistencia de unas prácticas que han impregnado las calles del lugar y que están preñadas de solidaridad y ayuda mutua entre unos e indiferencia, desobediencia y resistencias contra los otros.

He visto cosas en aquellas calles que devienen ejemplares para cualquier lucha por la ciudad: trabajadoras sexuales enfrentarse con la policía sin amedrentarse, calles repletas de gente desafiando el toque de queda que implica la aún vigente Nor­mativa Municipal del Civismo, hermana mayor de la anticonstitucional Ley Mordaza.

Tácticas y estrategias que responden frontalmente a las restrictivas normativas del espacio público, implementación de las sucesivas y progresivamente más restrictivas leyes de inmigración, endurecimientos del código penal así como la citada Ley Mordaza. Frente a estos intentos de doblegar a las gentes, estrategias para procurarse la subsistencia y el goce al margen, en contra y en medio de los mercados institucionales de trabajo y ocio.

Aquí, las indiferencias son interferencias y las desobediencias estratégicas. He visto desacatos aparentemente espontáneos contra la fuerza de choque que en aquel barrio representa la Guardia Urbana. He contemplado cómo las personas de allí trabajaban, comerciaban, jugaban, bailaban o cantaban, desafiando el orden totalizante y el valor de cambio que se desea imponer en toda la ciudad.

He visto manifestaciones en favor de lo que el nuevo fascismo democrático no soporta ver: indómitas gentes libres que no se venden por las migajas y que quieren el pan entero. En sus paredes aún se pueden leer "La liberta e un consepto de cada 1", "Akí, las putas llevan plaka", "Apaga la tele, estimA el teu clítoris", "No ahogaremos nuestra vida para saciar vuestra $ed".

Hemos sabido que hay otro mundo en el que, frente a la ley como asedio discriminado que protege a fuertes y persigue a débiles, emerge una norma donde no prima la ley sino la justicia.

¿Y cuál es el secreto del tesoro?, preguntarán. El secreto no es ninguna celebración de la amistad o de la participación, ni siquiera de la abstracción dominante y dominadora que significan hoy 'los gobiernos del cambio'. El secreto, nos descubrió Man­diargues, está en "ojo peludo en el ángulo inferior del triángulo isósceles, especie de toro inverso que se fortifica con los golpes que recibe y engorda con las estocadas que se le propinan".

Tags relacionados: Barcelona El Raval Número 266
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