La mujer y su cuerpo como excusa

La autora afirma que las mujeres no pueden ser excusa para promover y alentar políticas contra los extranjeros. El problema es otro.

Isabel Muntané. Periodista y codirectora del Máster Género y Comunicación de la UAB

22/01/16 · 8:00
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Se veía venir y ha pasado. Las vejaciones, agresiones sexuales y violaciones sufridas por centenares de mujeres en cinco ciudades de Ale­mania durante la noche de fin de año no han supuesto ninguna acción política contundente para acabar con la impunidad de estas agresiones.

No ha servido para alertar a los gobernantes de la indefensión de las mujeres ante los ataques machistas de hombres que consideran que ellas son un cuerpo, un objeto sexual de su propiedad.

Pero sí que ha supuesto la aprobación por urgencia de medidas que facilitan la expulsión de los extranjeros. Los ministros de In­terior y de Justicia se han puesto de acuerdo a una velocidad insospechada para facilitar la expulsión de los exiliados condenados a un año de prisión, cuando hasta ahora la expulsión sólo era posible si eran condenados a una pena de tres años. 

Ahora bien, está expulsión no será solamente a causa de delitos contra la libertad y la integridad de las mujeres. Parece que estos delitos no tienen suficiente entidad por sí solos pero sí que sirven de excusa para expulsar a los extranjeros declarados culpables de abusos físicos, de resistirse a la policía, de dañar la propiedad pública o privada y, eso también, de abusos sexuales.

Hasta aquí las medidas tomadas por el Gobierno. Que sepamos, ninguna para ayudar a las mujeres víctimas de las agresiones a superar las secuelas psicológicas de los ataques, o para mejorar la atención de las mujeres que acuden a denunciar, o para legislar sobre el acoso callejero –como ya se hizo en el año 1994 con el acoso sexual en el trabajo–, o para endurecer las penas por agresiones sexuales y violaciones.

Y todo ello a pesar que aún hoy las informaciones sobre los supuestos agresores son confusas. Según qué institución alemana consultemos, son 23 o 32 los detenidos y de ellos son 22 o 18 los demandantes de asilo. Tampoco hay unanimidad sobre los alemanes y estadounidenses detenidos, la cifra baila entre seis y cuatro. Mientras tanto, la cifra de mujeres que denuncian no cesa de aumentar, y aquí sí que se ponen de acuerdo. De momento ya son 650 denuncias, cerca de la mitad por delitos sexuales.

Ante esta situación se han alzado las voces de grupos feministas que denuncian que Alemania no ha sido ni es un país libre de violencia ma­chista. Voces que, como Frauen Ge­gen Gewalt, la federación de centros de asistencia a mujeres, han recordado que una de cada siete mujeres alemanas ha sufrido violencia sexual y más de la mitad acoso en el trabajo y en los espacios públicos, según estudios del Ministerio Federal de Familia, Tercera Edad, Mujeres y Ju­ventud.

Y como sucede en todos los países europeos, porque Alemania no es una excepción: el 75% de las agresiones sexuales son cometidas por hombres del entorno próximo y no llegan al 15% las mujeres que lo denuncian. Pero el terrorismo machista va más allá: el año pasado 241 alemanas fueron asesinadas por hombres por el solo hecho de ser mujeres. Todas éstas son cifras anteriores a que el país registrara más de un millón de solicitantes de asilo.

La criminalización de los extranjeros también ha sido denunciada desde colectivos como Gegen sexualisierte Gewalt und Rassismus, una entidad que lucha contra la violencia machista y el racismo, que asegura que las feministas están "en contra de incitar el odio contra determinados grupos, porque el musulmán, el árabe o el negro, aquel que entendemos como no alemán, no puede ser vinculado directamente con la violencia".

Las mujeres no podemos ser excusa para promover y alentar políticas contra los extranjeros. El problema es otro, aunque no se quiera reconocer

Y por ello claman que no se banalicen las agresiones y que no se busquen culpables inmediatos que sitúan las agresiones a las mujeres en segundo término. Pero parece que la voz de las mujeres no se tiene en cuenta. Las autoridades alemanas continúan buscando culpables, listos para ser expulsados. Las mujeres no podemos ser excusa para promover y alentar políticas contra los extranjeros. El problema es otro, aunque no se quiera reconocer.

Pero lo cierto es que gracias al relato de las mujeres víctimas de los ataques sexistas vamos conociendo lo que sucedió, como la 'incapacidad' de las llamadas fuerzas de seguridad, que en las más de ocho horas que duraron las agresiones no reconocieron el problema y no pidieron refuerzos.

Y son ellas las que nos permiten no perdernos en temas colaterales porque la realidad es que vivimos en una sociedad machista, con una ideología que entiende que las mujeres tenemos que continuar situadas en un lugar de subordinación que permite a los hombres considerarnos objetos, cuerpos, sexos de su propiedad. Que el hombre, blanco o negro, europeo o africano, puede disponer de la mujer a su antojo. ¿Cómo si no podríamos explicar lo inexplicable: que muchos hombres no entiendan el maltrato físico a una mujer o la violación como un atentado a los derechos de las mujeres?

Sólo unas cifras: según un informe del Ayuntamiento de Mála­ga del pasado noviembre, el 47,2% de los hombres entrevistados no intervendría si presenciase que su amigo está maltratando a su pareja. O ¿cómo podríamos explicar que un 13,6% de los 86 estudiantes heterosexuales estadounidenses participantes de una encuesta en 2015 dijera que violaría a una mujer y el 31,7% admitió que obligaría a una mujer a tener relaciones sexuales en una "situación que no trajera consecuencias"? Un comportamiento, por cierto, que la mayoría no reconocía como "violación".

No es más que el reflejo de la cultura de la violencia machista que utiliza el cuerpo de la mujer como excusa para promover otras discri­minaciones y ejecutar políticas que nada tienen que ver con la lucha contra el machismo. Una cultura que legitima la violencia del hombre contra la mujer y, cuando se manifiesta de forma contundente, como en Alemania, corremos a cubrirlo porque si no sería aceptar una realidad que nos explota de frente.

Es mejor desviar la atención hacia otros mundos donde sabemos que encontraremos aliados. Y mientras tanto hacemos oídos sordos a un problema que no nos atrevemos ni a nombrar. Porque no nombrarlo es no reconocerlo, y si no lo reconocemos no lo solucionamos. Sólo si reconociéramos que las vejaciones y agresiones sexuales, las violaciones y los feminicidios son fruto fiel de la sociedad machista, podríamos empezar a atacar de frente la ideología y la cultura que la alimenta.

Pero ello sería admitir que todos estos actos que tanto nos incomodan tienen un alcance político que ahora mismo se les niega. Y ya no cabrían excusas, ya no cabrían extranjeros 'criminales', ya no ca­brían órdenes de expulsión. Sólo una intervención social y política, una intervención de Estado.

Mientras se esconda el problema estaremos negando su existencia y, en consecuencia, su solución. Y así, todos, ellos, tranquilos. 

Tags relacionados: Número 262 violencia machista
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comentarios

1

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    Europa
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    Mié, 02/03/2016 - 20:43
    Este diario es prgre y Pro Islam, vosotros sois anti-europeos,ahora por defender los valores de occidente es ser facha, decidles lo mismo a Israel, a Arabia Saudita, pero no la culpa es del varón blanco y heterosexual, se les nota su ideología hipócritas.
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