El Duomo de Mariano

Más allá de jugar al juego perverso de los partidos políticos profesionales, la sociedad civil siempre se muestra más competente, resolutiva e integradora.

Texto de Javier Blancart Campos

19/12/15 · 8:01

Mayo parece un mes proclive para las revoluciones, será que aquello de la primavera nos empuja hacia las calles y plazas para recuperarlas. Diciembre se está asentando como un mes proclive para que a presidentes de gobiernos se les fracturen las caras, será por aquello del winter is coming.

Una tarde-noche de diciembre de 2009 una réplica del Duomo di Milano volaba hacia la cara de satisfacción postmitin de Il Cavaliere. ¿El responsable? ¿La política socio-económica neoliberal? ¿La estructura mafiosa en la que se sustentan las actividades políticas? ¿El sistema de participación política que favorece y precisa de unas élites que asumen las decisiones comunitarias? ¿La mecánica vectorial de la física clásica? No, un señor con trastornos mentales.

Los movimientos sociales autogestionados abren puertas que, en muchas ocasiones, suelen cerrar los Decreto Ley

Una tarde-noche de diciembre de 2015 un crochet de izquierda volaba hacia la cara de satisfacción de paseo electoral de El Debatidor. Automáticamente, las preguntas son parecidas al caso anterior, la respuesta también: un menor con trastornos mentales.

La patologización de los procesos mentales ha servido desde los siglos XIX y XX como vara de medir la normatividad en las sociedades occidentales. Foucault nos los explica. Uno de los riesgos que esta actitud (muestra de poder) conlleva es la eliminación de cualquier aspecto racional en las acciones de la enferma mental. Lo que repercute, inevitablemente, en desposeer de cualquier valía política los actos de una persona catalogada como enferma mental. Si acudimos al Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders 5, EEUU 2013, pocas estarían a salvo de caer bajo algún desorden mental, lo que radicalizado, y puede que exagerado, podría suponer que pocas estarían capacitadas para asumir responsabilidades políticas. Que estas pocas terminen coincidiendo con esas élites, es eso, puro azar, ¿verdad?

Lo personal es político. Masticadísima afirmación milletiana que aún no terminamos de asumir en plenitud. Con la vestimenta democrática actual el voto asume el complemento decorativo de lujo (aunque dicen que es un derecho piensan que es un lujo). El voto, como fenómeno político es básico, fundamental, radical y deseable. Eso sí, siempre que compartamos una concepción del ejercicio de voto basada, fundamentada, enraizada y deseada por la opinión de cada cual.

Así, podemos afrontar lo político desde lo personal. Y lo personal se desarrolla en cada decisión que se toma en cada ámbito de nuestras vidas. Elegir dónde comprar, qué comer, cómo desplazarte, cómo construir las relaciones…son ejercicios que nos recuerdan nuestra capacidad real y directa de acción política.

Más allá de jugar al juego perverso de los partidos políticos profesionales, la sociedad civil siempre se muestra más competente, resolutiva e integradora. Los movimientos sociales autogestionados abren puertas que, en muchas ocasiones, suelen cerrar los Decreto Ley, esos que casi nunca entendemos (sobre todo por su lenguaje) y que repercuten negativamente en el día a día.

Hacer de lo político cotidiano nuestra política nos equipa para hacernos cargo de nuestro submundo y nos permite establecer vínculos y redes responsables.

Así, además, Mariano pueda volverse a Pontevedra con su Duomo particular. Espero que Santiago no lo tome como competencia desleal. Que Mariano siempre fue leal, hombre ya.

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