La ética de Aníbal

Quijano protagonizó un giro determinante al comenzar a hablar de la colonialidad del poder.

, sociólogo y guionista, es profesor de Estudios Culturales en la State University of New York
06/11/15 · 6:24

“Esto no es una conferencia, sino una provocación para pensar las cosas que tienen que ser pensadas”. La voz de Aníbal Quijano suena grave y profunda, como imbuida de la pena remota que a uno le alcanza tan pronto como pone un pie en esa imaginaria república de la peruanidad inevitablemente vallejiana, hecha de agonía de Rasu-Ñiti y hasta de paseos tan exageradamente romañianos como extraviados. Esta mañana Quijano viste en la mirada esa misma pena chola cargada de saberes. Sin embargo, la primera palabra que brota de su boca es “alegría”. No es para menos. La Universidad de Costa Rica le concede el título de Doctor Honoris Causa y el auditorio de su facultad de Derecho está lleno a rebosar de estudiantes, profesores e investigadores sociales de toda América Latina. En cuanto Aníbal Quijano concluye su no-conferencia, una ovación abierta y emocionada ocupa el aire del enorme auditorio. No ha leído ni una sola palabra. El mensaje de Aníbal ha salido del fondo de la calma que regala el cargar en la mochila casi nueve décadas de vida.

Sin embargo, el sociólogo peruano ha comenzado a hablarnos mucho antes de subir al estrado. Su cuerpo de junco, aparentemente frágil y arqueado, no ha dejado de mandarnos mensajes tan pronto como ha llegado al auditorio. En ese lenguaje no verbal, Quijano se ha protegido de la solemnidad cruzando sus brazos cuando el himno nacional local ha inaugurado el acto. Es evidente que con el cese formal del colonialismo no se extinguió la colonialidad. El protocolo que encorseta el homenaje a Aníbal actualiza plenamente el sentido de la racionalidad académica. A la uni-versidad, fiel a la idea de uni-verso, se le hace siempre difícil escapar a su papel histórico de garante del universalismo de la monocultura occidental.

El cuerpo de Quijano, respetuoso y discreto, se rebela sin remedio a ello. Sus palabras, como sus gestos, inciden en abrir una línea de fuga. “Me sorprende y me emociona que ustedes conozcan tanto mi obra, porque nunca me he preocupado de publicar lo que escribo y nunca me ha gustado el mercadeo académico”. Fuera de foco, algunos de sus trabajos habitan en nuestros días la paradoja de funcionar con la luz que caracteriza a los clásicos. Como cuenta John Berger que le ocurre a la esperanza que contienen las historias siempre inacabadas de los de abajo, los materiales y las propuestas analíticas de Aníbal Quijano son hoy un contrabando que pasa de mano en mano.
 

Quijano protagonizó un giro determinante al comenzar a hablar de la 'colonialidad del poder'

Al inicio de la última década del siglo pasado, la mirada sociológica de Quijano abrió una ventana conceptual y política clave para entender la formación y la cualidad del sistema-mundo en el que vivimos. En las antípodas de la celebración, el sociólogo peruano enfrentó los cinco siglos de la llegada de Cristóbal Colón a Abya Yala con la propuesta de una herramienta para pensar desde América Latina tanto la naturaleza compleja de la modernidad occidental, como la genealogía y la actualidad del sistema capitalista. Más allá del poder del colonialismo, de cuyo profundo carácter molecular dieron cuenta Frantz Fanon y Aimé Césaire, Quijano protagonizó un giro determinante al comenzar a hablar de la colonialidad del poder. Nuestro tiempo es, para Quijano, la estación de llegada de un proceso histórico que comenzó con la formación de América a partir del proyecto colonial europeo y con la constitución del capitalismo eurocentrado como nuevo patrón de poder mundial a partir del siglo XVI.

Uno de los vectores fundamentales de ese patrón de poder es la invención de la raza como un dispositivo que, amén de naturalizar y biologizar la supuesta inferioridad de los otros dominados, impone permanentes procesos de clasificación, jerarquización y subalternización de seres humanos, sociedades, culturas, saberes y modos de conocer. Esta pauta de poder, cuya racionalidad específica es el eurocentrismo, tiene un origen y un carácter colonial, pero ha probado ser más duradero y estable que el colonialismo en cuya matriz fue establecido. Esta circunstancia implica, tal y como explica el propio Quijano, un elemento de colonialidad en el patrón de poder hoy mundialmente hegemónico. Desde este punto de vista, no hay posibilidad real de liberación del dominio de ese patrón de poder, sin un proyecto político decolonial que, asumiendo la necesidad de otras formas de vida y otros modos de subjetivación, enfrente de manera radicalmente integral la colonialidad del poder, del ser y del saber.

“Ese es el mundo que tenemos”, insiste Aníbal Quijano ante el auditorio repleto que escucha su mensaje en la Universidad de Costa Rica. A mi lado, una estudiante brasileña, entre analogia y digitalia, convierte en apuntes las palabras de Quijano al mismo tiempo que toma fotos con su teléfono celular y las distribuye por las redes a la velocidad de un nanosegundo. En la portada de su cuaderno, una pegatina muestra la imagen de un joven entre la multitud sujetando un cartel a modo de mensaje: Saimos do Facebook. La media de edad entre los habitantes universitarios que escuchamos a Quijano es exageradamente joven. Las palabras del viejo sociólogo flotan en el aire a modo de testigo para las nuevas generaciones, trazando un mapa que recorre el impacto de las formas de financiarización de la existencia, la intervención dramática del neoliberalismo en la cultura popular y la urgencia de producir acciones reales contra una bestia climática que, además de amenazar ya casi de modo irreversible a la especie humana y al planeta, es fruto directo de una bestia histórica que se llama colonialidad. “No estoy hablándoles más que de la vida, una vida dentro, porque no tenemos más que este mundo, y siempre contra el poder. Mañana, tarde y noche”. Esa es la ética de Aníbal.

Tags relacionados: América Latina Colonialismo
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comentarios

1

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    Proyecto Mayhem
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    Dom, 12/06/2015 - 16:21
    Hombre, un enlace a un vídeo de la no-conferencia os hubiera quedado de puta madre