Más allá de las elecciones

A sólo dos semanas de que acabe el ya cansino ciclo electoral, ni las encuestas ni el clima emocional de la calle parecen presagiar un vuelco o esa remontada que tan voluntariosamente se ha tratado de impulsar.

05/12/15 · 7:49
Pablo Iglesias y Mariano Rajoy, en La Moncloa. / Álvaro Minguito

A sólo dos semanas de que acabe el ya cansino ciclo electoral, ni las encuestas ni el clima emocional de la calle parecen presagiar un vuelco o esa remontada que tan voluntariosamente se ha tratado de impulsar.

Todo parece apuntar a que las fuerzas continuistas, entre las que por supuesto está Ciudadanos, conseguirán una rotunda victoria. Victoria en la que sólo falta por saber quién sacará más votos y cómo se formará una coalición que dé estabilidad a un gobierno para pilotar una ‘recuperación’ económica que bien puede ser sólo el espejismo tras el que se desate una nueva ronda de recortes y ajustes más o menos ortodoxos. Una victoria del neoliberalismo vasallo y centralista peninsular que ha necesitado evolucionar hacia un tripartidismo para conjurar el malestar de las clases medias. Y para cerrar las vías de agua que el 15M abrió en los consensos fundamentales sobre los que se construyó el orden social de la Transición.

Pero esta vez también habrá una cierta e importante oposición parlamentaria desde el flanco izquierdo. Unas izquierdas que obtendrán resultados que antaño se habrían celebrado como éxito pero que hogaño supondrán una derrota entre otras cosas porque se vendieron expectativas exageradas y grandilocuentes. Una derrota de la que se acusará a tirios y troyanos pero que es en buena medida autoinducida y responsabilidad de todas y todos sin duda por la división no sólo de siglas sino también de proyectos, identidades y afectos de la que hacemos gala. Pero es una derrota que también se explica por la falta de madurez de un proyecto social alternativo, por la carencia de una base social, intelectual y emocional para componer una propuesta constituyente. Algo que requiere de una previa ruptura cultural con el imaginario individualista, competitivo, consumista y eurocéntrico dominante, una ruptura que apunte a la reconstrucción de lo común, de la democracia real, de la política como vínculo y afecto..., compleja tarea que sólo se ha empezado a balbucear en las propuestas municipalistas y que necesita su tiempo para que dé sus frutos.

Sacrificarlo todo

Que el 20D se lea como derrota o paso adelante dependerá de si se creyó que los fines justifican los medios y que una máquina electoral puede sacrificar todo –horizontalidad, diversidad, radicalidad y coherencia de las propuestas, etc.– en aras de la necesidad urgente de victoria y de tocar poder. Pero la lectura del resultado electoral también dependerá de si se creyó, por el contrario, que el 15M abrió un largo ciclo de lucha y cambio social que no se agota sino que aprende de la derrota de quienes han fiado todo a la lucha en las instituciones.

En la caótica y acelerada historia contemporánea suele ocurrir que cuando la izquierda encuentra las respuestas ya han cambiado las preguntas y así hoy, aquí, mientras perdemos el tiempo y la ilusión en cainitas trifulcas internas se acumulan las cuestiones y las causas externas: migraciones masivas, cambio climático, crisis del proyecto europeo, guerra como escenario virulento de recomposición del mando mundial... El día después de las elecciones tendremos tanto que reflexionar como trabajo por emprender. Se mire como se mire, el ciclo que arranca del 21D será mejor, más apasionante, no habrá mayorías absolutas, habrá cambios de todo orden –algunos imprevisibles–, habrá que salir a la calle y volcarse en la defensa del territorio y la reconstrucción de lo comunitario. Por haber puede que haya hasta repúblicas que nazcan y un frenazo de la unidad europea... Y como lo social, con su inteligencia colectiva, sigue innovando, siempre encontrará modos de resistir y de abrir constantemente puertas, ventanas, vías de agua, por las que avanzar.

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comentarios

1

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    gonzalo quiroga
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    Dom, 12/06/2015 - 08:52
    Coincido en que muy probablemente, luego de las elecciones se abra un período de maduración de propuestas, de nuevas formas de confluencia, y agrego, que espero, que forjemos un "verdadero" proyecto para el mundo rural, donde nos "raspemos" más haciendo política y abandonemos algunos postulados urbanitas "color arco iris", que no conocen la realidad del medio. Un abrazo.