Autocrítica de aquella y esta transición

Millones de votantes se quedan en casa ante la falta de ilusión que transmiten quienes repiten los errores de la ‘izquierda desunida’.

, Activista, profesor emérito de la UCM y miembro del CIMAS
21/11/15 · 7:32
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En aquella transición, el asunto de la independencia vasca se coló en los cuarteles y en la opinión publicada y en la pública, y los problemas socio-económicos quedaron en un segundo plano. En esta transición, al ‘populismo de la base socio-económica’ también le están ahogando con los populismos nacionalistas, esta vez desde el catalán y el español, al que le viene muy bien esta polarización entre líderes de derechas –que incluso hace olvidar en parte las corruptelas de sus partidos–. Lo cual nos confirma la importancia de los populismos en toda campaña electoral, sean desde abajo o desde arriba.

Estará bien que esta nueva transición se pueda construir desde abajo hacia arriba, desde los barrios y los pueblos

La diferencia que es interesante en esta ocasión es que parece que se está abriendo el melón de la reforma constitucional, o al menos se inicia una crisis fuerte del sistema del 78 y el bipartidismo. Esto se lo tenemos que agradecer a los nacionalismos periféricos, ya que los nuevos partidos emergentes no acaban de poner, entre sus propuestas estrella, la cuestión del cambio de régimen como su elemento diferencial. Demasiado apegados a contar sus votos elección a elección y en las guerras fratricidas a las que ya nos tenían tan acostumbrados la ‘izquierda unida’, no hacen sino reproducir aquellos vicios de la primera transición.

La pelea constante

Lo que demostramos en la primera transición es que nos sabíamos mover mejor en los movimientos sociales –“Comisiones Obreras” cuando eran asamblearias y un sindicato no legal, las asociaciones de vecinos, el movimiento estudiantil, etc.– y no tanto en las elecciones generales. El PCE se suicidó él solito y los grupos a su izquierda no hacíamos más que pelearnos. Igual en esta transición que iniciamos con el 15M, los indignados y las mareas, que cobraron un notable éxito de protesta. La indignación y el dolor de la gente ante la crisis-estafa se autoorganizó de varias maneras. Pero dar continuidad y algunos resultados para cambiar las cuestiones de fondo, no hemos sabido hacerlo.

De nuevo en lo electoral, no pasamos de tanteos y peleas sectarias. Y la gente de base lo nota a la legua. Y los medios del sistema del 78 se han reciclado rápidamente para pasar al contraataque. Aún así, unos votan convencidos de seguir a su nuevo partido como continuación de la ilusión de las mareas que vivieron, otros cuantos votan en plan posibilista a la lista menos mala, tratando de olvidar los defectos que se repiten, pero varios millones se quedan en casa ante la falta de ilusión que transmiten quienes repiten los mismos errores de la ‘izquierda desunida’. Pues algunos aún se siguen creyendo que son la vanguardia, y caen en los mismos vicios que denuncian.

Enseñarle a la vanguardia

Menos mal que nos queda la resistencia desde los municipios del cambio. Estará bien que esta nueva transición se pueda construir desde abajo hacia arriba, desde los ­barrios y los pueblos, desde la retaguardia. Enseñándole a la vanguardia que tienen que escuchar más a los movimientos sociales –y no sólo decirlo–, a los círculos y grupos motores de cada localidad, en esas labores que sabemos hacer desde abajo. En los municipios del cambio hay aún mucha confusión, pero también aparecen iniciativas ilusionantes.

Si es que sabemos superar los vicios de la transición primera, aprendiendo de los errores y de la construcción colectiva de ­esta nueva generación, entonces estaremos en condiciones de construir un nuevo proceso instituyente. Pero esta vez más desde abajo, aprendiendo con las comisiones, los grupos motores, los círculos, y todas las formas nuevas de auto-organización popular que han venido surgiendo.

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