Otra vez el debate nacional

El impulso de una candidatura para las elecciones generales desde Barcelona en Comú, En Comú Podem, ha recuperado un debate en las izquierdas catalanas que no por sobado deja de ser atractivo: ¿qué posición nacional debe tener un espacio de esta naturaleza? Es, al fin y al cabo, uno de los derroteros del viejo debate sobre la izquierda y la cuestión nacional, pero tocado ahora por el prisma de la reciente victoria independentista en las elecciones catalanas y el ascenso de un importante bloque de izquierdas en España.

, periodista, Barcelona
12/11/15 · 7:56
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Ada Colau, en un acto en Madrid. / Álvaro Minguito

El impulso de una candidatura para las elecciones generales desde Barcelona en Comú, En Comú Podem, ha recuperado un debate en las izquierdas catalanas que no por sobado deja de ser atractivo: ¿qué posición nacional debe tener un espacio de esta naturaleza? Es, al fin y al cabo, uno de los derroteros del viejo debate sobre la izquierda y la cuestión nacional, pero tocado ahora por el prisma de la reciente victoria independentista en las elecciones catalanas y el ascenso de un importante bloque de izquierdas en España.

El análisis interno de los malos resultados de Catalunya Sí que es Pot fue que les había perjudicado el clima de polarización, que habría desplazado una parte de su electorado hacia Ciutadans. Es una explicación cierta, pero insuficiente. El PSC obtuvo unos resultados por encima de lo esperado, y C’s también crece en otras elecciones en las que no actúa la polarización nacional.

Buen argumento

En el debate en torno a En Comú Podem hay dos grandes posturas, ambas con buenas razones. Por parte de quienes defienden que este espacio político debe posicionarse claramente “con España”, la mejor razón es disputar desde la izquierda rupturista el espacio españolista, que Ciutadans parece estar comiéndose sin remedio. Es, innegablemente, un buen argumento, pues dejar a medio país en las manos de los de Albert Rivera es un desastre.

La gran baza de quienes proponen que este espacio sea netamente soberanista es casi la contraria: disputar la hegemonía del colosal movimiento independentista a Convergència. Según esta posición, la ruptura independentista y el proceso constituyente posterior es un espacio fértil para la lucha de clases, un momento en el que la izquierda necesitaría contar con todas las fuerzas para obtener un pacto social que favoreciese a los intereses sociales.

La clave de bóveda en esta discusión es cuánto de factible se interpreta comenzar un proceso constituyente catalán o, dicho de otro modo, si consideramos que hay más posibilidades de que la independencia se produzca que de lo contrario. Si en ciclo corto –los próximos cuatro años– no hay posibilidades de independencia, parece razonable que una fuerza de izquierdas dispute el espacio del statu quo español. Si puede lograrse, incluso sin el concurso de las izquierdas, será más útil que las izquierdas se preparen para una lucha de hegemonía en contexto nacional catalán.

Futurología

Acertar en la posición nacional tiene un componente de futurología, pero hay un hecho central a tener en cuenta: el independentismo ya está, aquí y ahora, construyendo un país. Aceptando que En Comú Podem represente a buena parte de las clases populares catalanas, ¿pueden estas clases permitirse el lujo de quedar fuera de esta construcción nacional? ¿Pueden, además, permitirse el lujo de dejar sus intereses en manos de los me­canismos del Estado para mantener la unidad de España?

Para acabar de complicarlo todo, a En Comú Podem no le vale con quedarse en la reclamación del referéndum. Si no quiere sufrir en el debate nacional tanto como Catalunya Sí que es Pot, debe adelantarse un paso y responder a la pregunta de qué está legitimado a hacer el Parlament catalán si después del 20 de diciembre el Estado sigue en su bloqueo.

Si algo se ha demostrado en el presente ciclo electoral es que los asaltos al cielo no existen. Soberanista o no, el eje central de la campaña de cualquier candidatura de la izquierda catalana debería pensar qué propuesta es sostenible y mayoritaria no sólo los dos próximos meses, sino los siguientes cuatro años.

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