¿Un proyecto de país?

El autor aporta pinceladas para ayudar a construir un proyecto de país para España.

, profesor de Derecho del Trabajo e integrante de ICEA.
23/10/15 · 8:00
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Un proyecto de país con una importante presencia de la clase trabajadora es una de las propuestas del profesor Carretero. Foto: Cristian Soza. https://www.flickr.com/photos/cristiansoza1/

Catalunya parece tener un proyecto de ruptura del orden constitucional, al menos en lo que a ella misma se refiere.

Albert Rivera intenta hacer sobrevivir este orden con una transfusión de urgencia de sangre joven y champú anticaspa, pero sin ninguna propuesta reconocible, más allá de una enorme sonrisa profident y un neoliberalismo con ribetes cívicos que puede llegar a ser salvaje una vez en el poder.

PP y PSOE vegetan esperando que nada pase al final, porque, como todo el mundo sabe, al final nunca pasa nada.

Podemos, de tan trasversal, se ha transformado en el guardián de una 'doctrina de la transversalidad' con un público muy parcial: los retoños de una IU en la UVI y los jóvenes ambiciosos de clase media que no saben muy bien cómo se distingue la derecha de la izquierda.

¿Alguien tiene un proyecto de país para España? Pese a lo que repita con insis­tencia Inés Arrima­das, parece ser que no, que nadie tiene claro qué pretende en esta deriva senil del capital patrio y global. Ni hay líneas de clase definidas en la política española, ni propuestas serias para la colectividad, más allá del eterno retorno de lo mismo envejecido, o de un "que hable la gente" en el que tampoco se propone nada concreto como tema de conversación.

La verdad es que no tengo muy claro qué es más polémico en estos lares, si lo de 'España' o lo de 'proyecto'. De alguna manera habrá que llamar a la conjunción política necesaria para hacer frente a los grandes poderes oligárquicos globales, se organice como se organice, e incluya, o no, a quienes se quieren independizar.

Y algún tipo de perspectiva compartida deberemos tener quienes bregamos por la transformación social en este espacio territorial definido.

Un proyecto de país para España debería pivotar sobre una alianza política que permita construir un bloque contrahegemónico con una potente presencia de la clase trabajadora

Un proyecto de país para España debería pivotar sobre una alianza política que permita construir un bloque contrahegemónico con una potente presencia de la clase trabajadora, que es la única que puede garantizar la profundidad de los cambios necesarios.

Este bloque histórico de construcción nacional –o plurinacional– debería plantearse la tarea de iniciar un proceso de transición a un tipo de sociedad radicalmente distinto, basado en la cooperación, la autogestión productiva y una economía sustentable ecológicamente.

Esto no sólo implica la apertura de un proceso constituyente, sino también poner sobre la mesa propuestas concretas y radicales –es decir, que vayan a la raíz de las contradicciones que están descomponiendo el régimen actual–.

¿Propuestas concretas? Podemos hablar de república, por supuesto, como mecanismo directo de descomposición del bloque hegemónico actual, que se encuentra firmemente ligado a la línea sucesoria del franquismo. Aunque también sabemos los límites de tal propuesta, y que en algún momento deberá ser superada en la dirección de la democracia directa y un socialismo libertario aún por construir.

También podemos hablar de federalismo sinalagmático –es decir, igualitario y con obligaciones para ambas partes–, con ampliación de los poderes municipales, como forma de encaje territorial que comprende que los trabajadores concretos son personas concretas, con identificaciones nacionales específicas. Pero igualmente sabemos que hay que contribuir a disolver los bloques oligárquicos locales mediante la más amplia democracia municipal.

Y, por supuesto, no debemos olvidarnos de dinamitar el actual equilibrio capital-trabajo, poniendo fin a la flexibilidad laboral y a los mecanismos de descentralización de las actividades productivas. Favore­ciendo el blindaje y puesta bajo control de trabajadores y comunidades locales de los servicios públicos así como el emprendizaje cooperativo, la economía social y la recuperación de empresas.

Son sólo pinceladas. Habría que profundizar muchísimo más. Por ejemplo, en cómo se construye el bloque capaz de hacer todo eso, quién lo forma y cómo se relaciona internamente. Me gustaría debatir sobre ello alguna vez. Y no soy el único. Incluso con Inés Arrimada.

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comentarios

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    Mié, 10/28/2015 - 22:51
    Cualquier proyecto para "España" debe empezar por borrar la palabra "España". No es capricho es que la misma noción de "España", estado consolidado de arriba abajo manu militari en los últimos siglos, genera emociones hostiles en gran parte de la población que básicamente ve en ese nombre y simbología a Franco, la Guardia Civil y la Audiencia Nacional. Es imposible reconstituir nada sin cambiar la nomenclatura y la simbología de forma radical, aunque evidentemente esto es sólo una parte superficial del problema. Exactamente igual que el Imperio Ruso tuvo que reinventarse como Unión Soviética o Rhodesia se redefinió como Zimbabwe, España debe cambiar de nombre y simbología (p.e. Confederación Ibérica) o no podrá cambiar, sino sólo desintegrarse. Esto por supuesto tiene que estar unido a procesos de cambio mucho más profundos, genuinamente constituyentes a partir de las naciones y otras entidades cercanas a la población real, como los municipios, y no de estructuras centralistas. No sé lo que es el "federalismo sintagmalático" (palabreja!) pero sí que sé lo que es el Confederalismo Democrático, propuesta razonablemente realista y flexible producida por el Movimiento Popular Kurdo para su contexto de Asia Occidental, no muy diferente del nuestro de Europa Sudoccidental. De hecho no veo ningún interés particular en centrarse en estructuras impuestas como son los estados formales actualmente existentes por la fuerza de las armas, sino que hay que trabajar a partir de los pueblos reales en un contexto internacionalista que no ponga puertas al mar. Si el producto real es "España" con otro nombre y otra realidad radicalmente más democrática, pues vale, si es Europa Sudoccidental también redefinida en términos más democráticos pues también vale, si es Europa entera o a medias o superando las fronteras sectarias medievales y cruzando el Mediterráneo, pues aún mejor. La noción de que los estados actualmente existentes son algo más que fraǵiles realidades militaristas opuestas a la voluntad popular es fundamentalmente errónea y debe ser reemplazada por esa propuesta tan inteligente y flexible como es el Confederalismo Democrático que unifica el nacionalisno legítimo (de defensa) con el internacionalismo necesario pero se opone al nacionalismo imperialista de los erróneamente llamados "estados-nación", todo ello basado en la voluntad popular y el derecho de autodeterminación y autogobierno para todo tipo de comunidades reales.
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    Fernando Ventura Calderón
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    Sáb, 10/24/2015 - 21:30
    Muchacho, esos gobernantes republicanos y sinalagmáticos, no más tomen posesión de los despachos, nos comerán con salsa barbacoa.