La monarquía confederal tenía un precio

En el episodio español de la crisis del sistema mundo y del subsistema europeo, hemos tenido una declinación antioligárquica salvo en el País Vasco y en Catalunya.

, miembro de la Fundación de los Comunes
25/09/15 · 7:33
Artur Mas, en la diada de 2014. / Ramón Serna

Resulta contrario a la intuición, pero para mí que, bajo la redundancia identitaria y muy nacionalista, la cuestión de Catalunya, que es y será un problema español o postespañol dentro del actual sistema europeo, es un escenario en el que se ventilan cuestiones de clase. Sigan ustedes el círculo vicioso de los argumentos y córtenlo allí donde se anudan los asuntos fiscales, financieros, la división del trabajo y las compensaciones entre territorios de un Estado unitario. España ha sido y es una finca en multipropiedad donde desde hace siglos los amos entran en refriegas, a veces con navajas y sangre, sobre quiénes y por qué monto han de pagar los gastos de mantenimiento de tierras, aperos, ganado, braceros y aparceros. El desacuerdo ha llegado a un nuevo punto de inflexión histórico y los amos se aprestan a dirimir la cosa de una vez por todas, midiendo sus fuerzas en capital humano y fijo en una justa.

Tengo para mí que el indicio determinante de que, tras el 27S, el de­sarrollo previsible del proceso de ­secesión tendrá bien poco de ‘constituyente’ –si por ello entendemos un ejercicio de democracia real de los braceros y aparceros de la finca, sin distingos entre soberanía popular, seguridad social y rentas del trabajo, justicia fiscal y transformación democrática de todas las instituciones– reside en dos hechos del pasado reciente. El primero es la magra parábola del 15M en Catalunya, si lo comparamos con el resto de España. Y el segundo es la profunda debilidad del discurso antioligárquico –cuando se habla de “1%”, “casta”, y otras denominaciones– en el proceso catalán.

Así es: en el episodio español de la crisis del sistema mundo y del subsistema europeo, hemos tenido una declinación antioligárquica salvo en el País Vasco y en Catalunya, donde la innegable astucia de Mas i Gavarró y su círculo convirtió un ­asedio –en las calles, contra su thatcherismo a la catalana; y en las instituciones, contra el españolismo madrileño y andaluz– en un desafío victimista contra la Es­panya que ens roba. ¿Podía ser de otra manera tras décadas de hegemonía política y de transformación nacionalista de la “sociedad civil catalana”?

Se nos dice, desde las CUP fundamentalmente, que el proceso catalán hacia la independencia es la llave maestra del proceso constituyente –republicano en el resto de Espa­ña. Que Catalunya es la sociedad más democrática y más empoderada del Reino. Tanto que ha conseguido obligar a las elites políticas del país a ­emprender un camino democrático fuera de España, a recuperar la soberanía perdida en 1714... Wait! ¿Pero se es nacionalista o no? Aquí la ambivalencia es máxima, pero el caso es que no apoyar el procés, ni respaldar la DUI [declaración unilateral de independencia] en caso de mayoría independentista, equivale a un criptoespañolismo o a un españolismo –jacobino o neofranquista–. Este constante runrún conduce a muchos a la afasia o a la adhesión extenuada.

De lo que se trata es de si en el independentismo victorioso habrá de primar el vector republicano y popular o el vector nacionalista y oligárquico. El resultado de este último, dada la realidad contextual, sólo puede ser una reforma constitucional que dé paso a una monarquía confederal que consagre, entre otras cosas, los privilegios fiscales del Principado. Frente a ello: el plan de las CUP consistiría en: a) hacer de enragés de la independencia; b) abrir un proceso constituyente catalán con gobierno provisional; c) abrir el frente de clase contra la oligarquía española y catalana en el Principado. Entendemos que habría una d): establecer una confederación de repúblicas ibéricas con el resto de “pueblos y naciones” de España. Esto lo decidirá, claro, una relación dinámica de fuerzas.

Justamente las fuerzas que faltan. La decisión de las CUP de alienarse tanto de BCN en Comù como de Podem corre el serio peligro de haber sido un Rubicón desatinado. Un procès y/o una DUI, hegemonizados por Mas i Gavarró y asociados, da las llaves de la situación a su otro especular españolista y a la Gran Coali­ción en el resto de España. Arrincona la radicalidad democrática del 15M y la tritura y divide entre afines y contrarios a la independencia. Bingo. Próxima estación: enmendarse y descubrir que hace falta la fuerza de la multitud que se conduce como una sola mente, en Catalunya, y en Espa­ña. Y que no habrá independencia si no la protagoniza la multitud, que es muchas naciones, y ninguna.

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