Tender puentes, reconstruir movimientos, avanzar

El autor perfila los escenarios posibles para quienes apuestan por los movimientos sociales asamblearios en lugar de la vía institucional y traza algunas rutas a seguir.

, Secretario de Acción Social de CNT
20/06/15 · 8:00
Una concentración en Pamplona. / Ekinklik

La opción institucionalista ha pasado su primera prueba de fuego con resultados desiguales. No cabe duda que los diferentes Ganemos, Ahoras y Podemos han irrumpido con fuerza en varios escenarios electorales, algunos de ellos clave, pero han quedado lejos de la arrolladora marea en la que parecían confiar sus figuras más mediáticas.

Sí, es verdad que todas en casa nos hemos reído mucho con las bufonadas de Esperanza Aguirre, cada vez más desesperada, pero eso no quita para que PP y PSOE hayan sido las opciones más votadas en la mayor parte del territorio y que de una manera u otra vayan a estar presentes en casi todas las alcaldías y gobiernos autonómicos. Así las cosas, los pronósticos de victoria en las generales de finales de año se vuelven dudosos.
 

Los pronósticos de victoria en las generales de finales de año se vuelven dudosos

Con estos resultados, el panorama que se ha abierto ante los compañeros que han optado por esta vía no es muy halagüeño: entrar en unos imprescindibles pactos postelectorales en el marco de una progresiva disolución del mensaje. Era de esperar. El sistema democrático tiene su propia deriva perversa, un mecanismo que atenaza a sus participantes y los empuja inexorablemente hacia el centro como lugar privilegiado por la masa de votantes. Poco importa que en este espacio político haya dos o cuatro actores, aunque lo habitual es que los modelos parlamentarios acaben por retornar al bipartidismo.

No es fácil creer que toda la gente bienintencionada que se ha implicado en este experimento no se diera cuenta de la más que probable posibilidad de acabar jugando el papel de socio del PPSOE o el de sempiterna oposición folclórica que debe adornar cualquier parlamento. Es decir, acabar apuntalando un sistema puesto en jaque por las movilizaciones hasta hace apenas un año.

Pero, ¿de verdad ha cambiado tanto el PSOE desde 2013 como para pasar de odiado enemigo a socio de coalición?, ¿realmente los institucionalistas pensaban que iban a ganar en todas partes por mayoría absoluta, como para estar por encima de estas componendas tan de la vieja política? Más bien decidieron ignorar doscientos años de historia electoral de la izquierda y abrazar la fe del 'Esta vez sí, ahora es diferente'.

Si hay alguna forma de romper esta dinámica que ha hecho fracasar uno tras otro todos los ensayos institucionales (no pocos en las últimas décadas) ésta tiene que venir de la organización de "la calle". El sistema se tambalea cuando cientos de miles de personas toman las calles o inundan las plazas, como ocurrió hace apenas cuatro años.

Mantener este proceso y profundizarlo no es fácil, lo que puede empujar a compañeros y compañeras a "convertirse" en apóstoles de la apuesta electoral. Sobre todo porque las dinámicas de movilización suelen tener ciclos de vida relativamente cortos y se entiende que la ventana de oportunidad se cierra pronto. Pero no cabe duda de que todos los cambios políticos que se han vivido recientemente en este país (incluyendo el cambio de paradigma que los compañeros de la apuesta institucional han querido explotar) han salido de la calle, de la movilización y de la participación.

No obstante, la desvirtuación de la vía electoralista no es nada de lo que alegrarse. El hecho de que los experimentos institucionales se empantanen en el lodazal parlamentario no otorga la razón a la vía de la acción directa y la movilización. Ni mucho menos. Si acaso la pone frente a un reto aún mayor.
 

Plantear a su vez que la apuesta por la acción directa y la movilización ha fracasado porque no consiguió implantar el comunismo libertario en 2013 es un sinsentido

No sólo habrá que superar las limitaciones que ya se han constatado en la capacidad de actuación de los movimientos sociales asamblearios sino que además habrá que hacerlo en un probable escenario de desánimo y hastío. Quienes apostamos por esta vía tendremos que pensar y debatir mucho, aprender de nuestras propias experiencias recientes y pasadas, afilar nuestros análisis para convertirlos en verdaderas armas por el cambio social.

Después, saber transformarlos en herramientas útiles en nuestras luchas cotidianas y plasmarlas en modelos que permitan la incorporación efectiva de todo aquel o aquella que quiera sumarse a este carro, sin exigirle que deje morir de hambre a sus hijos o familiares dependientes para poder acudir a quince asambleas semanales.

Desde este punto de vista, tenemos que empezar por redefinir los criterios de triunfo y fracaso y dotarnos de parámetros realistas, derivados de nuestro momento histórico. Un partido político que salga a la cancha "a ganar" y a "acabar con el bipartidismo" y termine sustituyendo a IU en coaliciones varias con los de siempre ha fracasado. Para ese viaje no hacen falta esas alforjas.

Plantear a su vez que la apuesta por la acción directa y la movilización ha fracasado porque no consiguió implantar el comunismo libertario en 2013 es un sinsentido. En cambio, sí podemos decir que hemos fallado en mantener el impulso para la construcción de unos movimientos sociales progresivamente más fuertes, incluyentes y autónomos. A partir de esta realidad, tenemos que avanzar.

Esto plantea un objetivo claro e inmediato para quienes seguimos apostando por esta vía: dar un nuevo impulso a los movimientos sociales, según unos criterios que les sean propios. Es decir, fomentar su capacidad de actuación, su relevancia para las vidas cotidianas de sus integrantes, etc. Habrá que ver lo que pasa hasta finales de año pero, independientemente de lo que ocurra con los experimentos electoralistas, el resto aún tenemos mucha tela que cortar.

Los ciclos sociales se miden en años y décadas y nuestra apuesta es a largo plazo, es cierto, pero no por eso podemos dormirnos en unos laureles que, por otro lado, son exiguos. Para empezar, tenemos que poder analizar nuestra experiencia reciente y sacar conclusiones y eso exige tender puentes y abrir debates con todos aquellos que siguen jugando en el campo de la acción directa y la movilización. Y eso en sí ya sería un triunfo objetivo desde nuestros propios criterios, preludio sin duda de otros muchos.

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