15M: el valor práctico de la utopía

Al probar el valor práctico de la utopía, el 15M logró convencernos a muchos de que creer en un mundo mejor no es una cuestión de ficciones vanas sino de habilidad.

, Filósofo
01/05/15 · 8:14

Cuatro años después, frente al desafío de Podemos, los poderes salvajes que maltratan este país han de recordar, con miedo y odio, aquel 15 de mayo en el que los ciudadanos demostramos que, unidos, podemos trocar la resignación individual en alegría compartida, y que, en nuestras manos, la indignación es el combustible del cambio social. Los éxitos materiales del movimiento 15M y sus vástagos son muchos y algún día tendremos que hacer el recuento; yo quiero, con estas líneas, recordar una victoria de distinto género, llamémosla una victoria de la conciencia.

El cinismo es una sustancia que se pega a la boca y añade un peso extra –algo de deshonestidad, algo de cobardía– a cada palabra Cualquiera que tenga exigencias justas y altruistas sobre cómo debería ser el mundo sabe, y lo confirma todos los días, que el cinismo generalizado es el primer obstáculo. El cinismo es una sustancia que se pega a la boca y añade un peso extra –algo de deshonestidad, algo de cobardía– a cada palabra que el contagiado emplea en despreciar toda oportunidad ética que se le ofrece. El cinismo es una costra que usurpa el lugar del lenguaje. El movimiento 15M, exigencia colosal, tuvo que enfrentarse al discurso de toneladas de cinismo osificado en los peores lugares de nuestra sociedad. Mercenarios de la comunicación, políticos profesionales y los consabidos expertos difundían por todas partes la opinión, repetida como un eco en las conversaciones cotidianas, de que los que ocupaban las plazas para celebrar asambleas abiertas no sabían, en realidad, lo que querían. Decían que el 15M no tenía propuestas, sólo gritos, y que, cuando proponía algo, desconocía su alcance y significado, y que, cuando lo conocía, revelaba falta de pragmatismo en llevarlo a la realidad. Como si el sentido de la realidad fuera una propiedad de la lealtad a las interpretaciones recibidas, en vez de una actividad, la de su continua reconsideración crítica.

Se dijo que el 15M era “utópico”. Se quería evocar, con ello, no la altura de miras, sino lo que de inconcluyente y estrafalario anidara en la manera en la que el 15M se condujo y presentó sus ideas: el utópico 15M, extraño a la razón, niño y bárbaro, no hacía planes y creía en fantasmas. Qué error. Los hechos han demostrado lo que ya sabíamos desde el primer momento, que, lejos del dominio de las ilusiones huecas, la celebración de asambleas, el cuidado del otro, la confianza en los poderes de la deliberación y el rigor puesto en la horizontalidad entrañaban una inteligente apuesta estratégica.

Como escribía Íñigo Errejón en su artículo El 15M como discurso contrahegemónico, el éxito incontestable del 15M, no sólo por lo que respecta a la activación de influyentes movimientos sociales de protesta contra la gestión neoliberal de la crisis, sino, ante todo, en cosechar una amplísima aprobación social, radica en su capacidad para proponer, construir y poner de relieve una identidad política transversal a los marcos ideológicos tradicionales. Es decir, la identificación de tanta gente con el espíritu del 15M se debió a que supo señalar de forma convincente su independencia respecto de las etiquetas de “derecha” e “izquierda”, muy desprestigiadas, en favor de la reivindicación de verdades éticas, de principios considerados de sentido común. Fue necesario, para ello, operar una apropiación efectiva de las palabras que encarnan los principios más generales de nuestra concepción política; palabras, conceptos como democracia, pueblo y justicia social fueron expropiadas de manos de los partidos y arrojadas en brazos de sus legítimos propietarios, los ciudadanos. Pero, ¿por qué tuvo éxito esta expropiación y Si se hubiera contenido el espíritu del 15M en un corpus teórico concreto, se lo habría relegado inmediatamente a un marco ideológico previo liberación de las palabras importantes, cuando los partidos políticos tienen una larga tradición y experiencia en ponerles cadenas?

Se trata de una cuestión de fuerza, es decir, de la destreza para sostener una tensión. En este caso, la tensión se daba entre la reivindicación constante de ciertas ideas –fundamentalmente, “democracia” y “pueblo”– y la urgencia por sustanciarlas con contenido programático. El 15M se decidió por postergar lo último, sin llegar a negarlo, en favor de lo primero. Y no es que en las plazas, digámoslo de una vez, escasearan la inteligencia, el análisis y las propuestas concretas.  Como atestiguan la incesante recogida de demandas por distintos cauces y la elaboración de programas de mínimos, el 15M era un pensador nato. Pero, si se hubiera jerarquizado entre demandas, si hubiera cuajado un contenido programático específico como el horizonte de perspectivas del 15M, desplazando el qué al cómo, nunca se habría sumado el esfuerzo de tantas personas que, en el fondo, están de acuerdo. Si se hubiera contenido el espíritu del 15M en un corpus teórico concreto, se lo habría relegado inmediatamente a un marco ideológico previo, se lo habría identificado con demasiada facilidad con las necesidades y aspiraciones de actores políticos institucionales, y, así, se habría echado por tierra la construcción de la identidad transversal.

Las conclusiones caen por sí solas: la celebración de asambleas abiertas fundamentadas en una concepción máxima de la participación en la toma de decisiones y en la compartición de la palabra pública no constituía un paso desviado hacia ninguna parte de un grupo de ingenuos, sino la acertada apuesta estratégica de un intelectual colectivo. Mediante la insistencia en formas asamblearias, el 15M supo representar fielmente sus ideas capitales sin recortarlas para hacerlas caber en un programa electoral, y, así, pudo resignificar las palabras importantes; si hubiera hilado muy fino, en vez de atenerse a un horizonte de máximos, habría visto cómo “democracia” y “pueblo”, a pesar de los usos que les estaba dando, eran arrastrados una vez más al terreno de los poderes que enfrentaba. He aquí, pues, el pragmatismo de la radicalidad. Al probar el valor práctico de la utopía, el 15M logró convencernos a muchos de que creer en un mundo mejor no es una cuestión de ficciones vanas sino de habilidad. Logró, por tanto, una victoria de la conciencia.

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comentarios

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    María Rodríguez
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    Mié, 05/06/2015 - 14:14
    <br type="_moz" />A por el cuarto aniversario: &#39;2015M: No nos amordazarán. La lucha sigue en las calles&#39;. <a href="http://www.mayo2015m.blogspot.com.es/">www.mayo2015m.blogspot.com.es/</a>
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    luis garcía
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    Vie, 05/01/2015 - 14:18
    Los políticos primero decían que manifestarse y acampar en Sol durante el 15M no era la forma de hacer las cosas que se hiciera democráticamente. Cuando se hizo democráticamente y se creó PODEMOS los políticos se rieron de ellos diciendo que no iban a sacar ni un Eurodiputado. Cuando sacaron 5 Eurodiputados esos mismos políticos dijeron que no iban a saber hacerlo y que dejasen a ellos que eran los que sabían gestionar. Mas tarde cuando los políticos vieron peligrar sus escaños comenzaron a boicotear a PODEMOS en los medios y a sacar basura para crear dudas sobre aquellos que pretendían cambiar el sistema, cuando esos mismos políticos tenían mierda a mansalva. Esa es la &quot;democracia&quot; que tenemos en este puto país. &nbsp;