Lecciones de la apuesta municipalista
Entre la urgencia y la importancia

En las últimas semanas en Bilbao hemos asistido al nacimiento de IbaiZabal, iniciativa que ha posibilitado un espacio de confluencia entre Bilbao Irabaziz-Ganemos Bilbao –a su vez confluencia de movimientos sociales, Ezker Anitza-IU, Equo, Alternativa Republicana– y Pode­mos.

, activistas sociales, Bilbao
09/04/15 · 8:00
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En las últimas semanas en Bilbao hemos asistido al nacimiento de IbaiZabal, iniciativa que ha posibilitado un espacio de confluencia entre Bilbao Irabaziz-Ganemos Bilbao –a su vez confluencia de movimientos sociales, Ezker Anitza-IU, Equo, Alternativa Republicana– y Pode­mos. Partiendo de un diagnóstico compartido sobre lo poco deseable –y útil– que sería la presencia de dos iniciativas con el mismo público electoral en la próxima cita de mayo, un grupo de personas a título individual decidió dar un paso al frente y abrió las puertas a la confluencia, al igual que ha ocurrido en otros lugares.

Por supuesto, estos procesos de confluencia que se están dando aquí y allí, desde diferentes contextos y realidades, no son simples. El debate en torno a la relación entre calle e institución se desborda y ya no sólo se trata de cómo afrontar los retos de irrumpir en la esfera institucional, sino que se discute con quién y en qué formato se debe andar el camino. El calendario ha impuesto una tensión entre la urgencia electoral y la importancia de construir un nuevo parasistema político y social más allá de lo hegemónico. No sólo está en juego el poder comenzar a instaurar una gobernanza popular de ámbito municipal, sino la posibilidad de dar pasos hacia un cambio en el pacto social existente, para lo que se hace imprescindible superar ciertas formas y tics. Pero la ‘política de la realidad’ hace que aparezcan resortes de vieja política. Se elevan las tensiones, las ambiciones y las luchas por cuotas de poder en el nuevo escenario.

El caso de Bilbao no está siendo diferente en este sentido, pero además viene acompañado de un contexto específico marcado por la historia de este país: la herencia de un conflicto en el que la cultura política democrática de los movilizados no ha sido un elemento central y una sociedad agotada e históricamente fragmentada que necesita redefinir las concepciones de la participación y reconciliarse con la idea de conflicto en términos políticos. Además, a diferencia del resto del Estado, somos testigos de un proceso de desmovilización generalizada que viene acompañando la vuelta de la izquierda abertzale a la política formal; de la evidencia de que el hecho de estar en la institución, e incluso en el poder, no supone necesariamente grandes cambios en la realidad, y, por supuesto, del papelón de otros partidos de la izquierda institucional en los últimos años, marcados por corruptelas, seguidismos a partidos de la derecha, broncas internas, escisiones y demás. Partidos que se han cruzado en la formulación de los espacios de la nueva política en el País Vasco en general y en Bilbao en concreto.

Dosis de imaginación

Por todo ello, la construcción de escenarios alternativos reales y de confluencia no es nada sencilla. La creación de nuevos modelos y experiencias de participación capaces de transformar nuestras relaciones, nuestros hábitos y nuestras formas de hacer política más allá de nosotras es algo que ya de por sí es muy complicado, donde se requieren dosis de imaginación, de trabajo conjunto y de valentía política nada comunes.

IbaiZabal ha abierto una oportunidad para que sea así. Ha supuesto un paso atrás para volver a andar camino. Se va tarde, pero el calendario de primarias se ha retrasado en pos de una construcción más compartida, en la que quepan todos. Y es que se debe tener especial atención sobre los procedimientos que se están diseñando, siendo conscientes de que, de no ser empleados con cuidado, alimentan lógicas antagónicas a los procesos que se tienen entre manos, como son la competición, el enfrentamiento y la división.
IbaiZabal está exigiendo generosidad, voluntad de explorar nuevos caminos y de confiar en nuevos mecanismos y estructuras que nos reconfiguran a todos. No cabe duda de que habitan viejos esquemas y miedos, pero también ilusión. Ha quedado claro, lo que une es la voluntad de transformar Bilbao. Que­da por ver cómo se andará este tramo del camino, y si finalmente lo urgente nos quitará lo importante.

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