Encuentros con la ‘política real’

Hace unos meses la discusión social sobre cómo superar la indiferencia y oídos sordos del Gobierno y del mando neoliberal a las exigencias populares, se decantó, al menos para una parte de la sociedad civil, por una apuesta electoral e institucional sin, con ello, querer perder los contenidos esenciales exigidos en las calles. De ahí Podemos o las apuestas municipalistas –las CUP, los Ganemos, la Marea Atlántica...–... Hoy, cuando la palabra de moda es confluencia y tras meses de convivencia con la real politik, ¿cómo han quedado esos impulsos? Aprovechamos para cartografiar la realidad de esas apuestas.

, De Ganemos Valladolid
13/03/15 · 8:00
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Si aceptáramos que uno de los rasgos que definen la calidad de una democracia es la relación entre representantes y representados, podríamos calificar la del sistema político español como una relación de maltrato. Como en toda situación de maltrato, los ciudadanos y ciudadanas hemos sido invisibilizados, ninguneados, engañados, violentados y sometidos a una suerte de leyes, acciones y comportamientos destinados exclusivamente a separarnos de la vida política, de las decisiones importantes. Nos han mentido con sus programas, nos han robado dinero público, nos han silenciado con multas y nos han ninguneado rechazándonos como interlocutores en el diálogo.

Ahogados

A la ruptura violenta del pacto entre representantes y representados debemos añadir otra clave para entender nuestra relación con la política real, y es la intervención de los partidos en el ahogamiento del tejido social y participativo de las ciudades. Fue otro ‘éxito’ de la Transición. En algunos casos, y más en ciudades pequeñas, las asociaciones no son más que apéndices de partidos políticos, domesticadas y preparadas para ocupar y controlar cualquier brote de acción incipiente que surja. Llevan años haciéndolo. Hasta que nació el 15M, el ‘no’ como acto político y principio de cambio relacional.

Nadie puede esperar que el déficit democrático que tenemos pueda ser superado en un año por ningún Ganemos ni por ningún Podemos. Estamos comprobando hasta qué punto habitan en no­sotros mismos los viejos esquemas y la vieja política patriarcal, y lo hemos visto en la dificultad que se ha dado a la hora de construir espacios de protagonismo ciudadano, con una especie de necesidad aún de ser tutelados.

Éste será un año intenso. Que­remos que los cambios se materialicen en un ineludible proceso constituyente

Hemos experimentado también la presión ejercida por algunos partidos para renovar su imagen, teniendo que asumir los ciudadanos un papel de mediación y de equilibrio en unos casos y de determinación y decisión en otros, que sin duda recordaremos siempre con cansancio y dureza.

La decisión de Podemos de impulsar o apoyar algunas candidaturas ciudadanas abre un camino de posibilidad para activar procesos democráticos en los ámbitos más cercanos. Aun así, el éxito de estas apuestas no lo vamos a ver ahora, ni se definirá en función de cuántos o qué partidos estén participando dentro de un experimento. El éxito vendrá de la creación de nuevos modelos y experiencias de participación capaces de transformar nuestras relaciones, nuestros hábitos y nuestras formas de hacer política más allá de nosotras.

Nuevo marco relacional

Éste será un año intenso. Que­remos que los cambios se materialicen en un ineludible proceso constituyente. Necesitamos un nuevo marco relacional. Debemos abrir grietas presionando desde lo municipal, lo autonómico y lo estatal, desde arriba y desde abajo. Es cierto cuando decimos que nos va la vida en ello.

Quizá por esa potencia que supuso el ‘no’ como punto de inicio hacia el ‘sí’ en el que ahora nos encontramos, recuerdo una frase de Pablo Iglesias en el encuentro de Vistalegre: “Puede que ofrezcan la presidencia del Gobierno a cambio de pactos, que seduzcan a alcaldes de Podemos a cambio de pactos, y la diferencia es que, a lo mejor, nosotros decimos no”.

No lo sabemos. Ahora mismo sólo tengo la certeza de que nuestra violencia, en un sentido de arrojo, de ímpetu y de fuerza contra el maltrato de la vieja política, es existir. Existir en todas partes. Sin miedo. Existir. Hacer y equivocarnos. Y, por supuesto, con el ‘no’ guardado en la mochila por si hubiera que volver a sacarlo.

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