Sobre la idea de antagonismo

Con la irrupción de Pode­mos y Ganemos se han despertado alarmas sobre cómo gestionar la relación entre movimientos y una futurible presencia institucional.

, participantes de Ganemos Madrid
02/10/14 · 8:00
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Con la irrupción de Pode­mos y la presentación de distintas candidaturas municipalistas bajo el nombre de Ganemos, se han despertado algunas alarmas en torno a cómo gestionar la relación entre los movimientos y una futurible presencia institucional. En este debate se manejan dos grandes posiciones.

En primer lugar, tendríamos una postura movimentista que defiende la no participación en el ámbito electoral-institucional. En esta posición se encuentran aquellas personas que piensan que corremos el peligro de repetir episodios similares a los sucedidos con Los Verdes alemanes o con el Partido Socialista en España. Esto es, un rápido proceso de trasvase y descapitalización de fuerzas e inteligencia de parte de los movimientos hacia las estructuras de representación y su subordinación a una estrategia de poder.

Obliga a dejar de mirar exclusivamente hacia abajo y a pensar en cambios por arriba, del sistema en su conjunto

En segundo lugar están aquellas que se decantan por la apuesta institucional. Su hipótesis es que las luchas y reivindicaciones de los últimos años se inscriben dentro de un proceso constituyente abierto de par en par –crisis del Régimen del 78–. Desconfianza del sistema de representación que lleva a que una nueva mayoría abandone las urnas o dirija su voto hacia nuevas opciones electorales.

Ambas posturas están ahora mismo en liza, aunque también es cierto que los datos de participación en las candidaturas –Podemos y Ganemos– indican un amplio interés en esta vía. En cualquier caso, creemos que para afrontar este debate deberíamos contar con algunas consideraciones.

1. Una nueva idea de movimiento. El 15M vino para cambiarlo todo, vertebrando el espíritu de una revolución democrática. Ante eso, los movimientos están obligados a reconocer que hemos salido ya de un contexto de minorías activas, pasándose a una fase de amplia politización de la sociedad. Este hecho obliga a dejar de mirar exclusivamente hacia abajo y a pensar en cambios por arriba, del sistema en su conjunto.

2. Movimientos e instituciones no corren en paralelo. De la primera consideración se cae otro mito y es que las reivindicaciones y sus victorias se pueden construir al margen del devenir institucional, como si instituciones y movimientos corrieran en paralelo. Creemos que ahora la hipótesis es la contraria, pues lo que suceda en el ámbito institucional va a ser determinante para los movimientos. El oxígeno que llegue a la sociedad y a los movimientos va a ser mayor cuanto mayor sea la apertura por arriba, mientras que el escenario contrario podría hacer aflorar el cansancio y posiciones resistencialistas.

3. El sano antagonismo. Sin embargo, hay un peligro que se detecta siempre bien desde los movimientos y que debemos saber conjurar. Es el principio de representación. De algún modo las posiciones institucionales nunca van a ser la representación de nada, sino una expresión más, una función dentro de algo mucho más grande. Es importante saber que esta función no está jerárquicamente encima de lo que sucede en la sociedad, sino que está al lado, en red y como una más. Este lugar que debe ocupar ‘lo institucional’ es clave para no entender el asalto institucional como una mera oportunidad de poder que subordine o someta al clientelismo a los movimientos. Razones que hacen obligatorio que se mantenga una sana tensión antagónica entre movimientos y partidos/instituciones. Antagonismo que se debe basar en la fiscalización, el control y la exigencia.

4. La necesaria defensa de la organización política. Pero estos sistemas de control y su principio antagónico no pueden ser efectivos sin formas organizativas fuertes y democráticas en lo social y en lo político. Formas organizativas capaces de construir movimientos que asuman el antagonismo movimientos-par­tidos/institu­ciones, donde no ­todo se basa en la confianza y la colaboración, sino donde prima el control político desde abajo. Antago­nismo y organización permitirán que los movimientos y la ciudadanía demuestren si los nuevos actores institucionales cumplen o no con su discurso democratizador.

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comentarios

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    Jue, 10/02/2014 - 23:32
    Parece interesante la perspectiva de concentrar fuerzas locales en las municipales, ya que es allí que pueden realizarse formas de vida compartida que vayan cambiando las relaciones humanas y de ellas con la naturaleza, de esa manera el candidato municipal lleva no sólo la propuesta asamblearia, sino las nuevas relaciones económicas, culturales, pedagógicas y sanitarias, entre otras, al debate municipal institucional, esto es simultanear el cambio material en los barrios, localidades y comunas con las actividades del representante electo al municipio, cuya principal labor no reside en el manejo dentro de la institucionalidad, que hay que hacerlo, sino en la movilidad de un lugar a otro juntando gente y promoviendo las nuevas maneras de vivir en común, lo que permitirá en las siguientes elecciones llevarlo de alcalde junto a otros concejales territoriales, es decir uno por localidad o barrio dentro de la comuna, o uno por varios barrios, sin dispersar, de modo que sería pertinente llevar sólo la mitad del número total del municipio. Al ser teritoriales facilita el cuerpo a cuerpo, sin importar que lo diga o no la ley, eso es cosa de nuestra propaganda y organización por abajo.
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